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FALLO DE MEDRO COMO MANIFESTACIÓN
INICIAL DE HIPERPLASIA SUPRARRENAL
CONGÉNITA POR DÉFICIT DE 21-HIDROXILASA
FAILURE TO THRIVE AS AN INITIAL MANIFESTATION OF
CONGENITAL ADRENAL HYPERPLASIA DUE TO 21-
HYDROXYLASE DEFICIENCY
Luis Felipe Bonfante Villalobos
Autor independiente
María Camila Rodriguez Acosta
Autor independiente
Daniela Gonzalez Sierra
Autor independiente
Lina Marcela Sanchez Ibarra
Autor independiente
Andrea Carolina Meza Castellón
Autor independiente
Daniel Josué Naranjo Coronel
Autor independiente
pág. 3514
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i4.25370
Fallo de medro como manifestación inicial de hiperplasia suprarrenal
congénita por déficit de 21-hidroxilasa
Luis Felipe Bonfante Villalobos1
luisbonfantev10@outlook.com
https://orcid.org/0009-0000-4413-8413
Autor independiente
Colombia
María Camila Rodriguez Acosta
mc.rodriguez19@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0006-8819-5819
Autor independiente
Colombia
Daniela Gonzalez Sierra
danielagonzalez8798@gmail.com
https://orcid.org/0009-0002-8638-545X
Autor independiente
Colombia
Lina Marcela Sanchez Ibarra
Lina.marcelasanchez02@gmail.com
https://orcid.org/0009-0008-5154-7336
Autor independiente
Colombia
Andrea Carolina Meza Castellón
Karocastellon@gmail.com
https://orcid.org/0009-0004-9896-9289
Autor independiente
Colombia
Daniel Josué Naranjo Coronel
naranjoj676@gmail.com
https://orcid.org/0009-0004-8331-9830
Autor independiente
Colombia
1 Autor principal
Correspondencia: luisbonfantev10@outlook.com

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RESUMEN
La hiperplasia suprarrenal congénita por deficiencia de 21-hidroxilasa constituye la causa más frecuente
de alteración de la esteroidogénesis suprarrenal y representa una urgencia endocrinológica en el período
neonatal cuando se presenta con pérdida de sal. Aunque su forma clásica suele manifestarse durante las
primeras semanas de vida con alteraciones hidroelectrolíticas e insuficiencia suprarrenal, en algunos
pacientes el fallo de medro puede ser el hallazgo predominante, lo que dificulta el reconocimiento
oportuno de la enfermedad. Se describe el caso de un lactante masculino de un mes de edad, sin
antecedentes médicos relevantes, hospitalizado por pobre ganancia ponderal, desnutrición aguda
moderada y sospecha inicial de un error innato del metabolismo. Durante la valoración clínica se
identificó hiperpigmentación cutánea difusa, más evidente en los genitales externos, acompañada de
aumento del tamaño peneano, dermatitis seborreica y una discreta opacidad del cristalino. Los estudios
de laboratorio demostraron hiponatremia persistente, hiperpotasemia y acidosis metabólica con anión
gap elevado, con función renal preservada. La persistencia del desequilibrio hidroelectrolítico motivó
su ingreso a la unidad de cuidados intensivos pediátricos, donde la valoración por Endocrinología
pediátrica permitió sospechar hiperplasia suprarrenal congénita. La ecografía abdominal evidenció
hiperplasia suprarrenal bilateral y la concentración sérica de 17-hidroxiprogesterona fue de 54,95
ng/mL, compatible con hiperplasia suprarrenal congénita clásica perdedora de sal por deficiencia de 21-
hidroxilasa. Se instauró tratamiento con diferentes esquemas de corticoides sistémicos y reposición oral
de sodio, además logrando la corrección progresiva de las alteraciones electrolíticas y recuperación del
crecimiento ponderal. El caso destaca la importancia de considerar la hiperplasia suprarrenal congénita
dentro del diagnóstico diferencial del lactante con fallo de medro, especialmente cuando coexisten
hiponatremia, hiperpotasemia e hiperpigmentación cutánea. El reconocimiento precoz y el inicio
oportuno del tratamiento previene la aparición crisis suprarrenal.
Palabras clave: Hiperplasia suprarrenal congénita; deficiencia de 21-hidroxilasa; fallo de medro;
lactante; insuficiencia suprarrenal.

