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EL ORDEN MULTIPOLAR Y LA RED DE
CIUDADES GLOBALES: UNA VISIÓN DESDE
AMÉRICA LATINA
THE MULTIPOLAR ORDER AND THE NETWORK OF
GLOBAL CITIES: A PERSPECTIVE FROM LATIN AMERICA
Adolfo Enrique Saldivar Cazales
Universidad Autónoma del Estado de Morelos
Ricardo Gómez Maturano
Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura ESIA

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DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i5.25839
El orden multipolar y la red de ciudades globales: una visión desde
América Latina
Adolfo Enrique Saldivar Cazales1
adolfo.saldivar@uaem.mx
https://orcid.org/0000-0002-9413-7379
Instituto Politécnico Nacional, Universidad
Autónoma del Estado de Morelos
Ricardo Gómez Maturano
rgomezma@ipn.mx
https://orcid.org/0000-0002-8027-8648
Instituto Politécnico Nacional. Escuela Superior
de Ingeniería y Arquitectura ESIA unidad
Tecamachalco
RESUMEN
Desde finales del siglo XX, la noción de ciudad global ha operado como un dispositivo discursivo que
legitima un modelo hegemónico de articulación espacial orientado a concentrar el poder económico en
un conjunto reducido de ciudades del Norte Global. Sin embargo, esta categoría ha sido poco
cuestionada respecto a su limitada capacidad para explicar la transición hacia un orden multipolar, sobre
el cual existe una literatura aún en desarrollo. Por ello, el estudio analiza la reconfiguración de la
estructura urbana global e identifica desplazamientos relativos asociados con nuevos polos económicos.
Metodológicamente, se integran dos análisis geoespaciales mediante Sistemas de Información
Geográfica (SIG): una comparación longitudinal de las clasificaciones GaWC de 2016 a 2024 y un
clúster multivariado construido con indicadores demográficos, económicos, comerciales, militares y
geopolíticos. Los resultados muestran la permanencia del núcleo occidental, ascensos concentrados en
ciudades asiáticas, especialmente chinas, y trayectorias heterogéneas en América Latina. El
agrupamiento multivariado sugiere un espacio económico articulado por varios centros de poder. Estos
hallazgos permiten una lectura crítica del sistema urbano mundial y muestran que la noción de ciudad
global conserva utilidad para estudiar la conectividad corporativa, pero resulta insuficiente para explicar
por sí sola la reorganización geopolítica contemporánea.
Palabras clave: ciudad global, orden multipolar, red urbana, análisis geoespacial, América Latina
1 Autor principal
Correspondencia: adolfo.saldivar@uaem.mx

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The multipolar order and the network of global cities: a perspective from
Latin America
ABSTRACT
Since the late 20th century, the notion of the global city has functioned as a discursive device
legitimizing a hegemonic model of spatial organization aimed at concentrating economic power within
a select group of cities in the Global North. However, this category has rarely been challenged regarding
its limited capacity to explain the transition toward a multipolar order—a subject on which the literature
is still evolving. Consequently, this study analyzes the reconfiguration of the global urban structure and
identifies relative shifts associated with emerging economic poles. Methodologically, the study
integrates two geospatial analyses using Geographic Information Systems (GIS): a longitudinal
comparison of GaWC rankings from 2016 to 2024 and a multivariate clustering analysis based on
demographic, economic, trade, military, and geopolitical indicators. The results reveal the persistence
of the Western core, a concentration of upward shifts among Asian cities—particularly in China—and
heterogeneous trajectories across Latin America. The multivariate clustering suggests an economic
space structured around multiple centers of power. These findings enable a critical interpretation of the
global urban system, demonstrating that while the concept of the global city remains useful for studying
corporate connectivity, it is insufficient on its own to explain contemporary geopolitical reorganization.
Keywords: global city, multipolar order, urban network, geospatial analysis, Latin America
Artículo recibido 06 septiembre 2026
Aceptado para publicación: 07 octubre 2026

