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DECOLONIZAR EL TIEMPO ACADÉMICO
HACIA UNA SLOW SCIENCE EN LA
UNIVERSIDAD PÚBLICA
DECOLONIZING ACADEMIC TIME TOWARDS SLOW
SCIENCE IN THE PUBLIC UNIVERSITY
Luz Verónica Pambabay Sangacha
Universidad de las Fuerzas Armadas, ESPE
Santiago Francisco Buitrón Chávez
Investigador independiente
Carlos Ramiro Buitrón Chávez
Universidad Central del Ecuador
Samantha Carolina Buitrón Pambabay
Universidad Central del Ecuador

pág. 3388
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i4.25363
Decolonizar el tiempo académico hacia una slow science en la universidad
pública
Luz Verónica Pambabay Sangacha1
lvpambabay@espe.edu.ec
https://orcid.org/0009-0006-8330-5572
Universidad de las Fuerzas Armadas, ESPE
Ecuador
Santiago Francisco Buitrón Chávez
ecuadorheritage@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-4672-9230
Investigador independiente
Ecuador
Carlos Ramiro Buitrón Chávez
cbuitron@uce.edu.ec
https://orcid.org/0009-0004-5611-2623
Universidad Central del Ecuador
Ecuador
Samantha Carolina Buitrón Pambabay
sabuitronpa@uide.edu.ec
https://orcid.org/0009-0006-3777-1783
Universidad Internacional del Ecuador
Ecuador
RESUMEN
Este estudio analizó la crisis de la temporalidad en la universidad pública provocada por la consolidación
del modelo de evaluación gerencial y la exigencia del productivismo académico. Se planteó como
objetivo fundamentar una propuesta metodológico-política que articulara la desaceleración consciente
con la construcción de redes de soporte colectivo y pedagogías del cuidado. Para abordar este fenómeno,
se adoptó un enfoque cualitativo e interpretativo mediante un diseño de investigación teórica,
documental y de síntesis crítica, sustentado en la hermenéutica crítica, la sociología del tiempo y las
epistemologías decoloniales. El análisis se focalizó en la educación superior pública por su función
social como garante del bien común, tomando a la universidad pública ecuatoriana como un escenario
fractal representativo de las tensiones del Sur global. Los hallazgos principales mostraron que la
aceleración institucional operó como una forma de colonialidad del tiempo que fragmentó la comunidad,
precarizó el trabajo académico e invisibilizó las metodologías de investigación situada de larga duración.
Se concluyó que la desaceleración constituyó una postura política y ética orientada a redefinir el rigor
científico desde la relevancia social y el cuidado mutuo. Finalmente, se evidenció que la transformación
de la vida universitaria exigió superar las métricas cuantitativas comerciales para avanzar hacia modelos
cualitativos de evaluación que restituyeran a la universidad pública su papel de espacio protegido para
el pensamiento crítico, la plurinacionalidad y la autonomía intelectual.
Palabras clave: tiempo académico, productivismo académico, universidad pública, epistemologías
decoloniales, cuidado colectivo.
1 Autor principal
Correspondencia: lvpambabay@espe.edu.ec

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Decolonizing academic time towards slow science in the public university
ABSTRACT
This study analyzed the crisis of temporality within public universities, a crisis driven by the
consolidation of managerial evaluation models and the demands of academic productivism. The
objective was to substantiate a methodological-political proposal that linked conscious deceleration with
the creation of collective support networks and pedagogies of care. To address this phenomenon, a
qualitative, interpretive approach was adopted, utilizing a research design based on theory, document
analysis, and critical synthesis, grounded in critical hermeneutics, the sociology of time, and decolonial
epistemologies. The analysis focused on public higher education due to its social role as a guarantor of
the common good, using the Ecuadorian public university system as a fractal setting representative of
the tensions found in the Global South. Key findings revealed that institutional acceleration functioned
as a form of coloniality of time, fragmenting the community, rendering academic labor precarious, and
obscuring long-term, situated research methodologies. The study concluded that deceleration
represented a political and ethical stance aimed at redefining scientific rigor through the lenses of social
relevance and mutual care. Finally, the findings demonstrated that transforming university life required
moving beyond commercial quantitative metrics toward qualitative evaluation models that would restore
the public university’s role as a protected space for critical thought, plurinationality, and intellectual
autonomy.
Keywords: academic time, academic productivism, public university, decolonial epistemologies,
collective care.
Artículo recibido 20 mayo 2026
Aceptado para publicación: 20 junio 2026