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Failure to thrive as an initial manifestation of congenital adrenal
hyperplasia due to 21-hydroxylase deficiency
ABSTRACT
Congenital adrenal hyperplasia due to 21-hydroxylase deficiency is the most common cause of impaired
adrenal steroidogenesis and constitutes an endocrinological emergency in the neonatal period when it
presents with salt loss. Although the classic form typically manifests during the first weeks of life with
electrolyte imbalances and adrenal insufficiency, in some patients failure to thrive may be the
predominant finding, which hinders timely recognition of the disease. We report the case of a one-
month-old male infant with no relevant medical history who was hospitalized for failure to gain weight,
moderate acute malnutrition, and an initial suspicion of an inborn error of metabolism. During the
clinical evaluation, diffuse skin hyperpigmentation was identified, most evident on the external
genitalia, accompanied by an enlarged penis, seborrheic dermatitis, and mild lens opacity. Laboratory
tests revealed persistent hyponatremia, hyperkalemia, and metabolic acidosis with an elevated anion
gap, with preserved renal function. The persistence of the fluid and electrolyte imbalance led to his
admission to the pediatric intensive care unit, where an endocrinology evaluation raised suspicion of
congenital adrenal hyperplasia. An abdominal ultrasound revealed bilateral adrenal hyperplasia, and the
serum concentration of 17-hydroxyprogesterone was 54.95 ng/mL, consistent with classic salt-wasting
congenital adrenal hyperplasia due to 21-hydroxylase deficiency. Treatment was initiated with various
regimens of systemic corticosteroids and oral sodium replacement, resulting in the progressive
correction of electrolyte imbalances and a return to normal weight gain. This case highlights the
importance of considering congenital adrenal hyperplasia as part of the differential diagnosis in infants
with failure to thrive, especially when hyponatremia, hyperkalemia, and skin hyperpigmentation are
present. Early recognition and prompt initiation of treatment prevent the onset of adrenal crises.
Keywords: Congenital adrenal hyperplasia; 21-hydroxylase deficiency; failure to thrive; infant; adrenal
insufficiency.
Artículo recibido 20 mayo 2026
Aceptado para publicación: 20 junio 2026

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INTRODUCCIÓN
La hiperplasia suprarrenal congénita (HSC) engloba un grupo de trastornos autosómicos recesivos de la
esteroidogénesis suprarrenal, de los cuales la deficiencia de 21-hidroxilasa representa cerca del 90-95
% de los casos(Auer et al., 2023; Grinten et al., n.d.). Su incidencia estimada oscila entre 1 por cada
10.000 y 18.000 nacidos vivos, con variaciones relacionadas con las características poblacionales y la
implementación de programas de tamizaje neonatal(Speiser et al., n.d.). La alteración del gen CYP21A2
compromete la síntesis de cortisol y, en las formas clásicas perdedoras de sal, también la producción de
aldosterona(Chakraborty et al., 2021; Concolino, 2024). El aumento compensatorio de ACTH induce
hiperplasia suprarrenal y favorece la acumulación de precursores esteroideos con incremento de la
producción de andrógenos, en consecuencia, los lactantes afectados pueden presentar hiponatremia,
hiperpotasemia, acidosis metabólica y riesgo de crisis suprarrenal durante las primeras semanas de
vida(Chakraborty et al., 2021; Grinten et al., n.d.). Aunque el tamizaje básico neonatal ha reducido la
morbimortalidad asociada, el diagnóstico continúa dependiendo de la sospecha clínica en aquellos
entornos donde la cobertura del cribado es limitada(Grosse & Vliet, 2007; Therrell et al., 2015). La
presentación clínica en ambos sexos tiene diferencias significativas, las mujeres con formas clásicas
desarrollan genitales ambiguos debido a la exposición prenatal a andrógenos, mientras que los varones
tienen genitales normales al nacer, lo que retrasa el diagnóstico en ausencia de cribado neonatal(Therrell
et al., 2015). Por otro lado, el fallo de medro es heterogénea y responde a múltiples etiologías, lo que
dificulta la identificación temprana de enfermedades endocrinas poco comunes(Physician, 2016). En la
HSC clásica, la deficiente ganancia ponderal refleja el efecto combinado del déficit de glucocorticoides
y mineralocorticoides, responsable de pérdidas renales de sodio, alteraciones hidroelectrolíticas,
deshidratación, disminución de la ingesta y un estado catabólico persistente, sin embargo, esta
manifestación rara vez se considera el hallazgo predominante al momento de debut de la enfermedad,
ya que suele acompañarse de signos más evidentes de insuficiencia suprarrenal o de virilización(Auer
et al., 2023; Grinten et al., n.d.). Esta situación adquiere especial relevancia en los lactantes de sexo
masculino, en quienes la ausencia de genitales ambiguos favorece que el cuadro clínico sea atribuido
inicialmente a trastornos nutricionales, gastrointestinales o metabólicos, con el consiguiente retraso
diagnóstico(El-maouche et al., 2017; Grinten et al., n.d.). La mayoría de los reportes publicados de HSC

