LA ALFABETIZACIÓN MEDIÁTICA COMO
ESTRATEGIA CONTRA LA VIOLENCIA
INVISIBLE EN LOS MEDIOS DE
COMUNICACIÓN
MEDIA LITERACY AS A STRATEGY AGAINST INVISIBLE
VIOLENCE IN THE MEDIA
Rogelia Guillermina Lorente Adame
Universidad de Guadalajara, Jalisco.

pág. 617
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i4.25059
La alfabetización mediática como estrategia contra la violencia invisible en
los medios de comunicación
Rogelia Guillermina Lorente Adame1
rogelialorente@proton.me
rogelia.lorente@academicos.udg.mx
https://orcid.org/0000-0002-3086-9343
Departamento de Ecología y Recursos Naturales, Centro
Universitario de la Costa Sur, Universidad de Guadalajara,
Jalisco.
México
RESUMEN
La violencia invisible se transmite de manera imperceptible a través de diversos medios. A partir de un
análisis de metadatos se analizan aspectos de una alfabetización mediática contra la violencia invisible,
organizados en los siguientes temas: violencia patriarcal como construcciones sociales, violencia
institucional en la academia contemporánea, análisis sobre alfabetización mediática, regímenes de
visibilidad: los medios como fuente del “no-lugar” para las mujeres, violencia simbólica, algoritmos:
nueva arquitectura de la violencia invisible, violencias digitales emergentes, estéticas mediáticas:
violencia como objeto de consumo emocional, violencia epistémica: silenciar y desacreditar el
conocimiento de las mujeres, alfabetización mediática feminista: un proyecto político para transformar
la percepción social. Las Redes de transformaciones colectivas basadas en igualdad, erigen nuevas
formas de vida social.
Palabras clave: Alfabetización mediática, violencia invisible; medios de comunicación.
1 Autor principal
Correspondencia: rogelialorente@proton.me

pág. 618
Media literacy as a strategy against invisible violence in the media
ABSTRACT
Invisible violence is transmitted imperceptibly through various media. Based on an analysis of
metadata, this paper analyses aspects of media literacy versus visible violence, organized into the
following themes: patriarchal violence in the media and society; institutional violence in contemporary
academia; analysis of media literacy; visibility regimes: the media as a source of the “non-place” for
women, symbolic violence, algorithms: new architecture of visible violence, emerging digital violence
media aesthetics: violence as abject and emotional consumption, epistemic violence: silencing and
discrediting women´s knowledge: feminist media literacy. This is a political project to transform social
perception. Networks of collective transformation based on equality are creating new forms of social
life.
Keywords: Media literacy; invisible violence; mass media
Artículo recibido 20 mayo 2026
Aceptado para publicación: 20 junio 2026

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INTRODUCCIÓN
La sociedad, como un sistema organizado de valores, conocimientos y prácticas socialmente
legitimadas, figuran como un núcleo paternal (1), este núcleo es donde se concentran los significados
que adquieren un carácter incuestionable con principios universales (2); estos valores paternalistas se
naturalizan hasta el punto de parecer parte de un orden inherente, casi biológico, lo que complica su
problematización y establece su permanencia en el tiempo (3). Tal "naturalidad" no es neutral ni
espontánea, funciona como un medio de hegemonía simbólica que reproduce jerarquías (4). Es en este
contexto la violencia simbólica que adquiere su valor especial, no aparece como una agresión física que
actúa a través de percepciones, significados y marcos de referencia mentales, es donde la violencia no
se impone, se aprende (5). Este tipo de violencia es difícil de discernir a través de prácticas discursivas
y hábitos institucionales, no sólo porque está codificada en el mundo cotidiano y asumido como
normalidad (6). Su larga duración se atribuye al hecho que las estructuras de dominación no operan
desde fuera, sino que se inculcan en el pensamiento aprendido y las orientaciones, produciendo así
formas de consentimiento implícito que no responden a una elección consciente, sino que se desarrollan
a través de un trabajo de socialización duradero e injusto, por eso muchas veces no se identifica como
violencia (7). Puede justificarse como sentido común, como tradición o como una forma legítima de
organizar la vida social, y este es exactamente el mismo carácter invisible que asegura su efectividad,
no se registra como una imposición, ni genera resistencia explícita o confrontaciones directas, el silencio
es parte de su eficacia (8), de hecho, funciona como un mecanismo tácito de reconstitución de un orden
simbólico que refuerza los criterios que delinean quién está en la cúspide de la legitimidad social y quién
es forzado a los márgenes (9); así, la violencia simbólica no solo ayuda a perpetuar los órdenes y
estructuras de poder prevalecientes, sino que también constituye una especie de apariencia en forma de
normalidad, predestinación e incluso una forma esencial de la estabilidad del sistema social, que oculta
el carácter históricamente impuesto (10).
Este artículo se sitúa dentro de los estudios contemporáneos de la comunicación y propone una lectura
de la violencia en general contra cualquier individuo, y no puede tratarse a un nivel de simples
incidentes, sino más bien como un proceso organizado que se perpetúa deliberada e inconscientemente
a través de las redes políticas, educativas y sociales (11). La persistencia de estas dinámicas destaca la

