LA ANDRAGOGÍA Y SU PROCESO EDUCATIVO,
RELACIÓN Y DIFERENCIAS CON LA PEDAGOGÍA

ANDRAGOGY AND ITS EDUCATIONAL PROCESS:

RELATIONSHIP AND DIFFERENCES WITH PEDAGOGY

Maylin Estefanía Villamar García

Investigadora independiente

Juan Carlos Punina Arias

Investigadora independiente
pág. 7039
DOI:
https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i4.25660
La andragogía y su proceso educativo, relación y diferencias con la pedagogía

Maylin Estefanía Villamar García
1
maylinestefaniavillamargarcia@gmail.com

https://orcid.org/0009-0005-9038-3897

Investigadora independiente

Ecuador

Juan Carlos Punina Arias

Juancarlos17276@hotmail.com

https://orcid.org/0009-0008-6510-398X

Investigador independiente

Ecuador

RESUMEN

El presente artículo tiene como finalidad analizar los fundamentos teóricos de la andragogía y su relación
con la pedagogía dentro de los procesos formativos. Para ello, se desarrolló una revisión bibliográfica
documental basada en fuentes académicas específicas relacionadas con la educación de adultos y los
enfoques pedagógicos contemporáneos. El análisis permitió distinguir que, aunque ambas disciplinas
comparten la meta de favorecer el aprendizaje y el desarrollo holístico de los estudiantes, presentan
divergencias asociadas a las particularidades, experiencias y niveles de autonomía de los sujetos a
quienes se orientan. Del mismo modo, se constató que la andragogía concibe al estudiante adulto como
un participante activo dentro de su proceso formativo, mientras que la pedagogía mantiene un mayor
enfoque centrado en el docente en las etapas iniciales de aprendizaje. Se determina que ambos enfoques
aportan contribuciones significativas en el ámbito educativo y que su práctica debe responder a las
necesidades particulares de los estudiantes y al entorno en el que se desarrolla el proceso de enseñanza
y aprendizaje.

Palabras clave:
andragogía, pedagogía, educación superior, aprendizaje adulto, procesos educativos.
1
Autor principal
Correspondencia:
maylinestefaniavillamargarcia@gmail.com
pág. 7040
Andragogy and Its Educational Process: Relationship and Differences with

Pedagogy

ABSTRACT

This article aims to analyze the theoretical foundations of andragogy and its relationship with pedagogy

within educational processes. To achieve this objective, a documentary literature review was conducted

based on specific academic sources related to ad
ult education and contemporary pedagogical
approaches. The analysis revealed that, although both disciplines share the goal of promoting learning

and the holistic development of students, they differ in terms of the characteristics, experiences, and

levels
of autonomy of the individuals they address. Likewise, it was found that andragogy conceives the
adult learner as an active participant in the educational process, whereas pedagogy places greater

emphasis on the teacher's role during the early stages of l
earning. It is concluded that both approaches
make significant contributions to the educational field and that their application should respond to the

particular needs of learners and the context in which the teaching
-learning process takes place.
Keywords
: andragogy, pedagogy, higher education, adult learning, teaching-learning process.
Artículo recibido
15mayo 2026
Aceptado para publicación:
23 junio 2026
pág. 7041
INTRODUCCI
ÓN
La andragogía es la ciencia de enseñar y facilitar el aprendizaje dirigido a adultos, diferenciada de la
pedagogía que se enfoca en los niños inicialmente (Alcalá, 1998).

Este planteamiento contempla que los adultos ostentan experiencias preexistentes, autónomas y
motivaciones e intereses propios que hacen una influencia directa dentro de su proceso de aprendizaje,
lo que requiere distintas estrategias educativas a las que son empleadas en la educación infantil. De tal
manera, el aprendizaje del adulto se distingue por su autodirección, la participación activa y la relevancia
de la experiencia previa como eje central del proceso formativo (Torres, Fermín, Arroyo & Piñero,
2000).

Sin embargo, en los diferentes entornos educativos ambos conceptos frecuentemente se utilizan de forma
indiferenciada, lo que provoca ciertas confusiones en la planificación y aplicación de los procesos de
formación.

La ambigüedad conceptual compromete de alguna manera el éxito de los programas de educación
dirigidos a la población adulta, al ser implementados modelos pedagógicos no adecuados para sus
necesidades y características (Moctezuma Baños, 2025).

En este contexto, el presente artículo tiene como objetivo analizar el proceso educativo andragógico y
establecer la relación y diferencias principales con la pedagogía, con el propósito de contribuir a una
mejor comprensión de ambos enfoques en el ámbito educativo.