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INTRODUCCIÓN
Sassen (1991) sostiene que la globalización modificó las dinámicas urbanas desde la década de 1980,
dando lugar a redes jerárquicas articuladas por flujos financieros y conexiones digitales. Sobre este
fundamento, formula el concepto de ciudad global como un dispositivo analítico que clasifica a las
ciudades en función de su centralidad económica y su inserción estratégica en la economía mundial. De
acuerdo con diversos autores (Khanna, 2016; Parnreiter, 2019), esta noción cumple una función
ideológica al privilegiar los flujos económicos, establecer jerarquías urbanas y legitimar la supremacía
de ciertas ciudades del Norte Global como referentes dominantes del orden espacial económico
internacional. Desde esta perspectiva, la lectura del sistema urbano mundial construida sobre la idea de
ciudad global ha sido promovida y reforzada principalmente por centros de investigación occidentales,
en particular por el Globalization and World Cities Research Network (GaWC), a través de autores
como Beaverstock, Derudder, Neal, Smith, Taylor, Witlox e incluso la propia Sassen, cuyas
investigaciones se orientan a reproducir una geografía económica liderada por determinados nodos que
dirigen la economía espacial bajo la lógica del capital transnacional, entre ellos Nueva York, Londres y
Tokio como vértices del sistema financiero internacional. Sin embargo, en la actualidad esta categoría
analítica carece de capacidad explicativa frente al proceso de transición hacia un orden internacional
multipolar en el que, según Dugin (2015), Dalio (2022) y Todd (2024), el ascenso de China, Rusia, India
y países del Este Asiático promueve transformaciones económicas, tecnológicas y geoestratégicas que
configuran nuevos polos de influencia.
En este contexto, el surgimiento y ascenso de nuevas centralidades espaciales en el Sur Global no pueden
explicarse únicamente en función de los flujos financieros o la concentración de servicios especializados
al productor, considerados los principales indicadores del enfoque clásico del GaWC. Según los
planteamientos de multipolaridad propuestos por Dugin (2015), Dalio (2022) y Todd (2024), es
necesario construir una visión más integral que incorpore variables asociadas a la reconfiguración del
espacio económico contemporáneo, tales como el fortalecimiento de las cadenas globales de valor, la
consolidación de instituciones financieras alternativas, la expansión de infraestructuras digitales y de
inteligencia artificial, así como el renovado protagonismo del Estado-nación en la regulación del
mercado, entre otros factores que en conjunto modifican los patrones de inserción urbana en la economía

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mundial. En consecuencia, más que un simple reemplazo de nodos dentro de la estructura jerárquica
existente, el siglo XXI muestra una transformación en las lógicas que organizan el espacio económico
global, desplazando los esquemas urbanos definidos desde el punto de vista hegemónico.
Bajo esta premisa, la investigación se desarrolla a partir de dos objetivos analizados en SIG con variables
cuantitativas. El primero consiste en identificar las variaciones en la red de ciudades globales,
comparando longitudinalmente los rankings GaWC entre 2016 y 2024, lo que permite observar el
desplazamiento de ciudades del Norte Global frente al ascenso económico de países del Sur Global. El
segundo objetivo busca localizar y visualizar la reorganización espacial vinculada a la expansión
económica y estratégica de China, Rusia, India y países del Este Asiático, empleando el algoritmo de
clúster multivariado construido con base en una matriz que integra indicadores de carácter geopolítico.
El contraste territorial de ambos resultados sugiere que la reconfiguración del espacio económico global
se estructura en torno a múltiples polos de poder cuya influencia transforma los patrones urbanos a
escala mundial y da lugar a una geografía multipolar.
El texto se organiza en tres secciones: en la primera parte se examinan los fundamentos y tensiones
históricas de la noción de ciudad global. En el segundo apartado se desarrolla la metodología de análisis
espacial compuesta por una comparación longitudinal de los ascensos y descensos en la clasificación
GaWC entre 2016 y 2024, junto con un análisis geoespacial de patrones emergentes vinculados a la
configuración multipolar del espacio económico mundial. Finalmente, se presenta un apartado de
discusión y conclusiones para profundizar en los hallazgos y así ofrecer una lectura crítica del sistema
urbano global contemporáneo.
Marco teórico
La ciudad global como artefacto discursivo hegemónico
Para obtener una lectura más amplia del sistema urbano mundial construido en torno al concepto de
ciudad global, resulta necesario situar históricamente su desarrollo y los procesos que posibilitaron su
consolidación como marco interpretativo dominante para el análisis y estudio del espacio económico
internacional. En este sentido, Friedmann y Wolff (1982) y posteriormente Friedmann (1986) indican
que los procesos de globalización iniciados en la década de 1980 reorientaron el papel de las ciudades
en la economía mundial y reconfiguraron su composición funcional y productiva. En esta línea, Sassen