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1. INTRODUCCIÓN
En las últimas tres décadas, las instituciones de educación superior han experimentado una
reestructuración profunda impulsada por la lógica del New Public Management (un enfoque de
administración pública que surgió en las décadas de 1980 y 1990. Su objetivo principal es hacer que el
sector público sea más eficiente, eficaz y orientado a resultados, tomando prácticas de gestión del sector
privado) y la corporativización del conocimiento.
En la universidad pública contemporánea, este fenómeno se ha traducido en la consolidación de un
modelo de evaluación cuantitativo donde el valor del trabajo intelectual se mide mediante métricas de
impacto, índices H y una exigencia constante de productividad editorial (publish or perish / publicar o
perecer).
Esta dinámica ha alterado radicalmente el régimen temporal de la labor académica, imponiendo lo que
Rosa (2016) conceptualiza como una “aceleración social” desincronizada, donde el pensamiento crítico,
la investigación de larga duración y el compromiso territorial son sistemáticamente desplazados en favor
de la inmediatez, el empaquetamiento presuroso de resultados y la fragmentación del conocimiento.
Desde la perspectiva de la teoría crítica y las epistemologías del Sur, este régimen de velocidad acelerada
representa una transformación técnica - administrativa y explícita de la colonialidad del tiempo
(Mignolo, 2007) y del predominio de la “monocultura del tiempo lineal” (Sousa Santos, 2006).
El tiempo productivista actúa como una estructura lineal, acumulativa y de matriz eurocéntrica que
concibe al tiempo académico como una mercancía transaccional orientada al rendimiento cuantitativo.
Bajo esta lógica, se penaliza todo proceso intelectual que demande tiempos extendidos de incubación,
tales como el trabajo de campo cualitativo de larga duración, la investigación-acción participante, la
hermenéutica denso-reflexiva o el acompañamiento a procesos comunitarios.
Como advierte Back (2007), la “artesanía sociológica” e intelectual queda asfixiada por la prisa
institucional, la cual además de empobrecer la calidad de la ciencia, individualiza el trabajo, precariza
la salud mental del cuerpo docente e investigador y desmantela la dimensión colectiva de la universidad
pública.
Frente a este escenario de alienación y despojo temporal, este artículo explora la urgencia de decolonizar
el tiempo académico. Se propone articular la propuesta de la Slow Science —reconceptualizada desde

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la ecología de las temporalidades (Sousa Santos, 2006) e inspirada en planteamientos como los de
Stengers (2018), como una postura política y epistemológica situada— con la construcción de redes de
soporte colectivo y pedagogías del cuidado dentro de la universidad pública.
Para abordar esta problemática, el presente trabajo se plantea las siguientes interrogantes centrales: ¿De
qué manera la cronopolítica del productivismo académico subordina y margina la producción de saberes
situados, reflexivos y territorializados? ¿Cómo pueden la desaceleración consciente y la cooperación
intersubjetiva tejer espacios de resistencia crítica que garanticen la sostenibilidad ética, social y afectiva
de la producción de conocimiento?
A través de un análisis teórico-reflexivo y documental, el objetivo de este estudio es fundamentar una
propuesta metodológico-política que recupere la temporalidad de la universidad pública como un
espacio protegido para el pensamiento denso, la “ecología de saberes” (Sousa Santos, 2006) y la
reproducción de la vida comunitaria.
La delimitación hacia la universidad pública responde a su naturaleza ontológica y a su responsabilidad
histórica como garante del pensamiento crítico, la autonomía intelectual y la producción de
conocimiento entendido como bien común. A diferencia de los entornos universitarios de lógica privada
o corporativa —donde la rentabilidad financiera y la lógica mercantil constituyen principios de
existencia implícitos—, la universidad pública enfrenta una contradicción sistémica al adoptar métricas
eficientistas que desvirtúan su misión social.
Es precisamente en la esfera de lo público donde la colonización del tiempo amenaza con erosionar el
compromiso territorial, la pluralidad de saberes y la función democratizadora de la educación superior,
convirtiéndola en el terreno prioritario para disputar y articular temporalidades emancipadoras.
Asimismo, si bien este artículo parte de un diagnóstico teórico-metodológico y epistemológico de
alcance global sobre la aceleración académica, sitúa su horizonte de reflexión y motivación en la realidad
de la universidad pública en el Ecuador. La educación superior pública ecuatoriana opera como un
escenario fractal donde se reproducen, en escala regional y local, las tensiones contemporáneas entre las
exigencias de acreditación homogeneizadoras del estándar internacional y la urgencia de sostener
saberes situados, plurinacionales e interculturales.