pág. 3518
describen pacientes diagnosticados luego de la aparición de compromiso hemodinámico o por la
presencia de anomalías genitales, mientras que son menos frecuentes los casos cuyo motivo inicial de
evaluación es el fallo de medro acompañado de hiperpigmentación y alteraciones electrolíticas
incipientes, esta evidencia es aún más limitada en países de bajos ingresos, donde el acceso desigual al
tamizaje neonatal condiciona directamente un diagnóstico más tardío(Grosse & Vliet, 2007; Therrell et
al., 2015).
Presentación del caso
Se trata de un lactante masculino de un mes de vida que ingresó al servicio de urgencias de un hospital
infantil del Caribe Colombiano, remitido desde consulta externa por pobre progresión pondoestatural
durante el primer mes de vida. Al realizar la anamnesis encontramos a un paciente producto del primer
embarazo, nacido a las 40 semanas de gestación, obtenido por cesárea, al nacer pesó 3660 gr y midió 50
cm. No presentó restricción de crecimiento intrauterino, ni otras complicaciones prenatales o perinatales
relevantes. Se desconoce la información de antecedentes familiares de enfermedades endocrinológicas,
consanguinidad, trastornos del desarrollo sexual, muertes neonatales ni del resultado del tamizaje
neonatal.
La remisión se realizó al momento del primer control ambulatorio al mes de vida, en el que se documentó
un peso de 3,6 kg, prácticamente igual al registrado al nacimiento, ante la ausencia de crecimiento
ponderal se planteó inicialmente los diagnósticos de fallo de medro, desnutrición aguda moderada y la
posibilidad de tratarse de un error innato del metabolismo, motivo por el cual se indicó hospitalización
para ampliar el estudio. Durante la estancia hospitalaria, se confirmó el compromiso del estado
nutricional secundario a la falta de ganancia ponderal, el examen físico mostró hiperpigmentación
cutánea difusa con descamación fina, más intensa de la esperada para su fototipo (fenotipo VI), con
predominio en los genitales externos, rostro y cuero cabelludo. Además se documentó aumento del
tamaño peneano para la edad, sin otras alteraciones morfológicas de los genitales. La valoración
oftalmológica identificó una discreta opacidad del cristalino como hallazgo incidental, por lo que
requirió seguimiento especializado.
Los estudios de laboratorio iniciales revelaron hiponatremia (128,5 mmol/L), hiperpotasemia (4,86
mmol/L), hipocloremia (94,7 mmol/L), calcio de 8,88 mg/dL, magnesio de 1,96 mg/dL, creatinina de

pág. 3519
0,38 mg/dL y nitrógeno ureico de 9,26 mg/dL, sin evidencia de deterioro de la función renal. La
gasometría arterial demostró acidosis metabólica con aumento del anión gap. Debido a la persistencia
de la hiponatremia en los controles seriados, se consideró una etiología endocrinológica y el paciente
fue trasladado a la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos para monitorización y manejo
especializado.
Los cambios en ecografía abdominal sugestivos de hiperplasia suprarrenal bilateral y la concentración
sérica de 17-hidroxiprogesterona alcanzó 54,95 ng/mL (valor de referencia: 0,11–1,70 ng/mL),
motivaron a la valoración por Endocrinología Pediátrica, quien consideró hallazgos compatibles con
hiperplasia suprarrenal congénita clásica por deficiencia de 21-hidroxilasa. Debido a la disponibilidad,
no fue posible realizar la confirmación molecular mediante análisis del gen CYP21A2.
La integración de los hallazgos clínicos, bioquímicos e imagenológicos permitió establecer el
diagnóstico de hiperplasia suprarrenal congénita clásica perdedora de sal secundaria a deficiencia de 21-
hidroxilasa, se inició tratamiento con hidrocortisona (60 mg/m²/día), con mejoría progresiva del estado
clínico y corrección de las alteraciones hidroelectrolíticas. Posteriormente se añadió fludrocortisona
(0,10 mg/día) como reemplazo mineralocorticoide. Debido a la persistencia de fluctuaciones en la
concentración sérica de sodio, fue necesario suplementar cloruro de sodio por vía oral (Refisal®), en
una dosis total de 1,5 gr/día distribuida en tres tomas de 0,5 gr cada ocho horas, hasta alcanzar la
estabilidad del equilibrio hidroelectrolítico.
Durante la hospitalización desarrolló trombosis venosa profunda de la vena femoral común izquierda
asociada al uso de catéter venoso central, complicación que respondió favorablemente al tratamiento
con dalteparina y evolucionó sin secuelas clínicas. Una vez alcanzada la estabilidad metabólica, el
paciente fue trasladado a hospitalización general y posteriormente egresó con tratamiento de reemplazo
hormonal permanente, recomendaciones para el ajuste de glucocorticoides durante situaciones de estrés
y seguimiento ambulatorio por Endocrinología Pediátrica. Durante el seguimiento ambulatorio, el
paciente en cuestión fue adherente al tratamiento, sin nuevos episodios de descompensación suprarrenal,
logrando una recuperación progresiva del crecimiento ponderal, alcanzando peso de 6 kg en el último
control disponible y resolución de las manifestaciones clínicas que motivaron el ingreso.