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(1991) argumenta que la intensificación de los flujos financieros, la expansión de las telecomunicaciones
digitales y la integración corporativa generaron un orden espacial en el que ciertas geografías a las que
conceptualizó como ciudades globales adquirieron funciones estratégicas en la organización de la
economía planetaria. Según la autora, en la década de 1990 urbes como Nueva York, Londres y Tokio
se posicionaron como nodos de dirección y comando en la economía global debido a su capacidad para
coordinar operaciones financieras y concentrar funciones de servicios avanzados al productor, tales
como consultoría especializada, telecomunicaciones y operaciones transnacionales. Estas ciudades no
solo almacenaban infraestructura financiera y tecnológica, sino que también operaban como espacios
donde se materializaba la gestión del sistema corporativo mundial, desplazando gradualmente al sector
industrial como principal motor de la economía.
Con el paso del tiempo, estas funciones se consolidaron y dieron lugar a estructuras urbanas altamente
especializadas. En este marco, Taylor (1995) retoma la idea de Sassen (1991) sobre la ciudad global y
desarrolla un enfoque sistemático orientado a evaluar la inserción de las ciudades en la economía
mundial. El autor plantea que estas urbes funcionaban como nodos interdependientes dentro de una red
urbana global, cuya jerarquización dependía principalmente de su grado de integración al sistema
financiero global y de su nivel de concentración de servicios avanzados al productor. Con el propósito
de sistematizar este modelo, Taylor impulsa en 1998, en colaboración con Beaverstock, Derudder, Neal,
Sassen, Smith y Witlox, la fundación del GaWC con el objetivo de institucionalizar el análisis y la
categorización de las ciudades mediante indicadores de conectividad global, sobre los cuales se elaboran
rankings que clasifican a las urbes en tres categorías alfa, beta y gama, de acuerdo a su posición relativa
dentro del sistema urbano global (GaWC, 2010).
Bajo esta lógica, Sassen (2012) señala que el aumento de la densidad corporativa e institucional, así
como la expansión de los mercados financieros transnacionales reforzaron el carácter global de algunas
geografías al convertirlas en puntos estratégicos de control del capital, propiciando profundas asimetrías
territoriales. De tal manera que mientras un conjunto limitado de ciudades concentraba el liderazgo
económico, amplias regiones quedaban sistemáticamente relegadas a posiciones subordinadas dentro de
la economía mundial, tal como lo expresan los diferentes rankings de ciudades globales divulgados por
el GaWC desde el año 1998. En este sentido, Khanna (2016, 2019) y Parnreiter (2019) exponen que este

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proceso ha contribuido a construir una representación del espacio económico global desde una
perspectiva urbana profundamente jerarquizada que promueve un orden hegemónico como referente de
la modernización económica y del desarrollo urbano.
No obstante, en la actualidad el concepto de ciudad global continúa posicionándose como una categoría
analítica dominante en los debates científicos. Su premisa centrada en los flujos financieros y en la
concentración de servicios avanzados como criterio fundamental de jerarquía urbana, ha ofrecido
durante décadas una explicación estructural de la integración territorial en el capitalismo global.
Diversos autores (Khanna, 2016, 2019; Graham, 2016; Parnreiter, 2019; Brenner, 2019) han subrayado
que esta definición no solo posee un componente descriptivo, sino también una marcada dimensión
epistémica e ideológica.
De manera específica, Khanna (2016, 2019) y Graham (2016) sostienen que el mapa global de
interconexiones urbanas ha experimentado profundas transformaciones que el modelo de ciudad global
no logra describir actualmente. Para los autores, el dinamismo económico en Asia, la emergencia de
redes regionales y la expansión de corredores comerciales transfronterizos cuestionan la validez de una
lectura centrada exclusivamente en flujos financieros o servicios especializados. Asimismo, indican que
la organización del poder urbano contemporáneo responde a una lógica policéntrica en la que múltiples
ciudades del Sur Global se posicionan como nodos relevantes de integración productiva, innovación y
articulación geoestratégica. A su vez, Parnreiter (2019) y Brenner (2019) refieren que la noción de
ciudad global cristalizó una narrativa que legitima la primacía del Norte Global, al situar a un conjunto
reducido de ciudades occidentales como centros de comando económico. Desde su perspectiva, dicha
categoría no describe únicamente un proceso urbano, sino que organiza una visión del mundo en la que
las dinámicas del capitalismo se presentan como universales, invisibilizando la diversidad de
trayectorias urbanas desarrolladas en otras regiones del mundo.
A manera de síntesis, puede observarse que diversos estudios (Khanna, 2016, 2019; Graham, 2016;
Parnreiter, 2019; Brenner, 2019) coinciden en señalar que la interpretación del entramado urbano
transnacional basada en el supuesto de la ciudad global ha consolidado la visión de una arquitectura
jerarquizada, sustentada en las dinámicas de centralización económica y dependencia funcional, lo que
evidencia que la globalización no solo reforzó la prominencia de determinados lugares, sino que también

