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INTRODUCCIÓN
El entorno estratégico contemporáneo se caracteriza por una creciente complejidad derivada de la
convergencia de factores políticos, económicos, tecnológicos y de seguridad que trascienden las
fronteras nacionales. En América del Sur, y particularmente en la región andina, la evolución de
amenazas híbridas ha transformado la concepción tradicional de la seguridad, desplazándola desde un
enfoque centrado exclusivamente en la defensa del Estado hacia una perspectiva multidimensional que
incorpora riesgos asociados al crimen organizado transnacional, el narcotráfico, la minería ilegal, el
tráfico de armas, la ciberdelincuencia y otras economías ilícitas. Estas dinámicas se desarrollan en un
escenario internacional marcado por la competencia geopolítica entre potencias, la volatilidad
económica y la acelerada innovación tecnológica, factores que incrementan la incertidumbre y generan
nuevos desafíos para la gobernanza y la estabilidad regional.
En este contexto, Ecuador ocupa una posición geoestratégica de especial relevancia debido a su
ubicación entre Colombia y Perú, países que concentran los mayores niveles de producción de cocaína
a escala mundial, de acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito
(UNODC, 2023). A esta condición se suma su acceso al océano Pacífico y la presencia de una
infraestructura portuaria altamente integrada al comercio internacional, elementos que, si bien
favorecen el desarrollo económico, también son aprovechados por organizaciones criminales para
consolidar corredores logísticos destinados al tráfico ilícito de drogas hacia mercados de Norteamérica,
Europa y Asia. En consecuencia, los desafíos de seguridad que enfrenta el Estado ecuatoriano no pueden
comprenderse únicamente desde una perspectiva interna, sino como parte de procesos geopolíticos y
económicos de carácter regional y global que condicionan la formulación de políticas públicas y
estrategias de defensa (Bonilla, 2019).
Paralelamente, la dependencia económica del Ecuador a productos como el petróleo y el comercio
exterior, incrementa la vulnerabilidad del país frente a las fluctuaciones del mercado internacional, las
tensiones geopolíticas y las transformaciones del sistema económico mundial. Estas condiciones
evidencian la estrecha relación existente entre seguridad, economía y geopolítica, ámbitos que
interactúan de manera permanente e influyen tanto en la estabilidad institucional como en la capacidad
del Estado para garantizar el desarrollo nacional y proteger sus intereses estratégicos.