pág. 3520
Figura 1. Lactante con compromiso nutricional severo, emaciación marcada y pérdida generalizada de
tejido celular subcutáneo. (a) Facies de desnutrición, con disminución de los tejidos blandos
periorbitarios, prominencia relativa de las estructuras óseas faciales y lesiones hipopigmentadas de
predominio facial. (b) Xerosis cutánea difusa con descamación y múltiples máculas hipopigmentadas
en cara, tronco superior y extremidades.
Discusión
El aspecto más relevante de este caso fue la presencia del fallo de medro constituyendo la manifestación
clínica predominante de una hiperplasia suprarrenal congénita clásica por deficiencia de 21-hidroxilasa,
antes de que se desarrollara una crisis suprarrenal severa(Grinten et al., n.d.; Speiser et al., n.d.). Aunque
el paciente había nacido con peso adecuado, durante las primeras semanas de vida presentó un deterioro
ponderal acelerado asociado a hiperpigmentación cutánea, alteraciones hidroelectrolíticas persistentes y
aumento del tamaño peneano, hallazgos que conjuntamente orientaron el diagnóstico de insuficiencia
suprarrenal primaria(Grinten et al., n.d.; Miller & Auchus, 2011). La respuesta clínica observada tras el
inicio del tratamiento con hidrocortisona, fludrocortisona y suplementación con sodio confirmó que el
compromiso nutricional era consecuencia de la alteración endocrina subyacente y no de un trastorno
nutricional primario(Bonfig, 2017; Nordenström et al., 2022).
La deficiencia de 21-hidroxilasa, responsable de la mayoría de los casos de HSC, ocasiona una reducción
de la síntesis de cortisol y, en las formas clásicas perdedoras de sal, también de aldosterona. La
disminución de estos esteroides incrementa la secreción de ACTH, favoreciendo la hiperplasia
suprarrenal y el exceso de producción de andrógenos(Auer et al., 2023; Grinten et al., n.d.; Reisch et al.,
2011). Este mecanismo fisiopatológico explica de manera integrada los principales hallazgos
observados en nuestro paciente, incluyendo la hiperpigmentación secundaria al exceso de ACTH, el
aumento del tamaño peneano por hiperandrogenismo prenatal y las alteraciones hidroelectrolíticas
derivadas del déficit mineralocorticoide(Falhammar et al., 2014; Miller & Auchus, 2011).

pág. 3521
El fallo de medro observado en este lactante puede entenderse como el resultado de varios mecanismos
fisiopatológicos que actúan de forma simultánea, la deficiencia de aldosterona favorece la pérdida renal
de sodio, disminución del volumen circulante efectivo y persistencia de la hiponatremia, son alteraciones
que comprometen la perfusión tisular y limitan los procesos anabólicos necesarios para el
crecimiento(Hou et al., 2024). A ello se suma el déficit de cortisol, que modifica la homeostasis
energética al reducir la disponibilidad de glucosa, alterar el metabolismo proteico y favorecer un estado
catabólico persistente(Grinten et al., n.d.). Como consecuencia, incluso con una ingesta aparentemente
adecuada, el organismo presenta dificultades para sostener una ganancia ponderal normal durante las
primeras semanas de vida(Auer et al., 2023). Las alteraciones nutricionales observadas se explican por
el impacto directo se la patología sobre los procesos de alimentación y digestión, ya que la pérdida
salina, hiponatremia y deshidratación suelen acompañarse de rechazo alimentario, vómitos y
disminución de la capacidad de succión, circunstancias que reducen el aporte energético durante un
periodo crítico del crecimiento(Cole & Lanham, 2011; Speiser et al., n.d.). Como resultado, el fallo de
medro suele reflejar un balance energético negativo sostenido que puede preceder varios días o semanas
a la aparición de una crisis suprarrenal manifiesta(Grosse & Vliet, 2007; Therrell et al., 2015). Por otra
parte, el exceso crónico de ACTH y de andrógenos caracteriza el ambiente endocrino de la HSC clásica,
aún cuando la exposición a concentraciones elevadas de andrógenos puede acelerar transitoriamente el
crecimiento lineal y la maduración ósea, estos efectos no compensan las consecuencias metabólicas
derivadas del déficit de cortisol y aldosterona, en consecuencia, algunos lactantes mantienen
inicialmente una longitud adecuada mientras presentan un deterioro progresivo del peso, una
combinación clínica que puede retrasar el reconocimiento de la enfermedad si no se interpretan de
manera conjunta los hallazgos clínicos y bioquímicos, la evolución clínica del paciente respalda estos
mecanismos fisiopatológicos respondiendo favorablemente al tratamiento con corticoides(Bonfig, 2017;
Miller & Auchus, 2011). La necesidad de mantener suplementación oral con sodio durante la fase inicial
del tratamiento fue consistente con la inmadurez tubular propia de los primeros meses de vida y con la
resistencia fisiológica relativa a la acción de la aldosterona descrita en lactantes pequeños, situación que
puede incrementar transitoriamente los requerimientos de sodio incluso después de instaurar el
reemplazo mineralocorticoide(Bonfig, 2017; Concolino, 2024; Miller & Auchus, 2011).