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necesidad de educar a la población sobre la existencia del sistema patriarcal y los mecanismos a través
de los cuales opera, ya que solo desde el reconocimiento crítico de estas estructuras, es posible reducir
de manera sostenible la normalización de la violencia a lo largo del tiempo (12). En este marco, se
desarrolló un enfoque metacrítico que permite determinar temas y brechas recurrentes en la literatura,
que pueden servir como puntos de referencia para diseñar intervenciones de alfabetización mediática
destinadas a prevenir y visibilizar la violencia en todos los niveles educativos y entornos sociales;
reconociendo que la alfabetización mediática son todas aquellas competencias que permiten crear y
promover contenidos para transformar la información en conocimiento, utilizando todos los medios
digitales existentes.
MÉTODOS
Para garantizar que la información con la cual se diseñó el presente documento fuese específica,
relevante y actualizada, se definieron criterios estrictos de inclusión y exclusión, de este modo, se evitó
la dispersión temática dada la naturaleza del estudio. En primer lugar, fueron seleccionados únicamente
los trabajos que vinculan de forma explícita la alfabetización mediática con la violencia sutil, simbólica
o ideológica en los medios, se exentó toda investigación centrada exclusivamente en violencia física o
criminal, el propósito no es medir el impacto psicológico de contenidos explícitos, sino analizar cómo
se decodifican los discursos y sesgos normalizados que exigen una postura crítica por parte del
espectador. En esta misma línea, se priorizaron las publicaciones orientadas al desarrollo del
pensamiento crítico y la recepción activa. En cuanto al marco temporal, se limitó la búsqueda a los
últimos 26 años, este periodo idóneo debido a la profunda transformación del ecosistema mediático
actual, dominado por la cultura del algoritmo, la desinformación digital y las nuevas dinámicas de las
redes sociales, escenarios donde las formas de violencia invisible se han sofisticado notablemente,
finalmente, para asegurar el rigor científico y la calidad metodológica de la evidencia, la selección se
limitó a artículos que hubiesen superado una evaluación por pares (peer-review) en las bases de datos
digitales en español e inglés como Latindex, Carhus Plus+, REDIB, Scopus y Web of Science; por lo
tanto, se omitieron resúmenes de congresos, informes y demás literatura gris.

