MICROBIOTA Y SALUD INTEGRAL:
DEL EQUILIBRIO A LA ENFERMEDAD
HUMAN MICROBIOTA AND INTEGRAL HEALTH:
FROM HOMEOSTASIS TO DISEASE
Stephany Young Yusty
Universidad de Panamá
pág. 8885
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i3.25011
Microbiota y Salud Integral: Del Equilibrio a la Enfermedad
Stephany Young Yusty1
stephany.young@up.ac.pa
https://orcid.org/0009-0001-4637-2796
Universidad de Panamá, Facultad de Medicina,
Departamento de Microbiología Humana
Panamá
RESUMEN
La microbiota humana constituye uno de los sistemas biológicos más complejos e influyentes en la salud
del hospedero. Su composición filogenética varía según el sitio anatómico y se modula por factores
intrínsecos y extrínsecos a lo largo de toda la vida. El equilibrio entre eubiosis y disbiosis determina en
gran medida la integridad inmunológica, metabólica y neurológica del individuo. Esta revisión integra
la evidencia científica más actualizada sobre la composición, desarrollo y modulación de la microbiota
humana, así como sus interacciones con el sistema inmunológico, la inflamación crónica y el eje
microbiota-intestino-cerebro. Se discuten mecanismos moleculares subyacentes a enfermedades
metabólicas, autoinmunes, neurodegenerativas y psiquiátricas, y se analizan intervenciones terapéuticas
emergentes como los psicobióticos. La comprensión integral de este ecosistema microbiano es
fundamental para el desarrollo de estrategias diagnósticas y terapéuticas de nueva generación.
Palabras clave: microbiota humana, disbiosis, eubiosis, eje intestino-cerebro, enfermedades
metabólicas
1
Autor principal.
Correspondencia: stephany.young@up.ac.pa
pág. 8886
Human Microbiota and Integral Health: From Homeostasis to Disease
ABSTRACT
The human microbiota constitutes one of the most complex and influential biological systems in host
health. Its phylogenetic composition varies according to anatomical site and is regulated by intrinsic and
extrinsic factors throughout the lifespan. The balance between eubiosis and dysbiosis largely determines
the immunological, metabolic, and neurological integrity of the individual. This review integrates up-
to-date scientific evidence on the composition, development, and modulation of the human microbiota,
as well as its interactions with the immune system, chronic inflammation, and the microbiota-gut-brain
axis. Molecular mechanisms underlying metabolic, autoimmune, neurodegenerative, and psychiatric
diseases are discussed, and emerging therapeutic interventions such as psychobiotics are analyzed. A
comprehensive understanding of this microbial ecosystem is fundamental to the development of next-
generation diagnostic and therapeutic strategies.
Keywords: human microbiota, dysbiosis, eubiosis, gut-brain axis, metabolic diseases
Artículo recibido 15 mayo 2026
Aceptado para publicación: 20 junio 2026
pág. 8887
INTRODUCCIÓN
El ser humano no es, desde un punto de vista biológico, un organismo individual. Cada superficie
corporal accesible al entorno externo está colonizada por comunidades microbianas que superan en
número a las células eucariotas del propio hospedero (Winter & Bäumler, 2023; Zheng et al., 2020).
Esta coexistencia, forjada a lo largo de millones de años de coevolución, definen un metaorganismo en
el que los microorganismos residentes contribuyen activamente a funciones fisiológicas esenciales:
desde la síntesis de vitaminas y la fermentación de fibras dietéticas, hasta el entrenamiento del sistema
inmunológico y la regulación del eje neuroendocrino (Safarchi et al., 2025; Winter & Bäumler, 2023).
La microbiota intestinal ha sido reconocida como un verdadero "órgano metabólico", capaz de sintetizar
vitaminas, biotransformar ácidos biliares y fermentar polisacáridos no digeribles (O’Hara & Shanahan,
2006). La publicación de los resultados del Human Microbiome Project (HMP) en 2012, que caracterizó
la diversidad microbiana en 18 sitios anatómicos en adultos sanos, estableció la referencia compositiva
y funcional necesaria para comprender las desviaciones patológicas (Human Microbiome Project
Consortium, 2012a, 2012b).