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afianzó un sistema urbano mundial concebido bajo parámetros occidentales. Ahora bien, pese a la amplia
influencia que este modelo ha ejercido en los debates académicos, algunos enfoques (Parnreiter, 2019;
Brenner, 2019) refieren que sus fundamentos teóricos se encuentran estrechamente ligados a las lógicas
del capitalismo financiero, el cual privilegia la concentración del poder económico en un número
limitado de ciudades. En particular, Parnreiter (2019) subraya que esta narrativa urbana reproduce una
visión sesgada de la globalización al apoyarse predominantemente en indicadores financieros y
corporativos, dejando fuera otras dinámicas productivas, tecnológicas, políticas y territoriales que
desempeñan un rol determinante en la formación de nuevas centralidades. En el mismo sentido,
(Brenner, 2019) sugiere que la noción de ciudad global es un dispositivo epistemológico que define qué
es visible y legible como urbano global, enfatizando la hegemonía de las ciudades occidentales.
En el escenario contemporáneo, la consolidación de nuevos polos económicos como China, Rusia, India
y diversos países del Este Asiático pone en cuestión el modelo del sistema urbano mundial sustentado
en el concepto de ciudad global. En términos teóricos, Dugin (2015) plantea que la configuración del
sistema internacional está experimentando una transición hacia un orden multipolar, en el cual múltiples
civilizaciones, regiones y bloques geopolíticos disputan la influencia global. Bajo esta óptica, la
narrativa de la ciudad global puede utilizarse como un instrumento ideológico asociado al orden unipolar
liderado por Estados Unidos, mismo que resulta insuficiente para explicar la diversidad de trayectorias
urbanas que emergen fuera del eje atlántico (Dugin, 2015; Brenner, 2019).
Por su parte, Dalio (2022) desde una perspectiva económica sostiene que el liderazgo económico y
financiero estadounidense se encuentra en un proceso de declive estructural frente al ascenso de China
como una potencia que articula estrategias económicas de largo plazo basadas en la innovación
industrial, la planificación estatal y la expansión tecnológica. Este proceso, de acuerdo con el autor ha
desplazado el centro de gravedad económico incidiendo directamente en la reorganización de la
estructura económica mundial, al favorecer la emergencia de nuevos polos productivos y tecnológicos,
configurando así una red de múltiples centros de influencia. Asimismo, Todd (2024), bajo una
aproximación cualitativa argumenta que la redistribución del poder industrial hacia Asia constituyó un
cambio sistémico que reconfiguró la estructura del capitalismo global y modificó los vínculos entre
regiones, actores estatales y centros urbanos. Para el autor, el orden económico mundial ya no se

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organiza exclusivamente alrededor de las metrópolis tradicionales, sino que incorpora nuevos polos que
emergen de modelos de desarrollo alternativos y consolidan nuevas áreas de influencia.
Cabe destacar, que estas investigaciones (Dugin, 2015; Dalio, 2022; Todd, 2024) convergen al señalar
que, para construir una visión más amplia de la estructura económica y territorial actual resulta
indispensable considerar variables geopolíticas, tecnológicas y productivas que permitan explicar
fenómenos como la consolidación de cadenas globales de valor, la expansión de infraestructuras
digitales, el desarrollo de la inteligencia artificial, la planificación estatal y los procesos de
reorganización industrial. En este sentido, la lectura del sistema urbano mundial contemporáneo no
puede interpretarse únicamente a partir de los indicadores desarrollados por el enfoque clásico del
GaWC. Si bien los flujos financieros y la presencia de firmas de servicios avanzados continúan siendo
relevantes, no son suficientes para ofrecer un panorama integral de la articulación del espacio económico
del siglo XXI.
Por lo tanto, la lectura del sistema urbano global debe incorporar lógicas financieras y formas
emergentes de poder territorial. La representación jerárquica propuesta por la narrativa de la ciudad
global de Sassen (1991) y la categorización de ciudades de Taylor (1995) no logra integrar la
complejidad contemporánea de un orden multipolar caracterizado por múltiples centros de gravedad
económica. Las transformaciones experimentadas en Asia, Medio Oriente y América Latina apuntan un
cambio estructural en la articulación del espacio económico en donde se consolidan áreas de influencia
multipolares que desafían la visión hegemónica construida desde Occidente (Dugin, 2015; Dalio, 2022;
Todd, 2024). Bajo este marco de referencia, se plantea que el concepto de ciudad global más que una
categoría descriptiva se ha constituido como un discurso que legitima una visión parcial del mundo
urbano al ubicar a un número reducido de ciudades como referentes universales del desarrollo. Este
sesgo epistemológico limita la comprensión de procesos actuales en los que ciudades emergentes
desempeñan funciones cruciales en la producción tecnológica, la logística regional, las cadenas de
suministro y la articulación geoestratégica (Khanna, 2016, 2019; Graham, 2016; Parnreiter, 2019;
Brenner, 2019).
Por consiguiente, la interpretación de la reconfiguración del sistema urbano contemporáneo requiere un
marco teórico que trascienda la narrativa tradicional de la ciudad global y adopte una perspectiva más