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RESULTADOS
Violencia patriarcal como construcciones sociales
Generalmente se cree en las narrativas históricas que la violencia facilitada por hombres en el hogar se
limita específicamente a las relaciones de pareja heterosexuales (13). Esa perspectiva, por atractiva que
sea, en realidad recorta el problema y lo fija a una sola imagen: la escena del hogar o la de la intimidad.
La violencia patriarcal es mucho más amplia que eso, de hecho; no son solo golpes, insultos o agresiones
directas, sino también formas de acción a través de gestos, discursos y toma de decisiones que limitan
el actuar de algunos individuos —mujeres y personas socialmente desprotegidas, específicamente—
(14), y que a su vez sucede de la misma manera en cualquier entorno.
En este sentido, los medios de comunicación son en sí mismos uno de los principales elementos del
engranaje, no solo muestran contenido, definen enemigos imaginarios y estereotipos muy arraigados en
la cotidianeidad, pues muestran una forma de sexualización, infantilización o burla hacia lo femenino,
y no solo están distrayendo, sino que están apoyando una estructura cultural que ya está allí y es
mantenida por muchas instituciones (15). El problema no es solo lo que aparece en la pantalla, como
una forma visible de cómo se ve, sino que enfatiza cuando está en otros escenarios tales como
espectaculares en edificios, anuncios o letreros en escuelas y empresas, silenciosamente, se mantienen
prácticas que persisten y sirven para reproducir la desigualdad, la exclusión y diferentes formas de
opresión (16).
En el creciente número de redes sociales—Snapchat®, Facebook®, TikTok® o X®—esas
dinámicas no solo permanecen, sino que se convierten en parte de la rutina diaria. Para muchas mujeres,
entrar en estas plataformas significa ser sometidas a acoso, hipersexualización y comentarios
deshumanizantes sobre ellas en segundos, que luego trasciendan a audiencias internacionales (17,18).
Este consumo continuo con el tiempo normaliza la violencia. El abuso es aceptado y luego entretejido
en la sociedad, tan ampliamente normalizado que es difícil identificarlo como violencia, cuando todo
parece normal, la violencia ya hizo su trabajo.
El eje fundamental es la invisibilidad, al analizar más de 32,000 horas de televisión y radio, Doukhan y
sus colaboradores en 2024 (18), muestran un desequilibrio sistemático tanto en quién aparece como en
quién habla. Golovchenko y sus colegas en el 2023 (19), encuentran un patrón paralelo en las redes, las

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mujeres en política reciben hasta un 66% menos de cobertura que sus homólogos masculinos, incluso
cuando realizan las mismas actividades. Cuando el interés se traslada a contextos geopolíticos, la
tendencia empeora aún más, las mujeres no solo sufren los embates de las guerras o crisis, sino que
también son sujetos sin voz, convertidas en figuras nulas y abstractas (20); es aquí donde el tipo de
violencia simbólica se hace más difícil de evaluar porque es silenciosa, no grita, sino que susurra, a nivel
legal, se revela la ambigüedad aún cuando las leyes hablan de igualdad en el papel, en la práctica la
igualdad no siempre se logra con su implementación, de esta manera, la interpretación de las
instituciones a menudo relega los derechos de las mujeres a un estatus de “segundo lugar” (21).
El choque entre la libertad de expresión y la igualdad de género presenta un debate permanente, la
libertad del individuo para expresarse es la protección del proceso democrático que se sirve al sustentar
una opinión pública informada (22), desafortunadamente, este valor ha sido interpretado para suprimir
llamados a una igualdad genuina, alegando que, si se exigieran términos justos, esto privaría a las
personas de la libertad de comunicarse (12). Desde un punto de vista legal, esta tensión nunca debería
existir, en la práctica persiste como una justificación para la desigualdad, la cual no es jurídica, sino
política. En este sentido las instituciones de educación, no pueden ser solo espectadoras, tienen el deber
—y la obligación— de luchar contra la discriminación, lo que significa no solo ofrecer charlas, sino
implementar reglas éticas que faciliten una producción mediática más justa e igualitaria (21).
Por otra parte, la alfabetización mediática con conciencia de género se convierte en un elemento central,
proporciona la capacidad de percibir las comunicaciones desde un punto de vista crítico, y de reconocer
el sesgo y cómo construir sus propias historias. Para que esta alfabetización no sea más que buenas
intenciones, la colaboración real debe ser obligatoria entre las instituciones públicas, educativas,
culturales, además de los sectores sociales (22). Al final, es imposible que cualquier política pública
sea suficiente si no se requiere el cumplimiento y ajuste de las regulaciones actuales. Los medios hacen
servicio público y deben hacerlo de manera responsable. En este sentido, deben implementarse
mecanismos de sanción, también estrategias de capacitación para transformar las prácticas desde
adentro. Solo con una ciudadanía crítica, instituciones cohesionadas y medios responsables será posible
enfrentar la violencia simbólica patriarcal y desmantelar las estructuras que la permiten (12).