El equilibrio de este ecosistema, denominado eubiosis, se caracteriza por alta diversidad, estabilidad y
resiliencia ante perturbaciones (Zerón, 2025). Su alteración, la disbiosis, comprende la pérdida de
taxones beneficiosos, la expansión de patobiontes y la reducción de productores de metabolitos
protectores como los ácidos grasos de cadena corta (AGCC) (Ney et al., 2023). La disbiosis no opera
únicamente como consecuencia de la enfermedad, sino que actúa como mecanismo promotor activo de
patología sistémica, con patrones reproducibles en enfermedades metabólicas, autoinmunes y
neuropsiquiátricas (Winter & Bäumler, 2023). Un eje de creciente relevancia traslacional es el eje
microbiota-intestino-cerebro, un sistema de comunicación bidireccional que integra señales neurales
(nervio vago), endocrinas (eje hipotálamo-hipófisis-adrenal) e inmunológicas (citocinas circulantes)
entre el ecosistema intestinal y el sistema nervioso central (Cryan et al., 2019; Li et al., 2026). En este
contexto, los psicobióticos, definidos por Dinan, Stanton y Cryan (2013) como microorganismos vivos
que producen beneficios en la salud mental al ser ingeridos en cantidades adecuadas, emergen como una
intervención terapéutica prometedora con respaldo creciente en ensayos clínicos aleatorizados (Dinan
et al., 2013; Mosquera et al., 2024).
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La presente revisión reúne y analiza de manera organizada la evidencia disponible sobre la microbiota
humana y su papel en la salud integral. Se abordan sus características compositivas y ecológicas, así
como su relación con diversas condiciones clínicas, incluyendo enfermedades metabólicas,
autoinmunes, neurológicas y psiquiátricas, destacando además las posibles estrategias terapéuticas
orientadas a su modulación.
METODOLOGÍA
La presente investigación constituye una revisión narrativa de alcance cuya estrategia de búsqueda,
selección y reporte de fuentes se adhiere a los principios de la declaración PRISMA 2020 y su extensión
para revisiones de alcance. La búsqueda bibliográfica se realizó de forma sistemática en bases de datos
indexadas: PubMed/MEDLINE, Scopus, Web of Science Core Collection. Se emplearon términos
MeSH controlados "gut microbiota", "microbiome", "dysbiosis", "gut-brain axis", "psychobiotics",
entre otros, combinados con operadores booleanos (AND, OR, NOT) y términos libres en campos de
título y resumen [tiab], organizados en cinco módulos temáticos correspondientes a las secciones del
manuscrito. El período de búsqueda abarcó enero de 2010 a mayo de 2026, con énfasis prioritario en
20192026; se incluyeron artículos seminales anteriores a este período cuando su relevancia fundacional
lo justificó. Los criterios de inclusión contemplaron: artículos originales, revisiones sistemáticas y
metaanálisis publicados en revistas con revisión por pares, con DOI verificado, disponibles en inglés o
español, que abordaran directamente la composición, diversidad, modulación o función de la microbiota
humana en los ejes temáticos definidos; se aceptaron modelos animales únicamente cuando aportaron
evidencia mecanística no disponible en estudios humanos. Se excluyeron preprints (bioRxiv, medRxiv),
literatura gris, estudios exclusivamente in vitro sin relevancia clínica demostrada y artículos sin DOI o
no indexados en las bases consultadas.
La Microbiota Humana: Composición, Diversidad y Anatomía del Ecosistema Microbiano
La precisión terminológica es fundamental en este campo. El término microbiota designa el conjunto de
microorganismos (bacterias, arqueas, hongos, virus y protistas) que habitan un nicho ecológico definido
(Marchesi & Ravel, 2015). El microbioma, en cambio, hace referencia al hábitat completo, incluyendo
los microorganismos, sus genomas y las condiciones ambientales del entorno, es decir, los factores
bióticos y abióticos del ecosistema (Marchesi & Ravel, 2015). El metagenoma corresponde
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específicamente al conjunto de todos los genomas de los microorganismos que conforman una
microbiota, obtenidos mediante secuenciación shotgun (Marchesi & Ravel, 2015). Estas distinciones no
son meramente semánticas: determinan el tipo de metodología empleada y la interpretación de los
resultados. En investigación basada en 16S rRNA, el término correcto es microbiota (análisis
taxonómico), mientras que el estudio funcional completo del ecosistema requiere metagenómica
(metagenoma) (Marchesi & Ravel, 2015; Qian et al., 2020).
La microbiota humana exhibe una arquitectura filogenética altamente especializada según el nicho
anatómico (Figura 1):
Microbiota intestinal: Es la más diversa y abundante, albergando aproximadamente 10¹³
microorganismos y más de 1,000 especies bacterianas. Los filos dominantes son Firmicutes (incluyendo
Lachnospiraceae, Ruminococcaceae) y Bacteroidetes (fundamentalmente Bacteroides y Prevotella),
seguidos de Actinobacteriota (Bifidobacterium) y Proteobacteria. Existen marcados gradientes
longitudinales, con el colon siendo el sector de mayor densidad microbiana (Alali & Shori, 2026;
Kasarello et al., 2023).
Microbiota oral: Predominan Streptococcus, Veillonella, Fusobacterium y Prevotella, siendo la
segunda microbiota más diversa del cuerpo humano. Su desequilibrio se asocia con periodontitis y, por
vía sistémica, con enfermedades cardiovasculares y endocarditis (Afzaal et al., 2022).