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Así, el caso ecuatoriano aborda como una caja de resonancia representativa de los desafíos que atraviesa
la universidad pública en el Sur global frente a la mercantilización y la colonialidad de la vida
académica.
3. MARCOS CONCEPTUALES Y DISCUSIONES TEÓRICAS
3.1. La colonialidad del tiempo y la aceleración académica
Para comprender la crisis de la temporalidad en la universidad pública contemporánea, es imprescindible
desplazar la noción del tiempo como un contenedor neutro, uniforme o meramente físico, y analizarlo
como una dimensión sociohistórica atravesada por relaciones de poder.
Desde la perspectiva de los estudios decoloniales, la modernidad eurocéntrica se estructuró a partir de
la clasificación racial de las poblaciones y el extractivismo territorial (Quijano, 2000), y también a través
de la imposición de una cronopolítica hegemonizante: la invención de un tiempo lineal, medible,
teleológico y orientado mecánicamente a la acumulación (Mignolo, 2007; Maldonado-Torres, 2007).
Esta ordenación temporal opera mediante lo que Sousa Santos (2006) ha denominado la monocultura
del tiempo lineal, la cual postula que la historia se desplaza en una sola dirección progresiva hacia
adelante, catalogando como “atrasado”, “ineficiente” u “obsoleto” a todo proceso, saber o modo de vida
que no responda a la métrica del desarrollo cuantitativo.
En el ámbito universitario, esta monocultura del tiempo se manifiesta como una forma particular de
colonialidad del saber y del tiempo, en la que el valor del pensamiento no radica en su profundidad
hermenéutica, su compromiso social o su enraizamiento territorial, se encuentra en su velocidad de
circulación y monetización dentro del mercado global del conocimiento.
En las últimas décadas, la consolidación del modelo de la “universidad corporativa” o de la “evaluación
gerencial” (New Public Management) ha agudizado esta dinámica mediante un proceso acelerado de
financiarización de la investigación.
Inspirada en la sociología de la alienación y la aceleración social (Rosa, 2016), la vida académica
contemporánea se encuentra atrapada en un régimen de “presente encogido”, donde la caducidad del
conocimiento se mide en ciclos de evaluación anuales o trimestrales. La exigencia implacable de
rendimiento cuantitativo —operativizada en el lema corporativo “publish or perish”— impone una

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cadencia de producción que obliga al docente-investigador a convertirse en un sujeto autogestionado de
rendimiento, cercano a la figura del homo oeconomicus neoliberal (Han, 2012; Laval y Dardot, 2013).
Esta aceleración institucional tiene profundas repercusiones epistemológicas y pedagógicas: en primer
lugar, está la transformación del conocimiento en commodity; es decir, la investigación se desglosa en
“unidades mínimas publicables” (salami publishing), priorizando la cantidad sobre la calidad y el
impacto mediático sobre la trascendencia social. Luego se tiene la invisibilización de las metodologías
lentas, que se observa en procesos como la investigación cualitativa profunda, la etnografía de larga
duración, la sistematización de experiencias comunitarias y la docencia dialogante quedan desplazados
por ser considerados “poco rentables” bajo los parámetros de las bases de datos indexadas de alto
impacto (Scopus, Web of Science).
El extractivismo epistémico también participa de esta prisa institucional que estimula una relación
utilitaria con los territorios y sujetos de estudio, donde la información es recopilada aceleradamente,
abstraída de su contexto de origen e instrumentalizada para el llenado de currículos individuales, sin
dejar aportes reales a las comunidades investigadas (Grosfoguel, 2016).
La universidad pública, concebida históricamente como un espacio de resguardo para la deliberación
democrática y la formación crítica, corre el riesgo de convertirse en una “maquila epistémica”. En este
contexto, la aceleración no es un simple problema de “gestión del tiempo individual” ni de falta de
disciplina personal por parte del cuerpo académico; es una estrategia estructural de desposesión temporal
que fragmenta el tejido comunitario, precariza la salud mental del colectivo universitario y erosiona la
capacidad de la universidad para responder con rigor y ética a los grandes problemas de la sociedad.
3.2. Epistemologías del tiempo lento y la Slow Science
Frente al paradigma de la inmediatez y la productividad desmedida que caracteriza a la universidad
corporativa, emerge el movimiento por una Slow Science (o ciencia lenta) como un marco de
contestación epistémica y política. Originado formalmente a partir de intervenciones críticas y
manifiestos académicos en la última década (como el Slow Science Manifesto de 2010 y los aportes
teóricos de Isabelle Stengers), este enfoque sostiene que el pensamiento denso, la invención conceptual
y la resolución de problemas complejos requieren condiciones de pausa, vacilación y maduración que
la aceleración institucional imposibilita deliberadamente (Stengers, 2018).