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A. Violencia institucional en la academia contemporánea como un tipo complejo de dominación
Gran parte de lo que sabemos hoy sobre la violencia —sus formas, impactos y consecuencias para la
vida de las mujeres y personas vulnerables— existe gracias al trabajo que diversas feministas han
llevado a cabo durante décadas (23). No es un pensamiento lineal y homogéneo, sino un tejido complejo
con conocimientos, disciplinas y experiencias entrelazadas que han sido construidas entre activistas,
investigadoras, docentes, políticas, técnicas y profesionales de lugares y contextos muy diferentes (24).
Una parte importante de ese conocimiento proviene de las historias de las propias mujeres que
experimentaron violencia en sus relaciones y decidieron contarlo (25), sin embargo, cuando nos
dirigimos a la academia —ese espacio que pretende ser neutral, meritocrático y racional— surge una
paradoja, la desigualdad y la violencia no desaparecen, sino que se transforman, volviéndose más sutiles,
casi imperceptibles, pero igualmente dañinas, la neutralidad académica también puede violentar.
Estudios recientes muestran cómo la violencia universitaria ocurre no solo en agresiones explícitas, sino
también en silencios institucionales, dinámicas de exclusión, redes jerárquicas y mecanismos que
deterioran las condiciones laborales y la salud emocional, especialmente entre quienes ocupan
posiciones desfavorecidas (26,16,10). Esa violencia no siempre estalla de golpe, muchas veces se infiltra
en la rutina. La incertidumbre al entregar avances, proyectos o planes a personas con autoridad —
autoridad que a veces ejerce hostigamiento pasivo, exclusión o un trato humillante— genera una
ansiedad constante que termina desgastando el entusiasmo por el trabajo (4,27). El cuerpo lo nota antes
que la mente, el ambiente se transforma en un entorno tóxico emocionalmente, desgastándose el aspecto
anímico, hasta transformarse en enfermedades ligadas al estrés (5), cuando estos síntomas aparecen, el
entorno laboral responde con burla o con negación, se ridiculiza la experiencia, se usa la sintomatología
como excusa para retrasar trámites, negar permisos o bloquear convocatorias (23). La violencia
institucional también se expresa de formas aparentemente “técnicas”, como la exclusión de cuerpos
colegiados o administrativos—aún se cuente con las competencias y requisitos requeridos para el
puesto— incurriendo en nepotismo, sin considerar en el ámbito académico, las tesis modificadas sin
autorización, artículos evaluados con comentarios anónimos ofensivos, sospechas sobre incapacidades
médicas, o el simple gesto de no saludar ni mirar a alguien en el pasillo, como si no existiera, además
de ser violencia emocional también es considerada violencia por omisión (7).

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La desigualdad social —ya maliciosa por clase, género, edad, origen o etnicidad— encuentra en la
universidad un terreno fértil para reactivarse bajo lógicas aparentemente normales. Investigaciones
recientes muestran que las condiciones de precarización, temporalidad, competitividad y la cultura del
rendimiento intensifican estas violencias (14,9). Allí, donde el valor profesional se mide en
publicaciones, fondos ganados y horas invisibles de trabajo, las jerarquías se convierten en herramientas
de control simbólico y quienes están en los márgenes —estudiantes becarios, investigadoras jóvenes,
personal temporal, académicos racializados— son quienes cargan con el peso más duro (8,27). Además,
la violencia no siempre llega “desde arriba”, también circula entre pares e incluso puede ser ejercida por
mujeres que, al insertarse en estructuras patriarcales, reproducen los mismos patrones de poder que
algún día las oprimieron. Como señalan Martínez-Palacios y Castañeda (2023) (7), la violencia
académica opera como un entramado donde múltiples actores y distintos niveles institucionales,
participan —a veces sin darse cuenta— de prácticas que son excluyentes.
La digitalización del trabajo universitario ha abierto nuevos frentes, correos electrónicos con tono
humillante, la expectativa de estar disponible las veinticuatro horas, evaluadores anónimos que pueden
destruir una trayectoria, liderazgos que deciden a quién se escucha y a quién se borra, todo ello conforma
un régimen de violencia simbólica que se presenta como “crítica académica objetiva” o “procedimientos
administrativos”, cuando en realidad oculta mecanismos de exclusión (9). Por eso, comprender la
violencia en la academia exige mirar más allá del evento aislado o del caso extremo, requiere reconocer
que estas dinámicas se insertan en la vida diaria, afectan el cuerpo, la salud, la voz y el futuro profesional
de individuo (23). La teoría feminista nos ofrece herramientas para nombrar lo que se intenta normalizar,
para visibilizar lo que se espera que permanezca callado, si no es así seguirá actuando, silenciosa y
devastadora mientras no se apliquen cambios radicales para eliminar estos patrones (16).
B. Violencia simbólica: los medios enseñan a entender la violencia
Los medios no solo muestran la violencia, sino que la normalizan de manera cotidiana. La violencia
simbólica funciona como parte de la cultura, enseñando emocionalmente cómo interpretar los eventos,
a veces a través del humor, otras veces por medio del sensacionalismo, el formato de crimen verdadero,
que narra eventos delictivos como entretenimiento, o la repetición insistente que desgasta la sensibilidad.
(3,4,15). En otras palabras, la violencia deja de ser algo difícil de creer y se convierte en algo