Microbiota cutánea: Dominada por Staphylococcus, Corynebacterium, Cutibacterium acnes y
Malassezia spp. Su composición varía según la humedad, temperatura y pH de cada zona corporal (Byrd
et al., 2018).
Microbiota vaginal: En mujeres en edad reproductiva está dominada por Lactobacillus spp. (L.
crispatus, L. iners, L. jensenii), que mantienen un pH ácido protector. Durante la menopausia, el
descenso estrogénico reduce esta dominancia de Lactobacillus y eleva el pH vaginal, favoreciendo la
proliferación de bacterias anaerobias y el riesgo de disbiosis (Ovalle, 2025; Zhai et al., 2025).
Microbiota del tracto respiratorio: Las vías respiratorias superiores albergan una microbiota residente
cuyos géneros dominantes incluyen Moraxella, Streptococcus, Haemophilus, Dolosigranulum y
Corynebacterium, con variaciones según el segmento anatómico (nasofaringe, orofaringe, laringe) (Man
et al., 2017; Yi et al., 2014). A diferencia de la microbiota intestinal o cutánea, el tracto respiratorio
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inferior posee una densidad bacteriana marcadamente menor (Man et al., 2017).
La composición de la microbiota es la huella digital biológica más variable entre individuos. Los
determinantes incluyen factores genéticos del hospedero, modo de nacimiento, lactancia, dieta, uso de
antimicrobianos, nivel socioeconómico, exposición ambiental, edad y estado de salud (Safarchi et al.,
2025). Las variaciones en el microbioma del 16S rRNA muestran que los factores ambientales y
dietéticos son más influyentes que la genética en la mayoría de los individuos adultos (Rosenberg, 2024;
Safarchi et al., 2025).
Figura 1. Distribución anatómica y características ecológicas de la microbiota humana en los
principales nichos corporales.
Eubiosis, Disbiosis y Homeostasis
La eubiosis se define como un estado de equilibrio compositivo y funcional de la microbiota,
caracterizado por alta diversidad, estabilidad y resiliencia ante perturbaciones (Zerón, 2025). La
disbiosis representa su alteración: puede involucrar pérdida de diversidad, expansión de taxones
oportunistas o patobiontes y/o reducción de productores de metabolitos beneficiosos como los ácidos
grasos de cadena corta (AGCC) (Winter & Bäumler, 2023). Desde una perspectiva ecológica
contemporánea, la disbiosis puede entenderse como un debilitamiento de las funciones del hospedero
que controlan la disponibilidad de recursos que gobiernan el crecimiento microbiano, particularmente
mediante la disponibilidad de aceptores de electrones respiratorios (Safarchi et al., 2025; Winter &
Bäumler, 2023)
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La Microbiota como Órgano Metabólico
La microbiota intestinal cumple funciones metabólicas que justifican su conceptualización como un
órgano accesorio: sintetiza vitaminas del complejo B y vitamina K, biotransforma ácidos biliares,
produce AGCC (acetato, propionato y butirato) a partir de la fermentación de polisacáridos no
digeribles, y metaboliza xenobióticos y fármacos (Li et al., 2026; Ney et al., 2023). El butirato, en
particular, es la principal fuente de energía para los colonocitos y actúa como inhibidor de histona
deacetilasas (HDAC), modulando la expresión génica en células epiteliales e inmunes (O’Riordan et al.,
2022). Estos metabolitos actúan como señales moleculares de largo alcance que coordinan funciones
sistémicas: regulación glucémica, sensibilidad a la insulina, integridad de la barrera intestinal y
modulación del eje neuroendocrino (Afzaal et al., 2022).
Colonización, Desarrollo y Factores Moduladores a lo Largo de la Vida
Durante décadas se asumió que el feto se desarrollaba en un ambiente estéril. Evidencia reciente sugiere
la existencia de una microbiota placentaria de baja biomasa, aunque este punto permanece en debate
metodológico (Coscia et al., 2021). Lo que sí está claramente establecido es que la colonización masiva
ocurre en el período perinatal, siendo el modo de nacimiento el factor determinante más relevante
(Bautista & López-Cortés, 2025; Coscia et al., 2021). Los neonatos nacidos por parto vaginal adquieren
comunidades microbianas provenientes de la vagina, el tracto gastrointestinal y el periné materno,
siendo colonizados preferentemente por Lactobacillus, Bacteroides y Bifidobacterium (Coscia et al.,
2021). En contraste, los nacidos por cesárea son colonizados por microorganismos del entorno
hospitalario y la piel materna (Staphylococcus, Corynebacterium, Propionibacterium), con riqueza y
diversidad microbiana inicial reducidas (Coscia et al., 2021). Estudios longitudinales han demostrado
que el efecto del modo de nacimiento sobre la microbiota puede persistir hasta los cuatro años de edad,
con implicaciones para la maduración inmunológica y el riesgo de enfermedades inflamatorias (Bautista
& López-Cortés, 2025; Fouhy et al., 2019).