METODOLOGÍA

El presente estudio se desarrolló bajo un enfoque de revisión bibliográfica documental, centrado en el
análisis de las bases teóricas de la andragogía y su vínculo con la pedagogía en el contexto educativo.
Para el acopio de información se recurrió a artículos científicos, revistas académicas y documentos
especializados extraídos de bases de datos y repositorios de acceso abierto.

La delimitación de las fuentes se realizó valorando criterios de pertinencia temática, actualidad y
relevancia académica. Se jerarquizaron publicaciones comprendidas entre los años 2021 y 2025,
articuladas con autores clásicos y trabajos de referencia que han contribuido al desarrollo epistemológico
de la andragogía. Consecutivamente, la información recopilada fue analizada de manera descriptiva y
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comparativa, posibilitando identificar los principales cimientos, características y diferencias existentes
entre los enfoques pedagógico y andragógico.

1.
Fundamentos teóricos de la andragogía
Para poder entender el proceso educativo andragógico, es necesario revisar a fondo los fundamentos
teóricos en los que se encuentra sustentada la andragogía como disciplina orientada al aprendizaje de
los adultos. La palabra andragogía viene del griego andrós (hombre/adulto) y agogos (guiar); este
término fue popularizado por Malcolm Knowles como el arte de ayudar a los adultos a aprender. La
andragogía ha sido descrita por diferentes investigadores como una ciencia, como un conjunto de
supuestos, como un método, una filosofía, una serie de lineamientos, una teoría y como un proceso de
desarrollo del ser humano (Caraballo Colmenares, 2007).

En la construcción del aprendizaje del adulto, este siempre debe ser asistido por medio de un proceso el
cual le facilite el aprendizaje a través de sus propias experiencias como un punto de inicio para agilizar
y entender la transformación del individuo dentro de su entorno social, partiendo de la estructura
educativa como ser un adulto autónomo en la búsqueda de ampliar sus conocimientos, desarrollando sus
estrategias de aprendizaje, las cuales le permitan poder contribuir al desarrollo cultural y social (Piña,
Rodríguez y Rodríguez, 2016).

Cuando un adulto descubre su capacidad de manejar el aprendizaje como lo hace con distintas
actividades, llega a sentirse motivado para continuar el proceso. Es en este punto donde nace el llamado
principio de horizontalidad, entendido como el momento en que el adulto aprende lo que quiere y cuando
decide hacerlo. Aquí se involucran aspectos importantes como el concepto de sí mismo, al ser capaz de
autodirigirse y también de autocontrolarse, ya que es en este proceso donde su madurez psicológica y
su experiencia se encuentran a la par, dando paso a la intervención del facilitador dentro del proceso de
aprendizaje (Torres, Fermín, Arroyo y Piñero, 2000).

En este contexto, comprender los fundamentos teóricos de la andragogía da paso a reconocer que el
aprendizaje en la etapa adulta necesita de estrategias educativas diferenciadas, las cuales estén centradas
en la autonomía, la participación activa del individuo y la experiencia. Desde este enfoque, la andragogía
no solo facilita la adquisición de conocimientos, sino que a su vez impulsa el desarrollo personal y social
del adulto en cuanto a su proceso formativo, haciéndolo más significativo y, sobre todo, consciente.
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2.
El proceso educativo andragógico
Es importante comprender que, dentro de la educación y especialmente en aquella dirigida a personas
adultas, la motivación constituye un factor fundamental en el proceso de aprendizaje. En este contexto,
debe considerarse la variabilidad interpersonal, entendida como las diferencias individuales que influyen
en los intereses y necesidades de cada sujeto. De esta manera, la motivación surge a partir del interés
personal hacia el tema de estudio y del impulso generado por la práctica docente, elementos que poseen
una gran relevancia dentro del proceso formativo.

El interés, como una variable generada por la motivación, desempeña un papel importante y puede
analizarse desde una perspectiva individual, haciendo énfasis en las necesidades e intereses particulares
de cada estudiante. A su vez, la dimensión situacional se relaciona con la práctica docente y con la
manera en que los contenidos son impartidos. Una asignatura puede generar mayor interés cuando el
facilitador logra integrar diversos recursos y estrategias que favorezcan la comprensión de las temáticas,
permitiendo que el aprendizaje adquiera significado para el estudiante.