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"comprensible", incluso tolerable. Para entender esta dimensión, uno debe comprender cómo ocurren
estas modulaciones, la idea que la violencia ajusta su tono, intensidad y significado según el género
mediático en el que aparece. Una alfabetización con perspectiva feminista tendría que enseñar cómo
detectar estas modulaciones, porque detectar la violencia no es solo identificar un golpe, una amenaza
o un insulto, sino reconocer el marco emocional que nos dice cómo sentirla o percibirla (17,9,14,7,
30,29)
C. Algoritmos: la nueva arquitectura de la violencia invisible
Es investigado por diversos autores que la violencia incluye no solo lo que ocurre en las redes sociales,
sino también las estructuras o formatos que deciden quién aparece y quién no (18). Los algoritmos, en
otras palabras, clasifican a los creadores, amplifican discursos y expulsan discretamente a mujeres y
grupos vulnerables de los espacios digitales (19). Es un proceso automático, es la propia arquitectura de
las plataformas, ante esto es esencial saber cómo funcionan los algoritmos, cómo operan las plataformas,
cómo circula el odio, quién se beneficia de la viralidad y quién termina perdiendo visibilidad (31). Una
alfabetización mediática feminista debe incluir este nivel político-técnico de comprensión, lo automatico
tambien es politico (16, 20,17, 28,12).
D. Violencias digitales emergentes: hostigamiento, disciplinamiento y castigo social
El espacio digital se ha convertido en campo de experimentación para nuevas formas de agresión, como
es el acoso sistemático, la difamación, el hostigamiento constante, las amenazas performativas y el
silenciamiento colectivo son herramientas de castigo (31,12); estas señalan implícitamente quién puede
hablar y quién debe permanecer en silencio (32). En este escenario, se propone el concepto de
pedagogías egocentritas, pues la idea de que la violencia digital funciona como lecciones punitivas, a
través del castigo, enseñan a las mujeres qué comportamientos son "admitidos" y cuáles deben relegarse
al ámbito privado. La alfabetización responsable debe preparar a las audiencias para reconocer esta
disciplina y confrontarla (19, 29,16,17,15).
E. Estéticas mediáticas: la violencia como objeto de consumo emocional
Los medios convierten la violencia en un producto afectivo y comercializable, la violencia se transforma
en espectáculo, melodrama o moralización superficial, materiales que permiten consumir tragedias sin
detenerse a pensar en su estructura (17,30,15,4). De este análisis surge la idea de las economías afectivas,