La lactancia materna representa el segundo gran determinante perinatal (Bautista & López-Cortés,
2025). La leche humana contiene oligosacáridos (HMO) que funcionan como prebióticos selectivos para
Bifidobacterium, IgA secretora y microorganismos viables como B. breve y Lactobacillus plantarum,
transmitidos directamente al lactante (Bautista & López-Cortés, 2025). Los infantes amamantados
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presentan una microbiota inicialmente menos diversa pero enriquecida en Bifidobacterium, con
propiedades antiinflamatorias e inmunomoduladoras superiores respecto a lactantes alimentados con
fórmula (Bautista & López-Cortés, 2025).
Microbiota en la Infancia, Adolescencia y Adultez
La microbiota infantil sufre una diversificación progresiva con la introducción de alimentos sólidos,
convergiendo hacia un patrón adulto entre los 2-3 años de vida (Coscia et al., 2021). La adolescencia
introduce modulaciones adicionales vinculadas a cambios hormonales, dietéticos y de estilo de vida
(Safarchi et al., 2025). En la adultez se alcanza una relativa estabilidad compositiva, aunque con alta
variabilidad interindividual y sensibilidad constante a la dieta, el estrés y el uso de medicamentos
(Coscia et al., 2021; Safarchi et al., 2025).
Microbiota durante el Embarazo, la Menopausia y el Envejecimiento
El embarazo induce cambios significativos en la microbiota intestinal y vaginal que son fisiológicamente
adaptativos. La microbiota vaginal durante la gestación incrementa la dominancia de Lactobacillus para
proteger el tracto genital y reducir el riesgo de parto prematuro (Xie et al., 2025). La menopausia,
mediada por el descenso de estrógenos, provoca una reducción de Lactobacillus vaginal, el aumento del
pH y la proliferación de anaerobios, elevando el riesgo de vaginosis bacteriana e infecciones urinarias
recurrentes (Ovalle, 2025; Wu et al., 2021). A nivel intestinal, la senescencia se asocia con una
disminución progresiva de la diversidad microbiana, reducción de productores de AGCC y aumento de
taxones proinflamatorios, lo que contribuye a la "inflammaging" (inflamación crónica de bajo grado
asociada al envejecimiento) (Barron, 2025). Paradójicamente, estudios en centenarios han mostrado
microbiomas más diversos, con enriquecimiento de clostridios productores de AGCC, sugiriendo que la
resiliencia de la microbiota es un marcador de longevidad saludable (Deng et al., 2019).
Antibióticos, Dieta y Estilo de Vida
Los antibióticos son los moduladores negativos más potentes de la microbiota. Su uso induce disbiosis
aguda con reducción drástica de la diversidad y proliferación de patobiontes como Clostridioides
difficile, y en algunos individuos los efectos pueden persistir meses o incluso años, generando lo que se
denomina "disbiosis estable" (Safarchi et al., 2025). La dieta es el principal modulador positivo: una
dieta rica en fibra fermentable (frutas, verduras, leguminosas) promueve la producción de AGCC y
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favorece la diversidad microbiana, mientras que las dietas occidentalizadas (hipercalóricas,
ultraprocesadas, con bajo contenido en fibra) se asocian con disbiosis y reducción de Faecalibacterium
prausnitzii, un indicador clave de eubiosis (Barron, 2025; Safarchi et al., 2025). El ejercicio, el sueño y
el estrés psicosocial también modulan la composición microbiana a través del eje hipotálamo-hipófisis-
adrenal (HPA, por sus siglas en inglés) (Barron, 2025; Safarchi et al., 2025).
Tabla 1. Factores Moduladores de la Microbiota a lo Largo de la Vida: Efectos sobre Composición,
Diversidad y Salud. Principales moduladores de la microbiota humana, su mecanismo de acción
predominante y las implicaciones clínicas.
Factor Modulador
Efecto sobre la Microbiota
Taxones
Principalmente
Afectados
Magnitud del
Efecto
Parto vaginal
(Fouhy et al., 2019)
Colonización por microbiota
materna vaginal y fecal;
establece base diversa desde
el nacimiento.
Lactobacillus,
Bifidobacterium,
Bacteroides
Alta (efecto persiste
hasta 4 años)
Lactancia materna
(Bautista & López-
Cortés, 2025)
Los HMO actúan como
prebióticos selectivos;
transfiere microbios viables e
IgA secretora.
Bifidobacterium
breve, B. longum,
Lactobacillus
Alta; microbiota más
antiinflamatoria vs.
fórmula
Dieta alta en fibra
(Slavin, 2013)
Substrato fermentable para
productores de AGCC;
aumenta butirato y
propionato.