Otro elemento relevante dentro del proceso educativo andragógico es la practicidad del aprendizaje,
debido a que los adultos buscan que los conocimientos adquiridos posean una utilidad inmediata en su
vida personal y profesional. Asimismo, los aprendizajes previos constituyen la base para la
incorporación de nuevos conocimientos, ya que estos se construyen a partir de la experiencia y de los
saberes acumulados a lo largo de la vida. En este sentido, la experiencia representa uno de los pilares
esenciales del aprendizaje adulto (Orellana-Puente, 2022).

La autosuficiencia y la autonomía también constituyen aspectos relevantes dentro de la andragogía. En
este punto, el facilitador debe promover que los estudiantes se conviertan en protagonistas de sus propios
procesos de aprendizaje, permitiéndoles establecer objetivos, participar activamente en la toma de
decisiones y desarrollar procesos autodirigidos mediante estrategias flexibles acordes a sus necesidades.

2.1 Participación activa del adulto

Dentro de la andragogía, el adulto debe asumir un papel activo dentro de su proceso formativo y no
actuar como un receptor pasivo del conocimiento. Es decir, debe compartir sus conocimientos y
experiencias, ejecutando interacciones que colaboren al enriquecimiento y construcción compartida del
conocimiento.
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En este sentido, Malcolm Knowles estableció seis supuestos o principios que caracterizan el aprendizaje
del adulto: la necesidad de saber, el autoconcepto del aprendiz, el rol de la experiencia, la disposición
para aprender, la orientación al aprendizaje y la motivación (Gutiérrez Fernández, 2025). Cada uno de
estos puntos posee gran relevancia dentro del proceso educativo andragógico.

Como primer punto, la necesidad de saber se basa en que los adultos necesitan conocer por qué tienen
que aprender algo antes de iniciar el proceso. Mientras que, en segundo lugar, el autoconcepto del
aprendiz se direcciona a que los adultos poseen una necesidad psicológica de ser autodirigidos y
autónomos. Es decir, en este punto el currículo debería fomentar la autogestión y permitir tener voz y
voto dentro del proceso de aprendizaje.

Por su parte, el rol de la experiencia establece que el adulto no solamente es un eje de referencia, sino
también un recurso activo que sirve como base para nuevos aprendizajes. En este sentido, el currículo
debe elaborar espacios para la reflexión y el análisis que mantengan conexión con los nuevos contenidos.

En cuarto lugar, la disposición para aprender se relaciona con la predisposición del adulto para adquirir
conocimientos que le permitan enfrentar de mejor forma las diversas problemáticas o situaciones de la
vida real. La disposición se activa a partir de la importancia inmediata que el aprendizaje tenga para el
individuo.

Como penúltimo punto, la orientación del aprendizaje se centra en la resolución de problemas más que
en la adquisición de contenidos teóricos. Es por ello que el currículo debe encaminarse hacia desafíos y
aplicaciones prácticas.

En relación con la motivación, esta constituye uno de los motores principales del aprendizaje. Si bien
pueden existir diferentes incentivos, la fuerza principal del aprendizaje se encuentra en la motivación
intrínseca; esto quiere decir el deseo de crecimiento personal, la autorrealización y la búsqueda de una
mejor calidad de vida (Gutiérrez Fernández, 2025).

Según Knowles, uno de los principales referentes de la teoría educativa para adultos, el plan de estudios
se estructura por medio de las necesidades e intereses de los estudiantes. En este modelo, los manuales
y los docentes pasan a ocupar un segundo plano, interviniendo principalmente como un soporte
secundario. Es así que el diseño curricular debe girar en torno a los intereses de los participantes.
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De esta manera, cada adulto puede experimentar situaciones particulares relacionadas con su edad,
trabajo, entorno familiar, recreación o vida en comunidad, entre otros factores. En este punto inicia su
proceso educativo; por ello, un currículo andragógico debe enfocarse más allá de la simple adaptación
de contenidos, incorporando de forma integral los principios y supuestos de la andragogía.

2.2 Experiencia y rol del facilitador andragógico

La experiencia previa del adulto representa un elemento esencial en el proceso de enseñanza y
aprendizaje en la educación andragógica. Es decir, los estudiantes adultos no inician de cero, sino que
poseen conocimientos, vivencias y saberes acumulados en el transcurso de su vida personal, social y
profesional. Por esta razón, el aprendizaje se enriquece cuando dichas experiencias se incorporan como
base para la construcción de nuevos conocimientos, permitiendo que el proceso educativo tenga mayor
significancia y se encuentre mejor contextualizado.

