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equilibrio entre la persona, Dios, la naturaleza y las relaciones sociales; y el enfermar es interpretado
bajo redes simbólicas que conectan lo físico con lo metafísico. Mientras los sectores católicos integran
libremente misas de salud, agua bendita y rezos con la consulta al curandero o al médico, los sectores
evangélicos recurren a la "sanidad divina" (oración e imposición de manos), rechazando al terapeuta
folclórico, pero manteniendo una causalidad espiritual de la dolencia.
Las prácticas terapéuticas observadas muestran un claro escenario de pluralismo médico. La población
no establece una oposición entre medicina científica y medicina tradicional; por el contrario, ambas son
utilizadas de manera complementaria según la naturaleza del padecimiento. Así, el tratamiento
biomédico suele combinarse con el uso de plantas medicinales, limpias, rezos, agua bendita, misas de
salud y la consulta a curanderos, parteras o hierbateros. Este comportamiento confirma que la búsqueda
de atención responde a itinerarios terapéuticos flexibles, donde distintos sistemas médicos coexisten y
se articulan de acuerdo con las necesidades del paciente. En términos de Menéndez (2003), la población
desarrolla estrategias de atención que integran el modelo biomédico con saberes tradicionales, mientras
que Laplantine (1999) sostiene que la enfermedad adquiere significado dentro de una red de relaciones
entre individuo, comunidad y mundo sobrenatural.
4.2.2. Concepciones sobre el origen de la enfermedad: El 81% atribuye la enfermedad a factores
externos y relacionales. El 64% apunta a desequilibrios térmicos del ambiente (frío/calor/humedad), lo
que devela la vigencia del modelo humoral andino de equilibrio corporal. En este modelo, la enfermedad
aparece cuando se rompe la armonía entre el organismo y el ambiente, interpretación que continúa
vigente en poblaciones urbano-populares con fuerte influencia cultural andina.
Asimismo, un 10% y 7% explican los padecimientos a través de categorías culturalmente definidas
mágico-religiosas como el "susto", el "daño" (brujería) (10%), el "castigo divino por pecados cometidos
o falta de fe” (7%).
Desde la perspectiva de Kleinman (1980), estas categorías forman parte de modelos explicativos
propios mediante los cuales las personas atribuyen significado al sufrimiento y orientan la búsqueda de
tratamiento.
Estas dolencias, al estar culturalmente construidas, quedan fuera de la jurisdicción explicativa de la
biomedicina, validando de forma exclusiva el saber tradicional.