Ruminococcus,
Lachnospiraceae,
Faecalibacterium
Moderada-alta
Ejercicio físico
regular
(Slavin, 2013)
Aumenta la diversidad α;
favorece productores de
AGCC; reduce motilidad
intestinal anómala.
Lachnospiraceae,
Akkermansia
muciniphila;
Proteobacteria
Moderada; mayor
efecto en ejercicio
aeróbico sostenido
Probióticos
(Lactobacillus,
Bifidobacterium)
(Éliás et al., 2026)
Mejoran síntomas clínicos;
modulan inmunidad local; no
aumentan significativamente
α-div en sanos.
colonización
transitoria de cepas
administradas
Baja-moderada en
individuos sanos;
mayor en disbiosis
Prebióticos (FOS,
inulina)
(Asad et al., 2025;
Gibson et al., 2017)
Fermentación selectiva de
microorganismos
beneficiosos; aumento de
AGCC.
Bifidobacterium,
Lactobacillus,
Roseburia
Moderada; dosis-
dependiente
Antibióticos de
amplio espectro
(Palleja et al., 2018;
Ramirez et al., 2020)
Reducción aguda y severa de
diversidad; disrupción de
comunidades establecidas;
selección de resistencias.
Bifidobacterium,
Lactobacillus,
Faecalibacterium; ↑ C.
difficile, Candida
Muy alta;
recuperación
incompleta en meses
o años
Cesárea
(Bautista & López-
Cortés, 2025)
Privación de microbiota
vaginal materna; exposición
a microbiota hospitalaria
Bifidobacterium,
Bacteroides;
Staphylococcus,
Corynebacterium
Alta en los primeros
2 años; riesgo de
alergias y EII
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Estrés crónico
(J. Xu & Lu, 2025)
Activación del eje HPA;
cortisol altera motilidad
intestinal, pH y secreción de
IgA
Lactobacillus,
Bifidobacterium;
Proteobacteria
Moderada; ciclo
bidireccional con eje
MGB
Envejecimiento
(>65 años)
(Barron, 2025; Wu
et al., 2021)
Reducción progresiva de
diversidad; dysbiosis
inflamatoria; reducción
AGCC ("inflammaging")
Bifidobacterium,
Faecalibacterium,
Akkermansia;
Enterobacteriaceae,
Proteobacteria
Alta; correlaciona
con fragilidad y
mortalidad
Menopausia
(Ovalle, 2025; Zhai
et al., 2025)
Descenso estrogénico
glucógeno epitelial
sustrato para Lactobacillus
L. crispatus, L. iners;
Gardnerella,
anaerobios
Alta a nivel vaginal;
moderada a nivel
intestinal
Microbiota e Inmunidad: Entrenamiento, Tolerancia y Defensa
La microbiota es imprescindible para el desarrollo y la maduración funcional del sistema inmunológico.
Estudios en animales libres de gérmenes (germ-free) han demostrado que la ausencia de microbiota
conlleva alteraciones graves en la arquitectura de los tejidos linfoides secundarios, deficiencia en la
producción de IgA secretora y polarización anómala de las respuestas T hacia fenotipos Th2 (Zhao &
Elson, 2018). En el intestino, la microbiota modula la diferenciación de células T CD4+ hacia
subpoblaciones funcionalmente distintas: ciertos microorganismos comensales como Clostridium spp.
promueven la generación de células T reguladoras (Treg) y la producción de IL-10, favoreciendo la
tolerancia y la homeostasis; mientras que otros, como las bacterias filamentosas segmentadas
(segmented filamentous bacteria, SFB), inducen células Th17 con rol en la defensa antiinfecciosa (Zhao
& Elson, 2018; Zheng et al., 2020).
Las células dendríticas de la lámina propia, junto con los macrófagos intestinales, captan antígenos
microbianos y modulan la respuesta inmunológica de forma específica según el patrón molecular del
microorganismo (Wang et al., 2019). Los receptores tipo Toll (TLR) y NOD reconocen PAMPs
(pathogen-associated molecular patterns) microbianos, activando vías de señalización que resultan en
respuestas inflamatorias calibradas o en tolerancia, dependiendo del contexto ecológico de la microbiota
(Heidari et al., 2024). La ventana temporal perinatal es crítica para el establecimiento de la tolerancia
inmunológica hacia los comensales. Los primeros colonizadores actúan como "pioneros" que modulan
la expresión de receptores y condicionan la respuesta a colonizaciones posteriores, un proceso de
impronta microbiana con consecuencias a largo plazo (Fouhy et al., 2019). La IgA secretora producida
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en la mucosa intestinal recubre selectivamente bacterias comensales, regulando su composición y
previniendo su translocación sistémica (Shao et al., 2023; Zhao & Elson, 2018). Perturbaciones en este
sistema de tolerancia como la disbiosis neonatal asociada a cesárea o exposición temprana a
antibióticos se han correlacionado con mayor riesgo de enfermedades alérgicas, asma, enfermedad
inflamatoria intestinal (EII) y diabetes tipo 1 (Coscia et al., 2021; Fouhy et al., 2019; Shao et al., 2023).