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del como se señala una industria mediática que gana capital emocional con likes, audiencias,
interacciones, y explotando la sensibilidad y la vulnerabilidad de las personas (3,20). Una alfabetización
feminista tendría que enseñar cómo rastrear estas economías y preguntar quién monetiza el dolor (28,
29).
F. Violencia epistémica: silenciar y desacreditar el conocimiento de las mujeres
La violencia epistémica, no se trata solo de silenciar las voces de las mujeres, sino que menosprecia sus
formas de conocimiento (8,29); así, el conocimiento producido por las mujeres se considera secundario,
emocional o anecdótico, mientras que el canon androcéntrico mantiene su legitimidad (7), por lo tanto,
postulamos el concepto de una epistemología crítica de la visibilidad, como un medio que puede
identificar qué conocimiento puede salir a la superficie y cuál el es vetado sistemáticamente (9), esta
dimensión solo puede integrarse en la alfabetización mediática si se restaura una verdadera pluralidad
de epistemologías (14,19, 28).
G. Alfabetización mediática feminista: un proyecto político para transformar la percepcion social
Para contrarrestar la violencia contemporánea se requiere una alfabetización que vaya más allá de
enseñar la verificación de datos o detección de noticias falsas, los medios operan a través de sesgos
algorítmicos, narrativas patriarcales y silenciamiento sistemático (28). Se propone un modelo de
alfabetización mediática feminista de cuarta generación (AMF4G), que articula cuatro pilares: análisis
crítico de algoritmos, identificación de violencia visible e invisible, lectura de silencios y ausencias
mediáticas, y desmantelamiento de narrativas patriarcales naturalizadas (4,31,29,8,15). La
alfabetización feminista, por lo tanto, no es un ejercicio técnico, es un proyecto social destinado a
transformar la conciencia y desafiar el significado de lo que es visible (17,19,18).
DISCUSIÓN
La principal contribución de este trabajo es la articulación del concepto de alfabetización mediática
feminista de cuarta generación (AMF4G), entendida como un proyecto político-educativo orientado a
desnaturalizar la violencia simbólica visible e invisible.
Regímenes de visibilidad: los medios como fuente del “no-lugar” para las mujeres
En diversos artículos se concluye que los medios construyen la presencia de las mujeres de manera
desigual, no es solo que aparezcan menos, sino cómo aparecen, es decir, los medios suelen centrarse en

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el cuerpo, el sensacionalismo y el espectáculo, y se concibe como un “no-lugar”, es decir las mujeres
están presentes, pero no existen plenamente dentro del espacio, aparecen, sin embargo, no se les permite
apropiarse de la conversación de manera significativa (3, 28,8). Es necesario comprender este fenómeno
en tiempos contemporáneos, la invisibilidad femenina es un proceso donde el silenciamiento en sí
mismo no es un acto único ni una censura frontal, sino que se articula a través de varias capas o estratos
y donde se priorizan ciertos contenidos, narrativas que moldean la percepción y jerarquías internas sobre
quién habla y quién queda fuera (17,20). Detectar la invisibilidad permite analizar no solo lo que es
representado por los medios, sino también lo que los medios eligen repetida y consistentemente de no
mostrar. La alfabetización mediática feminista desde este punto de vista, no solo debe enseñar a “leer”
imágenes y titulares, se necesita entrenar el pensamiento crítico para identificar dónde ocurre la
ausencia. La invisibilidad nunca es una coincidencia, es un diseño que reproduce, adapta y sostiene una
distribución desigual de valor y voz, la invisibilidad nunca es inocente (19, 29,18, 30,14).
CONCLUSIONES
Es fundamental deconstruir las prácticas de violencia machista, teóricamente, políticamente y
educativamente, estos actos de violencia no surgen de la nada, están arraigados en una cultura patriarcal
que históricamente ha despreciado a las mujeres y las ha mantenido en posiciones subordinadas.
Desnaturalizar la violencia simbólica implica visibilizar las formas en que se reproduce desde el habitus,
la educación, los medios de comunicación y las prácticas institucionales, y se requiere transformar las
condiciones sociales y culturales que la sostienen, nombrar la violencia es el primer acto de
desobediencia.
La alfabetización mediática con enfoque de género, la implementación de códigos y directrices
editoriales, y el fortalecimiento de los mecanismos de protección y sanción institucionales forman un
conjunto de acciones complementarias necesarias para enfrentar la violencia simbólica patriarcal.
De manera similar, es absolutamente necesario fomentar procesos de educación crítica dentro de las
instituciones de educación, organizaciones feministas y académicas, para cuestionar a fondo la
reproducción de jerarquías internas y evitar que las luchas emancipadoras sean socavadas por prácticas
excluyentes.
Solo a través de transformaciones colectivas, estructurales y sostenidas será posible construir otras

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formas de vida social basadas en la igualdad y el reconocimiento verdadero de la igualdad de las
personas.
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