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amplia, capaz de integrar las dinámicas propias del orden multipolar. Según los planteamientos de Dugin
(2015), Dalio (2022) y Todd (2024), el análisis del sistema internacional económico y político demanda
considerar variables que amplíen su alcance explicativo y permitan aproximarse con mayor profundidad
a la transición entre una estructura espacial hegemónica y una configuración caracterizada por múltiples
áreas de influencia. En este mismo sentido, los planteamientos de Khanna (2016, 2019), Graham (2016),
Parnreiter (2019) y Brenner (2019) coinciden en cuestionar la vigencia del concepto de ciudad global
como artefacto y sostén de un sistema urbano mundial establecido desde una visión hegemónica.
METODOLOGÍA
El objeto de estudio es examinar la reconfiguración del sistema urbano global en el contexto de la
transición hacia un orden multipolar. El análisis parte de los planteamientos de diversos trabajos
(Khanna, 2016, 2019; Graham, 2016; Parnreiter, 2019; Brenner, 2019) los cuales sugieren que las
dinámicas contemporáneas que estructuran el espacio económico global no pueden interpretarse
exclusivamente desde un modelo urbano centrado en la jerarquización financiera y corporativa como lo
plantea Sassen (1991, 2012) y Taylor (1995), sino que requiere aproximaciones que integren
dimensiones geopolíticas, demográficas, macroeconómicas y territoriales (Dugin, 2015; Dalio, 2022;
Todd, 2024). En este sentido, el trabajo articula dos procesos geoespaciales mediante SIG, bajo un
diseño no experimental con enfoque cuantitativo.
Fase 1: Comparación longitudinal de las clasificaciones GaWC
En esta etapa se obtuvieron las clasificaciones publicadas por el GaWC 2016, 2018, 2020, 2022 y 2024,
correspondientes a los cortes disponibles durante el periodo de estudio. A partir de esta serie se
construyó una base de datos que incorpora el nombre de cada ciudad, su categoría dentro de los niveles
Alpha, Beta y Gamma, su posición jerárquica y sus coordenadas geográficas. Posteriormente, se
homologaron las denominaciones de las ciudades y los registros se integraron en una capa de puntos
mediante SIG. Para representar la variación acumulada del periodo, la comparación cartográfica se
realizó entre los cortes inicial y final, correspondientes a 2016 y 2024. La variación en la posición de
las ciudades se calculó mediante la expresión Δr = r₂₀₁₆ − r₂₀₂₄, donde un valor positivo indicó ascenso,
uno negativo representó descenso y cero señaló permanencia. Finalmente, se elaboró un mapa sintético
de las variaciones registradas entre 2016 y 2024 (Figura 1), mediante símbolos diferenciados por color

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y tamaño según rangos de variación ordinal. El valor cero se incluyó en el intervalo de −10 a 0, sin
establecer una categoría independiente. Esta representación muestra la movilidad relativa de las
ciudades dentro de la clasificación GaWC y no las variaciones absolutas en su conectividad.
Fase 2: Análisis de clúster geopolítico
En la segunda fase, se consideró como unidad espacial de análisis el Estado-nación. En primer lugar, se
seleccionaron países pertenecientes a tres conjuntos geopolíticos y regionales: OTAN, BRICS y
América Latina. Una vez delimitados estos conjuntos y con base en los planteamientos teóricos de Dugin
(2015), Dalio (2022) y Todd (2024), se definieron dimensiones asociadas con factores demográficos,
culturales, económicos y geopolíticos. A partir de estas se establecieron once indicadores: civilización,
edad mediana, fertilidad, secularización, deuda pública respecto del PIB, crecimiento del crédito,
inversión extranjera directa per cápita, comercio no occidental, gasto militar como porcentaje del PIB,
participación en redes comerciales y comercio con Occidente. Los datos se obtuvieron de World
Development Indicators del Banco Mundial y World Economic Outlook del Fondo Monetario
Internacional. Con esta información se integró la matriz utilizada para examinar la configuración de los
países en el contexto del orden multipolar. Mediante SIG, los campos cuantitativos fueron procesados
con la herramienta Multivariate Clustering, que agrupó los países según la similitud conjunta de sus
características. El número de clústeres no se estableció previamente, sino que fue determinado a partir
de la estructura multivariada de los datos. El procedimiento generó cinco agrupamientos en el conjunto
general y cuatro en el estudio específico de BRICS. Posteriormente, fueron cartografiados y
caracterizados de acuerdo con los rasgos predominantes de sus integrantes. Las denominaciones
asignadas corresponden a categorías analíticas establecidas a partir de esta caracterización y no a
clasificaciones generadas automáticamente por la herramienta. Debido al carácter exploratorio del
estudio, los clústeres obtenidos se utilizaron para reconocer patrones de diferenciación espacial y
contrastados con los planteamientos teóricos de la investigación.
Estrategia de integración
La integración de los resultados se realizó mediante un análisis comparativo de su distribución espacial,
relacionando los cambios en la clasificación GaWC registrados en el periodo 2016 - 2024 con los
agrupamientos de Estados identificados mediante Multivariate Clustering. Dicho procedimiento permite