La microbiota también interactúa con el sistema inmune innato a través de los AGCC: el butirato y el
propionato inhiben la producción de citocinas proinflamatorias (TNF-α, IL-6, IL-12) en macrófagos y
células dendríticas, en parte por su acción como inhibidores de HDAC (Ney et al., 2023). Este
mecanismo epigenético constituye uno de los puentes moleculares más relevantes entre la composición
microbiana, el metabolismo y la regulación inmunológica sistémica (Li et al., 2026).
Disbiosis, Inflamación Crónica y Enfermedad Sistémica
La disbiosis activa un conjunto de cascadas inflamatorias que pueden sostenerse en el tiempo y derivar
en patología sistémica. El mecanismo central involucra la translocación de componentes bacterianos,
principalmente el lipopolisacárido (LPS) de bacterias Gram-negativas, a través de una barrera intestinal
comprometida hacia la circulación portal y sistémica (Mishra et al., 2025). Una vez en circulación, el
LPS activa el receptor TLR4 en macrófagos, células dendríticas y células endoteliales, desencadenando
la producción de citocinas proinflamatorias (TNF-α, IL-1β, IL-6) y activando el factor NF-κB, que
perpetúa un estado de inflamación crónica de bajo grado conocido como "endotoxemia metabólica"
(Macura et al., 2024; Mishra et al., 2025).
Disbiosis y Síndrome de Intestino Permeable
La integridad de la barrera epitelial intestinal depende de la expresión y organización de proteínas de
unión estrecha (tight junctions), incluyendo ocludinas, claudinas y la proteína ZO-1 (zonula occludens-
1) (Crudele et al., 2023; Mishra et al., 2025). En condiciones de disbiosis, la reducción de AGCC
disminuye el aporte energético a los colonocitos y debilita la expresión de proteínas de unión estrecha
(Mishra et al., 2025). Simultáneamente, el aumento de LPS y otros PAMPs activa la zonulina, un
regulador fisiológico de la permeabilidad paracelular cuya sobrexpresión perpetúa la apertura de las
uniones estrechas y favorece la translocación microbiana. Este ciclo vicioso (disbiosis → daño epitelial
inflamación mayor disbiosis) subyace a la patogenia de múltiples enfermedades crónicas (Crudele
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et al., 2023; Macura et al., 2024; Mishra et al., 2025).
Microbiota en Enfermedades Metabólicas
La relación entre microbiota y obesidad está mediada por al menos tres mecanismos principales: (1)
mayor extracción de energía de la dieta por parte de microorganismos fermentadores; (2) modulación
de hormonas metabólicas como el péptido GLP-1, PYY y grelina; y (3) inducción de inflamación crónica
de bajo grado a través del LPS que genera resistencia a la insulina (Mishra et al., 2025; Sasidharan Pillai
et al., 2024; Scheithauer et al., 2020). Estudios en ratones germ-free han demostrado que el trasplante
de microbiota de ratones obesos induce ganancia de peso en receptores delgados, estableciendo una
relación causal (Bergentall et al., 2025). En diabetes tipo 2, la disbiosis se caracteriza por reducción de
Akkermansia muciniphila y bacterias productoras de butirato, con enriquecimiento de taxones
proinflamatorios; la restauración de A. muciniphila se ha asociado con mejora de la sensibilidad
insulínica y reducción de marcadores de permeabilidad intestinal (Crudele et al., 2023; Iqbal et al., 2025;
Sasidharan Pillai et al., 2024).
Microbiota e Inflamación Crónica en Enfermedades Autoinmunes y Neoplásicas
La disbiosis puede quebrar los mecanismos de tolerancia central y periférica, predisponiendo al
desarrollo de enfermedades autoinmunes como lupus eritematoso sistémico (LES), artritis reumatoide
(AR), esclerosis múltiple (EM) y síndrome de Sjögren (Baindara & Mandal, 2024; Shibi Anilkumar et
al., 2025). La microbiota regula el balance Treg/Th17, y su alteración desencadena respuestas
autoinmunes por mimetismo molecular o por activación de células efectoras previamente tolerizadas
(Simpson et al., 2023). En oncología, la microbiota modula la inmunidad antitumoral y la respuesta a
inmunoterapia: estudios en pacientes con melanoma y cáncer de pulmón han demostrado que la
composición de la microbiota intestinal predice la respuesta a inhibidores de puntos de control
inmunológico (anti-PD-1/PD-L1), y que el trasplante de microbiota de respondedores puede sensibilizar
a pacientes no respondedores (Shibi Anilkumar et al., 2025; Simpson et al., 2023).