pág. 3522
En regiones con predominio de fototipos altos, como ocurre en el Caribe colombiano, las
manifestaciones dermatológicas pueden pasar inadvertido o interpretarse como una variación fisiológica
de la pigmentación, no obstante, cuando la pigmentación es difusa y predomina en genitales, pliegues
cutáneos y otras áreas de fricción, constituye un hallazgo clínico altamente sugestivo de insuficiencia
suprarrenal primaria por el exceso sostenido de ACTH. En nuestro paciente, este signo adquirió un papel
determinante para orientar el estudio endocrinológico(Auer et al., 2023; Gidlöf et al., n.d.; Grinten et
al., n.d.). La demostración de hiperplasia suprarrenal bilateral mediante ecografía, junto con la elevación
marcada de la concentración sérica de 17-hidroxiprogesterona, aportó evidencia sólida para confirmar
el diagnóstico de HSC clásica por deficiencia de 21-hidroxilasa(Nordenström et al., 2022; Speiser et al.,
n.d.). La evolución del caso clínico antes mencionado pone en manifiesto la importancia del tamizaje
neonatal para modificar el curso de la enfermedad(Agrimonti et al., 2024). En los países donde los
programas de cribado neonatal incluyen la determinación de 17-hidroxiprogesterona, el diagnóstico
suele establecerse antes del desarrollo de una crisis perdedora de sal, logrando reducir la mortalidad
neonatal y disminuye las complicaciones derivadas del retraso terapéutico(Hou et al., 2024;
Nordenström et al., 2022). Sin embargo, la cobertura de estos programas continúa siendo desigual en
numerosos países de ingresos medios, por lo que el reconocimiento oportuno de los signos clínicos sigue
desempeñando un papel fundamental en la práctica pediátrica(Grosse & Vliet, 2007; Therrell et al.,
2015).
La principal limitación del reporte corresponde a la imposibilidad de realizar la confirmación molecular
mediante el estudio del gen CYP21A2, por lo que el diagnóstico se fundamentó en la concordancia entre
la presentación clínica, hallazgos bioquímicos, imagenológicos y la respuesta terapéutica.
CONCLUSIÓN
Más allá de la descripción de un caso clínico de una patología infrecuente, este reporte ofrece varias
implicaciones para la práctica clínica, en primer lugar, resalta que el fallo de medro de instauración
rápida debe motivar una evaluación diagnóstica integral que incluya enfermedades endocrinas
potencialmente letales, especialmente cuando no existe una explicación nutricional evidente o las
alteraciones hidroelectrolíticas persisten pese al tratamiento inicial, asimismo, pone en manifiesto que
la hiperpigmentación difusa mantiene un elevado valor semiológico incluso en poblaciones con

pág. 3523
fototipos cutáneos oscuros cuando se acompaña de hiponatremia y pérdida de peso, debe incrementar
de forma significativa la sospecha de hiperplasia suprarrenal congénita. Finalmente, recuerda que un
peso adecuado al nacimiento no excluye patologías endocrinas graves, ya que el deterioro ponderal
puede manifestarse únicamente tras el agotamiento funcional de la corteza suprarrenal; por ello, el
seguimiento longitudinal del crecimiento resulta más informativo que una medición aislada.
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