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examinar la correspondencia territorial entre las variaciones observadas en la jerarquía de ciudades
globales y la configuración geopolítica obtenida a escala estatal. Debido a que ambas fases emplean
unidades espaciales distintas —ciudad y Estado-nación—, el contraste se realiza en términos espaciales
y contextuales, sin establecer relaciones estadísticas directas entre las bases de datos. Por tanto, la
pertenencia de un Estado a determinado clúster no se considera un factor explicativo de la trayectoria
de sus ciudades, sino un referente para identificar convergencias y diferencias territoriales entre ambas
escalas de análisis. El diseño adquiere así un carácter exploratorio que permite formular hipótesis sobre
la relación entre la reconfiguración de la red de ciudades globales y los patrones geopolíticos observados
a escala estatal, susceptibles de ser evaluadas mediante medidas de conectividad absoluta y modelos
multinivel.
RESULTADOS
Transformaciones de la red de ciudades globales entre 2016 y 2024
La comparación longitudinal de las clasificaciones GaWC permitió identificar cambios en la posición
jerárquica de las ciudades globales durante el periodo 2016–2024. Su representación cartográfica
muestra la permanencia de los principales centros de Europa y América del Norte, acompañada por
movimientos ascendentes y descendentes en distintas regiones. Frente a esta continuidad, Asia oriental
concentra una parte importante de los ascensos, particularmente en China, lo que evidencia una
modificación gradual en la distribución territorial de los nodos que integran la red. Asimismo, el
contraste acumulado muestra con mayor claridad esta tendencia. Entre los cambios más significativos
se encuentra Shenzhen, que pasó del lugar 85 al 30; Chengdu, del 100 al 58; Chongqing, del 163 al 70;
Nankín, del 139 al 75; y Changsha, del 200 al 95, Guangzhou avanzó del lugar 40 al 22 y Beijing del
sexto al cuarto. Estas variaciones reflejan una mayor presencia de ciudades chinas en los niveles
superiores de la clasificación GaWC y una concentración de trayectorias favorables en esta región.
A su vez, en Europa y América del Norte se observa una mayor estabilidad, aunque con variaciones
internas. Londres y Nueva York conservaron la primera y segunda posición, respectivamente, lo que
muestra la permanencia del núcleo histórico de la red. En Europa también se registraron avances, como
Berlín, que pasó de la posición 79 a la 46, y Düsseldorf, de la 54 a la 38, mientras Barcelona retrocedió
de la 47 a la 64. Por tanto, el mayor posicionamiento de diversos nodos asiáticos no supone, durante el

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tiempo estudiado, un desplazamiento generalizado de los centros occidentales, sino la coexistencia de
centralidades consolidadas con otras que adquieren mayor relevancia dentro de la jerarquía. Por otra
parte, América Latina presenta un comportamiento heterogéneo. Buenos Aires avanzó de la posición 37
a la 33 y Lima de la 69 a la 67, mientras Bogotá descendió de la 42 a la 50, Ciudad de México de la 14
a la 18, São Paulo de la 11 a la 17 y Quito de la 106 a la 147. Estas diferencias no permiten establecer
una tendencia regional uniforme ni sostener un ascenso generalizado de las ciudades del Sur Global. En
conjunto, los cambios registrados muestran una reconfiguración selectiva de la red, caracterizada por la
persistencia de los principales centros occidentales y una concentración más consistente de trayectorias
ascendentes en Asia oriental, particularmente en China.
Tabla 1. Ascensos significativos en la clasificación GaWC, 2016 - 2024
Ciudad 2016 2024 Variación
Shenzhen 85 30 +55
Chengdu 100 58 +42
Chongqing 163 70 +93
Nankín 139 75 +64
Changsha 200 95 +105
Berlín 79 46 +33
Buenos Aires 37 33 +4
Ciudad de México 14 18 -4
São Paulo 11 17 -6
Quito 106 147 -41
Fuente: elaboración propia con datos de GaWC ((2016, 2018, 2020, 2022, 2024).
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Figura 1. Variación acumulada del posicionamiento de las ciudades globales, 2016-2024. Fuente:
elaboración propia con datos de GaWC (2016, 2024).
Configuración multivariada del bloque BRICS
El análisis mediante Multivariate Clustering identificó cuatro clústeres dentro del bloque BRICS,
definidos por la similitud conjunta de los atributos asignados. A partir de los perfiles predominantes, el
primero concentra capacidades militares, nucleares y tecnológicas, representadas principalmente por
China, India y Rusia; el segundo se distingue por su carácter energético, con mayor incidencia en Medio
Oriente; el tercero comprende economías intermedias, principalmente africanas; y el cuarto presenta una
orientación agrícola y alimentaria, en la que destaca Brasil. En síntesis, los resultados muestran una
composición heterogénea y territorialmente discontinua, conformada por Estados distribuidos en
distintas regiones con capacidades y características específicas.