El Papel de los Metabolitos Microbianos en la Inflamación Sistémica
Los AGCC (butirato, propionato, acetato) son los principales metabolitos antiinflamatorios derivados
de la microbiota (Iqbal et al., 2025). Actúan sobre receptores acoplados a proteína G (GPR41, GPR43,
GPR109a) en células inmunes y epiteliales, inhibiendo la diferenciación de macrófagos M1
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proinflamatorios, estimulando la generación de Treg y modulando la síntesis de citocinas (Z. Xu et al.,
2025). Contrariamente, el metabolismo alterado del triptófano durante la disbiosis desvía su catabolismo
hacia la vía de la quinurenina, en detrimento de la síntesis de serotonina, promoviendo neuroinflamación
e inmunosupresión (Li et al., 2026). Los ácidos biliares secundarios producidos por la microbiota
modulan el receptor farnesoide X (FXR) y TGR5, con efectos en el metabolismo lipídico, la regulación
glucémica y la integridad de la barrera intestinal (Crudele et al., 2023).
El Eje Microbiota-Intestino-Cerebro: Neurología, Salud Mental y Conducta
El eje microbiota-intestino-cerebro (MGB, por sus siglas en inglés) constituye una red de comunicación
bidireccional que integra señales neuronales, endocrinas e inmunológicas entre el sistema nervioso
central (SNC), el sistema nervioso entérico (SNE) y las comunidades microbianas intestinales (Nakhal
et al., 2024). Las tres vías principales de comunicación son: (1) vía neural, mediante el nervio vago (par
craneal X), que transmite señales aferentes desde el intestino al tronco encefálico y es el canal más
rápido de comunicación; (2) vía endocrina, a través de la liberación de hormonas intestinales (GLP-1,
PYY, serotonina) y el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HPA); y (3) vía inmune, mediante citocinas
circulantes y PAMPs que influyen en la función microglial y la neuroinflamación (Cryan et al., 2019).
El nervio vago detecta señales microbianas, incluyendo AGCC e indicadores de la presencia de
microorganismos específicos, transmitiendo información sobre el estado del microbioma directamente
al SNC (Doenyas et al., 2025; Kasarello et al., 2023).
Neurotransmisores de Origen Microbiano y su Impacto en el SNC
La microbiota intestinal produce o regula la síntesis de una amplia gama de neurotransmisores
identificados en el SNC (Li et al., 2026). Aproximadamente el 90% de la serotonina corporal se sintetiza
en el intestino, proceso regulado por células enteroendocrinas estimuladas por AGCC producidos por la
microbiota (Cryan et al., 2019). Su desequilibrio en contextos de disbiosis puede traducirse en
alteraciones del estado de ánimo y cognición. El ácido gamma-aminobutírico (GABA), principal
neurotransmisor inhibitorio del SNC, también es modulado por la microbiota: bacterias como
Clostridium butyricum y cepas de Lactobacillus modulan genes relacionados con la síntesis de GABA
en células epiteliales intestinales, y experimentos en modelos murinos han demostrado que la
suplementación con estas cepas aumenta los niveles cerebrales de GABA y reduce conductas ansiosas
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(Braga et al., 2024; Li et al., 2026; J. Xu & Lu, 2025). El metabolismo del triptófano hacia la vía
serotoninérgica versus la quinurenínica es otro punto crítico de regulación microbiana sobre la función
neurológica y el estado de ánimo (Xia & Huang, 2025).
Microbiota y Trastornos del Estado de Ánimo: Ansiedad y Depresión
La evidencia acumulada establece una asociación consistente entre la disbiosis intestinal y los trastornos
del estado de ánimo (Niazi et al., 2023). En pacientes con trastorno depresivo mayor (TDM) se observa
sistemáticamente reducción de Lactobacillus, Bifidobacterium y Faecalibacterium prausnitzii, con
aumento de bacterias proinflamatorias (Gao et al., 2023). Los mecanismos implicados incluyen:
activación del eje HPA con hipercortisolemia sostenida que genera daño neuronal; reducción de BDNF
(factor neurotrófico derivado del cerebro) por disminución de la producción de butirato; desequilibrio
serotoninérgico por reducción de su síntesis intestinal y aumento de la degradación por MAO-A; y
neuroinflamación sistémica mediada por LPS y citocinas. En individuos con trastornos de ansiedad, la
disbiosis se asocia con niveles elevados de MAO-A que aceleran la degradación de serotonina,
reduciendo su disponibilidad central (Bertollo et al., 2025; Niazi et al., 2023; Su & Xia, 2026). La
comunicación bidireccional implica también que el estrés crónico, a través del eje HPA y el sistema
nervioso autónomo, modifica la composición de la microbiota, generando un ciclo patogénico de
retroalimentación positiva entre disbiosis y psicopatología (Bertollo et al., 2025; Rusch et al., 2023).