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Sin embargo, para que la Slow Science constituya una verdadera herramienta de decolonización en la
universidad pública contemporánea —y particularmente en el contexto latinoamericano—, es necesario
someter la propia categoría a una revisión crítica.
Si se concibe de manera aislada o descontextualizada, la “lentitud” corre el riesgo de derivar en una
consigna burguesa, un privilegio reservado exclusivamente a docentes e investigadores consolidados
con plazas definitivas o financiamiento asegurado, profundizando la brecha con respecto al profesorado
precarizado o bajo contratación temporal (Mountz et al., 2015).
Por ello, desde una epistemología del tiempo situado, la Slow Science debe entenderse más allá de una
comodidad individualista o un repliegue hacia un aislamiento contemplativo de “torre de marfil”, debe
ser una postura política, colectiva y resistente.
Decolonizar la ciencia a través de la desaceleración implica reconfigurar la noción misma de “rigor”
científico a partir de tres dimensiones interconectadas:
a) Rigor hermenéutico versus acumulación cuantitativa al reivindicar que la calidad de una
investigación no depende de la velocidad de su publicación ni del factor de impacto de la revista que
la acoge, sino de la profundidad teórica, el cuidado metodológico y la honestidad reflexiva con la
que se aborda el objeto de estudio. Como señala Back (2007), la labor intelectual exige una “escucha
lenta” y un compromiso con la artesanía del pensamiento, cualidades que resultan totalmente
incompatibles con la producción en masa de textos científicos.
b) Temporalidades situadas y ecología de tiempos que produce en diálogo con la sociología de las
ausencias (Sousa Santos, 2006); así, una Slow Science decolonial reconoce la existencia de una
pluralidad de tiempos sociales y comunitarios que no responden a la prisa del mercado académico.
La investigación en ciencias sociales, humanas y aplicadas requiere adaptarse a los ritmos del trabajo
de campo, a las dinámicas de la memoria oral, a los tiempos de cosecha o asamblea de los territorios
y a los procesos de devolución y validación comunitaria. Forzar estos procesos para adecuarlos a las
fechas límite (deadlines) de proyectos de financiamiento o métricas institucionales constituye una
forma de despojo y violencia extractivista.
c) Revalorización del dudar y del no-saber pues la aceleración académica exige resultados conclusivos,
aplicables e inmediatos. Por el contrario, una epistemología del tiempo lento defiende el derecho a

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la incertidumbre, al fallo productivo, a la revisión constante y al ensayo-error. La ciencia pública
necesita espacios no programados donde el diálogo interdisciplinario y la sospecha epistemológica
puedan desplegarse sin la presión de una entrega evaluable a corto plazo (Stengers, 2018).
De este modo, la desaceleración consciente opera como un acto de “desobediencia epistémica”
(Mignolo, 2010). No se trata únicamente de trabajar más despacio por un beneficio biográfico o de salud
personal, es un acto de redefinir las reglas del juego sobre qué cuenta como conocimiento legítimo, para
quién se produce y bajo qué condiciones de justicia temporal se construye.
3.3. Redes de soporte y pedagogías del cuidado
Si la aceleración y la colonialidad del tiempo académico operan mediante la individualización de los
procesos y la competencia intersubjetiva (Han, 2012), la desaceleración no puede sostenerse de manera
aislada o individual. Sin un entramado comunitario que sostenga la vulnerabilidad y la resistencia, la
exigencia de “ir más lento” se convierte en una carga ética más sobre los hombros del docente-
investigador.
Por ello, la Slow Science exige ser articulada intrínsecamente con la construcción de redes de soporte
colectivo y la implementación de pedagogías del cuidado en el corazón de la universidad pública.
Desde las teóricas del feminismo crítico y las geografías de la academia neoliberal, se enfatiza que la
producción de conocimiento es un proceso encarnado que requiere condiciones materiales, emocionales
y comunitarias para su reproducción (Mountz et al., 2015; Gill, 2009).
La precarización de la labor académica —visibilizada en el agotamiento crónico, la ansiedad, la paradoja
de la sobreexigencia y el aislamiento intelectual— revela el colapso del modelo del “investigador
autónomo y autosuficiente” de raigambre androcentrada y eurocéntrica.
Frente a esta fragmentación, la categoría del cuidado deja de concebirse como un asunto privado o
feminizado para convertirse en una categoría política y epistemológica central (Pérez, 2014):
a) La colectivización del trabajo intelectual, sobre el que, frente a la hiperindividualización que
promueven los índices de citación y la autoría competitiva, las redes de soporte proponen alianzas
de cooperación transdisciplinar y transgeneracional. Esto implica dinamizar colectivos de escritura
compartida, talleres de lectura y discusión no enfocados en la productividad inmediata, sistemas de