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Figura 2. Configuración actual del bloque BRICS a partir del análisis multivariado. Fuente:
elaboración propia con base en Dugin (2015), Dalio (2022), Todd (2024) y datos del Banco Mundial y
del Fondo Monetario Internacional.
Estructura espacial en el contexto geopolítico multipolar
El análisis mediante Multivariate Clustering identificó cinco clústeres, caracterizados a partir de los
perfiles predominantes de los Estados que los conforman. El primero, denominado bloque occidental
consolidado, se localiza principalmente en América del Norte y Europa occidental; el segundo, asociado
con potencias emergentes se extiende por Asia, con presencia en África y América Latina; el tercero
corresponde a economías intermedias y actores secundarios, particularmente representados en América
Latina; el cuarto comprende zonas de fricción militar y económica de localización fragmentada; y el
quinto reúne países con sistemas políticos diferenciados de los modelos liberales y capitalistas. En
resumen, los resultados muestran una estructura geopolítica heterogénea, caracterizada por
agrupamientos que trascienden la continuidad geográfica y presentan perfiles diferenciados entre
regiones.

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Figura 3. Configuración territorial del contexto geopolítico a partir de los clústeres identificados.
Fuente: elaboración propia con base en Dugin (2015), Dalio (2022), Todd (2024) y datos del Banco
Mundial y del Fondo Monetario Internacional.
DISCUSIÓN
Los resultados permiten reconsiderar la relación entre la red de ciudades globales y las transformaciones
recientes del orden internacional. La permanencia de Londres y Nueva York en las primeras posiciones
de GaWC aporta evidencia sobre la continuidad del núcleo histórico articulado en torno a los servicios
avanzados al productor. En este sentido, el periodo 2016–2024 no muestra una sustitución de las
centralidades consolidadas. Sin embargo, la concentración de trayectorias ascendentes en Asia oriental,
particularmente en China, revela modificaciones en los niveles intermedios y superiores de la jerarquía.
Más que un desplazamiento lineal de Occidente hacia Oriente, los datos sugieren una estructura en la
que coexisten centralidades persistentes con nodos que adquieren mayor relevancia. Esta dinámica
encuentra correspondencia con los planteamientos de Dalio (2022) sobre los desplazamientos de largo
plazo en las capacidades económicas, productivas y tecnológicas vinculados con los cambios del poder
mundial. No obstante, la evidencia obtenida introduce un matiz: el fortalecimiento relativo de ciudades
asiáticas ocurre sin que desaparezcan las posiciones dominantes de los principales centros occidentales.
La transición puede interpretarse, por tanto, menos como una sustitución inmediata de una estructura
por otra y más como un proceso de diversificación de los centros desde los cuales se articulan distintas
dimensiones de la economía y del poder internacional.