Microbiota y Enfermedades Neurodegenerativas: Parkinson y Alzheimer
Las enfermedades neurodegenerativas comparten una característica emergente: la implicación del eje
MGB en su patogenia (Loh et al., 2024). En la enfermedad de Parkinson (EP), existe evidencia sólida
de que la disbiosis precede a las manifestaciones motoras en años: el estreñimiento, uno de los síntomas
no motores más precoces de la EP, se asocia con alteraciones microbianas que favorecen la agregación
de α-sinucleína en el sistema nervioso entérico, la cual podría propagarse retrógradamente al SNC por
el nervio vago según la "hipótesis de Braak" (Y. Chen et al., 2024; Salinas-Velarde et al., 2025;
Takahashi et al., 2025; Xiang et al., 2024). Estudios en modelos murinos han establecido causalidad al
demostrar que el trasplante de microbiota de pacientes con EP induce déficits motores y activación
microglial en ratones receptores (Sampson et al., 2016). En la enfermedad de Alzheimer (EA), la
disbiosis contribuye mediante mecanismos epigenéticos y de neuroinflamación: los metabolitos
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microbianos alteran la integridad de la barrera hematoencefálica, facilitan la acumulación de β-amiloide
y tau fosforilada, y promueven la activación crónica de la microglía (Missiego-Beltrán & Beltrán-
Velasco, 2024; Parker et al., 2020). La reducción de AGCC intestinales, disponibles para modular la
microglía vía receptores GPR109a, compromete las funciones homeostáticas de la microglia y facilita
el establecimiento de fenotipos neuroinflamatorios (Loh et al., 2024; Nohesara et al., 2024).
Psicobióticos como Intervención Terapéutica Emergente
El término psicobiótico designa a microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas,
producen beneficios en la salud de pacientes con trastornos psiquiátricos (González Vázquez et al.,
2026). Revisiones sistemáticas de ensayos clínicos aleatorizados revelan que las cepas de Lactobacillus
y Bifidobacterium constituyen las más estudiadas, con resultados favorables principalmente en la
reducción de síntomas depresivos y ansiosos en dosis superiores a 10⁹ UFC/día durante períodos de 8 a
24 semanas (Mosquera et al., 2024; Sisubalan et al., 2026). Una revisión sistemática de 51 ensayos
clínicos aleatorizados (n = 3,353 participantes) encontró una eficacia notablemente consistente en el
tratamiento de ntomas depresivos, aunque con variabilidad en los resultados atribuible a la
heterogeneidad de las formulaciones, las poblaciones estudiadas y la duración del tratamiento
(Mosquera et al., 2024). Mecanísticamente, los psicobióticos modulan la producción de metabolitos
neuroactivos (AGCC, serotonina, GABA), reducen biomarcadores de inflamación sistémica (PCR, IL-
6) y atenúan la hiperactividad del eje HPA (Mosquera et al., 2024; Sisubalan et al., 2026). A pesar de
estos avances, persisten limitaciones metodológicas importantes: ausencia de estandarización en las
cepas utilizadas, escasez de estudios en poblaciones geriátricas y limitada comprensión de la duración
óptima del tratamiento para mantener la eubiosis intestinal (Mosquera et al., 2024).
CONCLUSIONES
La microbiota humana ha emergido como un actor central en la fisiología y la patología humanas, cuya
manipulación terapéutica representa una de las fronteras más prometedoras de la biomedicina. La
comprensión de los mecanismos moleculares que vinculan la disbiosis con enfermedades metabólicas,
inmunomediadas y neurológicas sienta las bases para estrategias de intervención personalizadas. El
trasplante de microbiota fecal (FMT) representa actualmente la intervención más radical, con eficacia
demostrada en la infección recurrente por C. difficile y en estudio para múltiples patologías. Los
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probióticos de siguiente generación (como A. muciniphila o F. prausnitzii) y los postbióticos
(metabolitos microbianos purificados) se presentan como alternativas terapéuticas con mayor
especificidad y seguridad. No obstante, la interpretación de la causalidad sigue siendo un desafío
importante: la mayoría de las asociaciones documentadas son de naturaleza correlacional, y la
heterogeneidad metodológica entre estudios limita la reproducibilidad y generalización de los hallazgos.
La integración de metagenómica, metabolómica y proteómica junto con datos clínicos longitudinales,
bajo marcos de medicina de precisión, constituye una estrategia prometedora para desentrañar la
complejidad del ecosistema microbiano y sus determinantes de salud y enfermedad.
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