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mentoría cruzada y coautorías éticas donde se reconozca el trabajo invisible de formación y
acompañamiento.
b) Pedagogías del cuidado en el aula para traducir la desaceleración al plano pedagógico cuestionando
las dinámicas de transmisión extractiva o hiperacelerada de contenidos. Se trata de cultivar espacios
educativos basados en la escucha atenta, la pausa reflexiva, la validación del error y el respeto a los
ritmos diversos de aprendizaje, garantizando que el aula universitaria funcione como un espacio de
resguardo y no de reproducción de la violencia hiperproductiva (Hooks, 1994).
Al hablar de cuidado mutuo como trinchera contra la precarización, las redes de soporte actúan como
escudos colectivos frente a la arbitrariedad de las métricas institucionales. Funcionan como espacios
para socializar recursos, amortiguar las cargas administrativas hipertrofiadas, acompañar el tránsito de
investigadores e investigadoras en formación y construir estrategias conjuntas de negociación frente a
las exigencias burocráticas del entorno evaluativo.
En definitiva, incorporar la ética y la política del cuidado al régimen de trabajo académico no significa
debilitar el rigor o abandonar la exigencia crítica. Por el contrario, implica reconocer que solo hay
pensamiento riguroso, ético y socialmente comprometido allí donde existen condiciones de vida y
trabajo dignas y sostenibles.
Decolonizar el tiempo académico requiere, en última instancia, sustituir el contrato competitivo de la
universidad corporativa por un pacto de reciprocidad y apoyo mutuo (Sousa Santos, 2006) que reubique
la vida, la salud y la comunidad en el centro de la universidad pública.
4. ENFOQUE TEÓRICO-METODOLÓGICO
Para abordar la colonización del tiempo académico y la formulación de alternativas desde la Slow
Science y los cuidados colectivos, este estudio se posiciona dentro del paradigma cualitativo-
interpretativo, empleando un diseño de investigación teórica, documental y de síntesis crítica (Flick,
2018).
Dado que el objeto de estudio es de naturaleza ontológica, epistémica y política —la estructuración
temporal de la producción de conocimiento en la universidad pública—, la metodología adopta una
perspectiva hermenéutico-crítica (Habermas, 1986; Gadamer, 1998) complementada con la caja de
herramientas de los estudios decoloniales y la sociología del tiempo.

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4.1. Estrategia de selección y delimitación del corpus documental
La construcción del corpus teórico se realizó mediante un muestreo intencional y categorial de literatura
académica relevante. El proceso de selección siguió cuatro criterios de inclusión principales:
a) Pertenencia temática y conceptual: textos clave centrados en la crítica al productivismo académico
(New Public Management), la sociología de la aceleración social, la Slow Science, la colonialidad
del saber/tiempo y la economía política del cuidado en la educación superior.
b) Diversidad epistémica: articulación deliberada entre la teoría crítica europea contemporánea (e.g.,
Hartmut Rosa, Isabelle Stengers, Byung-Chul Han) y el pensamiento decolonial/feminista del Sur
global (e.g., Boaventura de Sousa Santos, Walter Mignolo, Silvia Rivera Cusicanqui, Amaia Pérez
Orozco, colectivos feministas de la slow scholarship).
c) Temporalidad y relevancia: literatura publicada mayoritariamente entre 2000 y el presente, periodo
en el que se ha agudizado la estandarización de las métricas globales de evaluación universitaria.
d) Focalización en la educación superior pública y el compromiso territorial: documentos, ensayos
e investigaciones enfocados explícitamente en la función social de la universidad pública, analizando
cómo la aceleración afecta la producción de saberes situados, el trabajo de campo de larga duración,
la vinculación comunitaria y la autonomía institucional frente a las exigencias del mercado.
4.2. Procedimiento de análisis y sistematización
El procesamiento de la información se llevó a cabo mediante el análisis de contenido cualitativo y la
categorización hermenéutica (Valles, 1999), estructurado en tres fases dialécticas:
Fase 1: Desconstrucción analítica. Identificación de las categorías emergentes sobre la “cronopolítica
académica” y los mecanismos institucionales que imponen la prisa, la hiperindividualización y la
precarización en la universidad pública.
Fase 2: Triangulación y contraste teórico. Mapeo de tensiones epistemológicas entre la lógica lineal-
acumulativa del Fast Academic y las propuestas de la Slow Science y las temporalidades
situadas/comunitarias. Se prestó especial atención a evitar lecturas romantizadas de la “lentitud”,
analizando sus contradicciones materiales en contextos de precarización laboral.