Por otra parte, el rol del facilitador andragógico está alejado del modelo tradicional centrado en la
transmisión de conocimientos. En su lugar, el facilitador actúa como guía y mediador del aprendizaje,
promoviendo la participación activa del estudiante adulto. Su rol principal consiste en orientar el proceso
formativo, seleccionando estrategias adecuadas y generando un ambiente de aprendizaje que favorezca
la interacción y el desarrollo autónomo del participante (Hernández Bernal, 2022).

En este contexto, resaltan las metodologías activas, como el estudio de casos, las cuales permiten
vincular la teoría con situaciones reales. Este tipo de estrategias favorecen el análisis, la toma de
decisiones y la resolución de problemas, promoviendo un aprendizaje práctico y significativo. De
acuerdo con Hernández Bernal (2022), las estrategias didácticas bajo el enfoque andragógico fortalecen
el desempeño del facilitador al facilitar procesos de aprendizaje más participativos y contextualizados.
De esta manera, el facilitador contribuye a que el estudiante adulto desarrolle habilidades aplicables a
su contexto personal, profesional y social.

3.
Relación y diferencias entre andragogía y pedagogía
La pedagogía y la andragogía se encuentran en estrecha relación dado a que ambas procuran el propósito
de facilitar el aprendizaje y propiciar el desarrollo integral de los estudiantes. Aunque tradicionalmente
han sido abordadas como enfoques diferenciados, comparten fundamentos orientados a la construcción,
transmisión y aplicación del conocimiento dentro de los procesos educativos. Históricamente, la
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pedagogía ha constituido el modelo predominante en los diferentes niveles de enseñanza, sustentándose
en la interacción entre docentes y estudiantes como eje central del proceso formativo (Quevedo Arnaiz
et al., 2021). Pese a ello, la expansión de la educación superior y de los programas dirigidos a personas
adultas pusieron en manifiesto, la necesidad de considerar las particularidades de este grupo poblacional,
caracterizado por poseer experiencias previas, autonomía en la toma de decisiones y capacidad crítica
frente al conocimiento. Estos componentes permitieron reconocer que los adultos aprenden de forma
distinta a los niños y adolescentes, por lo que tuvo origen la necesidad de desarrollar enfoques educativos
en condiciones de responder a sus necesidades específicas. Bajo esta perspectiva, la andragogía se
consolidó como una disciplina orientada a comprender y facilitar los procesos de aprendizaje de las
personas adultas, ampliando las perspectivas educativas tradicionales y complementando los aportes de
la pedagogía (Samayoa Juárez de Conde et al., 2023).

Aunque ambas disciplinas convergen en el objetivo de facilitar el aprendizaje, difieren principalmente
en las características del sujeto al que se dirigen y en la forma en que se desarrolla el proceso educativo.
Tanto los niños como los adultos presentan formas particulares de aprendizaje que responden a
diferentes necesidades y características. En el caso de los niños, el proceso educativo suele desarrollarse
bajo una mayor orientación y dirección por parte del docente, quien establece los objetivos, contenidos
y estrategias de enseñanza. Por el contrario, la andragogía se enfoca en facilitar los procesos de
aprendizaje de las personas adultas, reconociendo su capacidad de participación, reflexión y toma de
decisiones dentro de su formación. En este sentido, mientras la pedagogía se caracteriza por una
organización más vertical del aprendizaje, la andragogía promueve una relación horizontal entre el
facilitador y el participante, favoreciendo la participación activa, la autogestión y el desarrollo del
pensamiento crítico. Estas diferencias permiten comprender que, aunque ambas disciplinas persiguen
fines educativos comunes, responden a las particularidades propias de cada etapa del desarrollo humano
(Castillo Silva, 2024).

Una de las diferencias más trascendentes entre la pedagogía y la andragogía se encuentra en el grado de
autonomía, la relevancia de las experiencias previas y las fuentes de motivación que impulsan el
aprendizaje. Mientras que en la pedagogía el estudiante suele depender en mayor medida de la
orientación del docente, en la andragogía el adulto participa activamente en la planificación y desarrollo
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de su proceso formativo. Según Moctezuma Baños (2025), el aprendizaje adulto se caracteriza por una
mayor participación del estudiante y por la facultad de integrar experiencias previas dentro del proceso
de construcción del conocimiento. En consecuencia, el aprendizaje adulto se apoya en conocimientos y
experiencias integradas a lo largo de la vida, las cuales constituyen una base fundamental para la
adquisición de nuevos saberes. En este escenario, el facilitador andragógico tiene la responsabilidad de
diseñar y orientar experiencias de aprendizaje idóneas que potencien la motivación, la reflexión crítica
y la autogestión del participante. De manera análoga, la motivación adquiere un papel determinante, ya
que el aprendizaje adulto suele estar vinculado a necesidades personales, académicas y profesionales
concretas, por lo que la falta de autonomía o de significado en el proceso formativo puede potenciar el
riesgo de desmotivación y abandono.

