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La ciberguerra y la guerra electrónica, por otro lado, rediseñan el dominio marítimo mediante la
interrupción de comunicaciones, radares y sistemas de navegación, haciendo que el control del espacio
marítimo sea también un combate en el plano digital. Así, el futuro del dominio marítimo está
definitivamente construido por una combinación de poder naval tradicional y nuevas capacidades
tecnológicas que redefinen no solo cómo se lucha sino también cómo se sostiene la hegemonía en el
mar.
El dominio marítimo frente a la amenaza de los crímenes azules
A través de la historia de la humanidad, el mar ha sido concebido de varias formas. De manera épica y
de poder, “el mar no es agua, es el espejo que separa continentes, la fuerza que mueve imperios, quien
lo entiende, entiende el mundo y quien lo domina escribe su historia”. Desde el punto de vista del poder
naval, “Quien domina el mar, domina el comercio. Quien domina el comercio, domina el mundo”,
Alfred Thayler Maham (1890). Pero también de forma negativa, como una provincia anárquica, o la
mayor escena del crimen del mundo (Stavridis, 2017). En este último sentido, el mar no solo es un
espacio de comercio, transporte, progreso, sino también un escenario donde ocurren delitos graves,
actividades ilegales relacionadas íntimamente con los océanos, como la piratería, actividad criminal
que ha transitado con la historia de la humanidad, pesca ilegal, tráfico de personas, tráfico de drogas y
sus delitos conexos, conocidos como “crímenes azules” que afecta a la seguridad internacional, la
economía global, seguridad de los estados y de forma transversal al medio ambiente, desafiando a lo
que hoy día se conoce como el “buen orden del mar” (Till,2004). Fuentes de inestabilidad generadoras
de disputas territoriales y de soberanía entre estados y con terceros actores como las organizaciones
criminales-narco terroristas, que busca el control del mar y sus rutas comerciales.
Esta nueva dinámica del crimen organizado está azotando al mundo, sin resultados de éxito total en la
guerra contra el terrorismo y menos aún contra el narcoterrorismo, al ser una amenaza invisible, que no
tiene objetivos claros, calificados por parte por algunos Gobierno como organizaciones terroristas y
actores no estatales beligerantes, por el cometimiento de delitos graves que atentan contra el orden y
la seguridad del estado y de la sociedad, con el propósito de interferir o desorganizar gravemente las
instituciones del gobierno, la economía o la estructura social del país; forzar a las autoridades del
gobierno a tomar ciertas acciones o a evitar tomarlas mediante el uso de la violencia o la amenaza;