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Fase 3: Síntesis propositiva y praxis. Integración conceptual orientada a la formulación de alternativas
político-pedagógicas. Se conceptualizaron las “redes de soporte colectivo” como unidades de resistencia
institucional y metodológica.
4.3. Posicionamiento epistemológico
Fiel a los principios de las epistemologías decoloniales, este trabajo asume de manera explícita su
situacionalidad (Haraway, 1988). No se pretende hablar desde una neutralidad aséptica ni desde una
“mirada de punto cero” (Castro-Gómez, 2005), lo que se quiere es una manifestación desde la vivencia
encarnada y reflexiva del trabajo intelectual dentro de la universidad pública.
El valor de este enfoque metodológico radica en su capacidad para develar las estructuras invisibilizadas
de dominación temporal y ofrecer un marco analítico conceptualmente sólido para sostener la
transformación de las prácticas académicas.
5. DISCUSIÓN: HACIA UNA PRAXIS DECOLONIAL DEL TIEMPO UNIVERSITARIO
La crítica a la colonialidad del tiempo académico y la formulación teórica de la Slow Science no deben
quedar confinadas a una mera objeción discursiva dentro de los propios márgenes de la academia. Para
evitar que la desaceleración se convierta en una utopía abstracta o en una práctica defensiva aislada, es
necesario discutir cómo la decolonización del tiempo puede concretarse en una praxis política,
metodológica e institucional en el seno de la universidad pública.
A continuación, se discuten tres ejes de transformación fundamentales derivados del análisis
conceptual:
5.1. Repensar la investigación situada: del extractivismo a la investigación comunitaria de larga
duración
La investigación pública de vocación crítica y socialmente comprometida no puede operar bajo las
temporalidades aceleradas del producto “entregable” o del informe de avance trimestral.
Los procesos de investigación cualitativa, la investigación-acción participante (IAP), la etnografía de
largo aliento, el archivo comunitario y la sistematización de saberes ancestrales o populares exigen una
temporalidad orgánica basada en la confianza, el diálogo de saberes y la co-construcción (Rivera
Cusicanqui, 2010).

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Decolonizar la investigación implica sustituir el “extractivismo epistémico” —donde los territorios y
las comunidades son vistos como canteras de datos a ser explotadas aceleradamente para alimentar
currículos individuales (Grosfoguel, 2016)— por metodologías de estancia prolongada y reciprocidad.
Esto requiere que las agendas de investigación pública validen formalmente los tiempos de negociación,
devolución de resultados, validación comunitaria y cocreación, reconociendo que el valor del
conocimiento no reside en la velocidad de su publicación en revistas de alto impacto; está en su
capacidad para transformar y acompañar las realidades territoriales.
5.2. Desaceleración como acto colectivo: la organización de redes de soporte
Como se advirtió en el marco teórico, la propuesta de la Slow Science pierde su potencia emancipadora
si se la asume como una decisión táctica individual; en contextos de precarización laboral y alta
exigencia burocrática, intentar “ir más lento” en solitario suele traducirse en sanción institucional o
sobreexplotación personal.
Por ello, la discusión debe centrarse en cómo tejer redes de soporte colectivo que operen como escudos
de resistencia y articulación comunitaria dentro de los departamentos, facultades e institutos de
investigación (Mountz et al., 2015).
Estas redes de soporte se pueden materializar en prácticas concretas:
a) Colectivos de escritura y lectura compartida: espacios no orientados a la fiscalización o al
rendimiento, donde el trabajo intelectual se socializa, se discute y se enriquece de manera
cooperativa.
b) Coautorías éticas y solidaridad intergeneracional: desmantelar la autoría hipercompetitiva
mediante alianzas entre personal docente-investigador consolidado e investigadoras e investigadores
en formación, garantizando la visibilización del trabajo de estos últimos y protegiéndolos de la
presión productivista.
c) Sistemas de mentoría y cuidados cruzados: redes de acompañamiento afectivo y técnico para
afrontar la carga administrativa, la evaluación de pares y los colapsos vocacionales o de salud mental
provocados por la hiperexigencia académica.