La selección entre un enfoque pedagógico o andragógico no debe entenderse como una elección entre
modelos disímiles, sino como una respuesta a las características y necesidades de cada estudiante. De
acuerdo con Moctezuma Baños (2025), tanto la pedagogía como la andragogía proveen elementos
valiosos al proceso educativo, por lo que su aplicación debe responder al contexto y a las condiciones
de los estudiantes. La pedagogía resulta especialmente idónea en las etapas iniciales de formación, donde
el docente asume un papel central en la orientación y organización del aprendizaje. Por su parte, la
andragogía responde a las particularidades de los estudiantes adultos, quienes requieren mayores
espacios de participación, autonomía y aplicación práctica de los conocimientos. En virtud de ello, la
implementación de estrategias acordes con la edad, experiencia y nivel de independencia del aprendiz
promueve procesos educativos más trascendentes y efectivos, posibilitando una mejor adaptación a las
demandas académicas, profesionales y sociales de cada etapa de la vida. Bajo este marco, ambos
enfoques poseen fortalezas distintivas que deben ser contempladas al momento de diseñar vivencias
educativas orientadas al desarrollo integral del estudiante.
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Tabla 1. Comparación entre pedagogía y andragogía

Aspecto
Pedagogía Andragogía
Sujeto de aprendizaje
Niños y adolescentes Personas adultas
Rol del docente
Instructor, guía y transmisor del
conocimiento

Facilitador y orientador del
aprendizaje

Participación del estudiante
Más dependiente de la dirección
docente

Activa y participación

Autonomía
Limitada y en desarrollo Elevada y autodirigida
Experiencia previa
Menor relevancia en el proceso
formativo

Constituye un recurso
fundamental para el aprendizaje

Motivación
Frecuentemente influenciada
por factores externos

Vinculada a necesidades
personales, académicas y
profesionales

Organización del aprendizaje
Predominantemente vertical Predominantemente horizontal
Aplicación del conocimiento
Orientada a la adquisición de
conocimientos básicos y
progresivos

Orientada a la resolución de
problemas y aplicación práctica

Finalidad educativa
Desarrollo de capacidades y
conocimientos durante etapas
iniciales de formación

Desarrollo personal, profesional
y social a lo largo de la vida

A partir de las diferencias planteadas, se constata que la pedagogía y la andragogía integran enfoques
educativos con características distintivas que responden a las demandas de distintos grupos de
estudiantes. Pese a ello, ambas disciplinas comparten el objetivo de favorecer el aprendizaje y el
desarrollo integral de la persona. Por consiguiente, más que plantearse como modelos excluyentes,
deben entenderse como enfoques interdependientes cuya aplicación dependerá del contexto educativo,
la etapa de desarrollo y las particularidades específicas de los aprendices.
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CONCLUSIONES

La presente revisión bibliográfica permitió conceptualizar que la pedagogía y la andragogía conforman
paradigmas educativos esenciales dentro de los procesos de enseñanza y aprendizaje. Si bien ambas
disciplinas comparten la misión de favorecer la adquisición de conocimientos y el desarrollo integral de
los estudiantes, presentan dimensiones diferenciadas que responden a las necesidades, experiencias y
niveles de autonomía propios de cada etapa formativa.

Del análisis realizado emerge que la pedagogía mantiene una especial adecuación en los procesos
educativos dirigidos a niños y adolescentes, en los cuales la orientación docente desempeña un rol
trascendental en la construcción del aprendizaje. Por su parte, la andragogía reconoce al estudiante
adulto como un sujeto activo, autónomo y con la capacidad de integrar sus experiencias previas en la
generación de nuevos conocimientos, promoviendo de esta manera procesos formativos más
participativos y contextualizados.

En última instancia, se concluye que la pedagogía y la andragogía no deben plantearse como modelos
disyuntivos, sino más bien como enfoques sinérgicos cuya aplicación debe responder a las características
particulares de los estudiantes y a los lineamientos de cada contexto educativo. En suma, la apropiada
integración de estos enfoques puede aportar al fortalecimiento de prácticas educativas más maleables,
pertinentes y orientadas al desarrollo integral de la persona.

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