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d) Encuentros de valoración de saberes: equipos de gestión del conocimiento que sistematizan
ejercicios de visibilización de las experticias propias de cada docente y su aplicabilidad en el contexto
interdisciplinar de la universidad.
5.3. Reconfigurar la evaluación académica: tensiones e incidencias en la política pública
El nudo gordiano de la colonialidad del tiempo radica en los sistemas de evaluación de la carrera docente
e investigadora. Mientras los incentivos económicos, la permanencia laboral y el reconocimiento
institucional sigan condicionados de manera cuantitativa y monocrónica por métricas comerciales de
citación (Scopus, Web of Science, índice H), los espacios de desaceleración seguirán estando bajo
amenaza de marginalidad.
Una praxis decolonial del tiempo académico exige dar la batalla político-institucional por la
transformación de las políticas de evaluación pública. Esto supone transitar hacia sistemas cualitativos,
holísticos y multidimensionales de evaluación (similares a los marcos promovidos por iniciativas
internacionales como DORA o CoARA, pero adaptados a las prioridades del Sur global).
Evaluar cualitativamente implica dar peso determinante al impacto social, territorial y ambiental de las
investigaciones por encima del factor de impacto de las revistas; además de destacar la relevancia de las
publicaciones en acceso abierto y en lenguas locales/regionales; así como también dar valor a la labor
de docencia, tutoría, divulgación de la ciencia y gestión comunitaria, históricamente invisibilizada por
la primacía del “paper”.
Afrontar estas tensiones implica seguir un rigor y una rendición de cuentas pública y además, recuperar
el sentido de lo que significa “rendir cuentas”: no ante empresas editoriales oligopólicas, sino ante la
sociedad que sostiene y da sentido a la universidad pública.
En este marco de disputas, la universidad pública ecuatoriana pone de manifiesto con particular nitidez
las tensiones de la cronopolítica académica en la región. En las últimas décadas, el sistema de educación
superior en el Ecuador ha estado atravesado por procesos intensos de evaluación, acreditación y
categorización institucional que, si bien buscaron elevar los estándares de calidad y transparencia,
terminaron por asimilar acríticamente métricas estandarizadas de productividad editorial y modelos de
gestión alineados al New Public Management.

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Esta dinámica ha generado un estrangulamiento temporal significativo para el cuerpo docente e
investigador ecuatoriano, que debe negociar a diario entre la exigencia burocrática de sumar
publicaciones indexadas y la vocación constitucional de construir una universidad plurinacional,
intercultural y orientada al “Buen Vivir” (Sumak Kawsay).
De este modo, la experiencia ecuatoriana opera como un fractal representativo del Sur global: demuestra
cómo la imposición de ritmos homogeneizantes precariza las condiciones de trabajo académico y
tensiona la capacidad de la universidad pública para responder de manera lenta, profunda y situada a los
problemas socioambientales, territoriales y comunitarios del país.
6. CONCLUSIONES: RECLAMAR EL TIEMPO HABITADO EN LA UNIVERSIDAD
PÚBLICA
El recorrido teórico, metodológico y reflexivo desplegado a lo largo de este estudio permite sostener
que la crisis de la temporalidad en la universidad pública no constituye un simple desfase organizativo,
un problema de gestión del tiempo personal o una disfunción técnica derivada de la burocracia
contemporánea.
Por el contrario, se trata de una manifestación estructural de la colonialidad del tiempo que, articulada
con las exigencias de la gubernamentalidad neoliberal y el New Public Management, ha transformado
radicalmente la naturaleza y el sentido de la labor académica.
La imposición de una cronopolítica lineal, acelerada, homogénea y orientada mercantilmente a la
producción constante de unidades mínimas de información —sintetizada en el mandato del publish or
perish y la tiranía del índice de impacto— ha instaurado un régimen de alienación temporal que despoja
al pensamiento de sus condiciones elementales de existencia.
En este escenario, la prisa actúa como una estrategia de desposesión que degrada la densidad
hermenéutica, estrangula la investigación cualitativa de largo aliento, invisibiliza la dimensión
pedagógica del aula y desmantela la función social y comunitaria que históricamente ha justificado la
existencia de la educación superior pública.
Frente a esta aceleración desestructurante, la propuesta de decolonizar el tiempo universitario cobra una
urgencia de primer orden. Sin embargo, una de las tesis fundamentales que se desprende de esta
investigación es que la alternativa enunciada por la Slow Science debe ser sometida a un riguroso

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ejercicio de decolonización teórica y práctica para evitar que derive en un repliegue individualista o en
una consigna burguesa desvinculada de las condiciones materiales de producción.
Cuando la desaceleración se concibe como una opción meramente biográfica o como un privilegio
accesible únicamente a sectores consolidados de la jerarquía académica, se neutraliza su potencia crítica,
además de que se profundizan las desigualdades existentes con respecto al profesorado precarizado, al
personal contratado de manera temporal y a los investigadores en formación.
Por ende, la verdadera desaceleración emancipadora —aquella que dialoga abiertamente con las
epistemologías del Sur y el pensamiento feminista de la sostenibilidad de la vida—es una postura
política, metodológica y ética profundamente situada que reclama el tiempo como un bien común que
debe ser defendido y redistribuido colectivamente dentro de la institución.
En este marco, la articulación entre la ciencia lenta y la construcción de redes de soporte colectivo se
erige como el eje vertebrador de una praxis de resistencia efectiva dentro de la universidad pública.
Puesto que la matriz corporativa de evaluación opera mediante la hiperindividualización, la competencia
intersubjetiva y el aislamiento de las y los trabajadores del conocimiento, cualquier intento solitario de
resistir la aceleración está condenado a la sanción o al agotamiento psíquico.
Las redes de soporte comunitario —materializadas en colectivos de lectura y escritura compartida, en
alianzas de coautoría ética, en la solidaridad intergeneracional y en pedagogías universitarias centradas
en la escucha, la vulnerabilidad y el cuidado mutuo— funcionan como verdaderos escudos políticos
frente a la fragmentación sistémica.
Estas prácticas demuestran que la sostenibilidad afectiva, emocional y laboral de la academia es la
condición de posibilidad ontológica de un trabajo intelectual riguroso, ético y con capacidad de
transformación social.
Asimismo, la decolonización del tiempo académico implica una reconceptualización profunda sobre qué
se entiende por rigor científico y ante quién rinde cuentas la universidad pública. El modelo de
evaluación hegemónico ha reducido el rigor a un automatismo cuantitativo donde el valor intrínseco de
una investigación queda subordinado al prestigio comercial del contenedor editorial que la aloja.
Decolonizar el rigor exige afirmar que la calidad del conocimiento no se mide por la velocidad de su
empaquetamiento o circulación en catálogos indexados de alto impacto, se valora por su profundidad

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conceptual, su honestidad metodológica, su apertura al diálogo de saberes y, fundamentalmente, su
pertinencia y retorno social hacia las comunidades y territorios que nutren los procesos de investigación.
La universidad pública no puede seguir actuando como una maquila epistémica orientada a satisfacer
los requerimientos de corporaciones editoriales oligopólicas; debe recuperar su autonomía para definir
ritmos de indagación que respeten la temporalidad propia de los procesos sociales, del archivo histórico,
del trabajo comunitario y de la maduración conceptual.
Por todo ello, la transformación que requiere la educación superior no podrá concretarse plenamente si
no se traslada al plano de las políticas públicas y de la gestión institucional. Se vuelve imprescindible
disputar los criterios de evaluación de la carrera docente e investigadora, impulsando reformas holísticas
y cualitativas que superen la primacía de la métrica mercantilista e incorporen la valoración sustantiva
de la docencia, la tutoría humana, la vinculación territorial y la labor de cuidado institucional.
La decolonización de la temporalidad universitaria es, en última instancia, un proyecto de
democratización y de soberanía intelectual que busca restituir a la universidad pública su vocación como
espacio protegido para la reflexión denso-crítica, la preservación de la memoria y la reproducción digna
de la vida comunitaria.
Quedan abiertas, para el horizonte inmediato de la investigación educativa y social, interrogantes
cruciales sobre la viabilidad de estas transformaciones en contextos de precarización estructural severa.
Se hace necesario indagar empíricamente de qué manera las dinámicas de sobreexplotación afectan de
forma diferenciada la salud mental y la subjetividad de las y los jóvenes investigadores según marcas
de género, clase y condición laboral.
Del mismo modo, resulta urgente sistematizar, mapear y visibilizar las experiencias concretas de redes
de cuidado, colectivos autogestionados de investigación y sistemas cualitativos de evaluación que ya
están germinando en diversas universidades del Sur global.
Estudiar estas fisuras en el régimen de velocidad académica permitirá documentar la resistencia y
también ofrecer insumos sustantivos para el diseño de políticas públicas que garanticen que la
universidad continúe siendo un territorio libre para la creación, el diálogo y el pensamiento libre.

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Por consiguiente, la mirada hacia la universidad pública en el Ecuador revela que la tensión entre la
aceleración métrica y la desaceleración consciente es una disputa encarnada en las dinámicas
institucionales y territoriales de la región.
Al operar como un escenario fractal de la educación superior en el Sur global, la experiencia ecuatoriana
evidencia que la defensa del tiempo académico es la condición indispensable para cumplir con el
mandato histórico de una universidad plurinacional, intercultural y socialmente comprometida.
Reclamar el tiempo habitado en la universidad pública ecuatoriana significa, en última instancia,
devolverle su capacidad de escuchar los ritmos de los territorios, cultivar el diálogo de saberes y
sostener, desde la soberanía intelectual y el cuidado colectivo, la construcción de conocimientos al
servicio de la vida.
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