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El análisis multivariado a escala estatal amplía esta interpretación. Los clústeres obtenidos muestran
agrupamientos heterogéneos y territorialmente discontinuos, cuya composición no responde
exclusivamente a la proximidad geográfica. Esta característica guarda relación con la noción de
pluriverso planteada por Dugin (2015), en cuanto reconoce la coexistencia de espacios con capacidades
y orientaciones diferenciadas, aunque los resultados no permiten validar una organización del sistema
internacional basada estrictamente en civilizaciones. De manera complementaria, las variables
retomadas de Todd (2024), particularmente las demográficas y culturales, contribuyen a distinguir
perfiles nacionales que no son visibles en una clasificación centrada en funciones urbanas corporativas.
Su incorporación debe interpretarse como una caracterización del contexto estatal y no como una
explicación directa de la posición de cada ciudad.
El contraste entre ambas escalas muestra que la configuración espacial de la multipolaridad no coincide
necesariamente con la geografía de la red de ciudades globales. Mientras GaWC representa una
estructura relacional construida a partir de redes de empresas de servicios avanzados, los agrupamientos
estatales incorporan dimensiones económicas, demográficas, culturales y geopolíticas. La
correspondencia territorial observada entre el mayor dinamismo de ciudades de Asia oriental y la
presencia de Estados asociados con perfiles emergentes constituye una convergencia relevante, pero no
establece una relación causal entre ambos fenómenos. Esto sugiere que la transformación
contemporánea del espacio mundial puede estar operando mediante escalas y lógicas distintas que se
superponen sin sustituirse plenamente. Desde esta perspectiva, la principal aportación del estudio radica
en proponer una lectura multiescalar de la reconfiguración espacial del orden internacional. La ciudad
global y el Estado-nación no aparecen como unidades excluyentes ni como etapas sucesivas de
organización territorial. Por el contrario, los hallazgos indican la coexistencia de una espacialidad
reticular, vinculada con los flujos y funciones corporativas entre ciudades, y una espacialidad estatal,
asociada con capacidades nacionales y posicionamientos geopolíticos. La emergencia de un escenario
multipolar no implica entonces la desaparición de la red de ciudades globales, sino su inserción en una
estructura más compleja, donde las relaciones interestatales adquieren relevancia junto con las
conexiones transnacionales. Esta superposición permite explicar la permanencia de centralidades
occidentales consolidadas al mismo tiempo que aumenta el peso relativo de determinados nodos

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asiáticos y se conforman nuevos agrupamientos entre Estados. Asimismo, el comportamiento de
América Latina refuerza la necesidad de evitar una equivalencia automática entre multipolaridad y
ascenso del Sur Global. Aunque varios países de la región aparecen vinculados con economías
intermedias y otros perfiles diferenciados en el análisis multivariado, sus principales ciudades presentan
trayectorias diversas dentro de GaWC. Los avances de algunos nodos coexisten con retrocesos relativos
de otros, sin una concentración comparable con la registrada en China. Por lo tanto, los resultados
apuntan, que la diversificación geopolítica del sistema internacional no se traduce de manera uniforme
en una redistribución de la centralidad urbana. Las capacidades estatales, la inserción comercial y la
posición regional pueden evolucionar de manera distinta a la conectividad medida mediante redes de
servicios avanzados.
Esta diferencia permite precisar el alcance analítico de GaWC. Su clasificación conserva utilidad para
examinar comparativamente la inserción de las ciudades en redes corporativas transnacionales, pero solo
representa una dimensión específica de la organización mundial. Procesos relacionados con la capacidad
productiva, la autonomía tecnológica, la infraestructura estratégica, el poder militar, la orientación
comercial o la intervención estatal quedan parcial o totalmente fuera de dicha medición. En
consecuencia, la jerarquía de ciudades globales no debe asumirse como una representación exhaustiva
de la distribución contemporánea del espacio económico global. El contraste con los clústeres estatales
amplía esta perspectiva al incorporar dimensiones que operan desde el Estado-nación y adquieren
relevancia ante la creciente diversificación geopolítica.
Al respecto, los hallazgos deben interpretarse, no obstante, dentro de los límites del diseño empleado.
La primera fase utiliza ciudades como unidad espacial, mientras la segunda opera con Estados, por lo
que su integración identifica correspondencias territoriales y contextuales, no asociaciones estadísticas
directas. Asimismo, las posiciones ordinales de GaWC dependen del universo considerado en cada
edición; en consecuencia, una mejora relativa no implica necesariamente un incremento absoluto de
conectividad. Por su parte, la matriz multivariada reúne indicadores de distinta naturaleza, cuya
comparabilidad depende de su tratamiento. Estas restricciones impiden establecer relaciones causales,
pero no anulan el valor exploratorio de las convergencias observadas. Por el contrario, contribuyen a
formular hipótesis susceptibles de evaluarse posteriormente mediante medidas absolutas de

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conectividad y modelos multinivel que relacionen atributos estatales con transformaciones en la
posición de las ciudades.
CONCLUSIONES
La red de ciudades globales registró en el periodo 2016 - 2024 una reconfiguración desigual. Londres y
Nueva York conservaron las primeras posiciones de GaWC, lo que muestra la continuidad de las
centralidades históricas vinculadas con los servicios avanzados al productor. En paralelo, Asia oriental
concentró las trayectorias ascendentes más consistentes, con una participación destacada de ciudades
chinas. Este comportamiento no expresa la sustitución inmediata de un sistema de centralidades por
otro, sino una diversificación progresiva en la que permanecen nodos consolidados mientras otros
adquieren mayor relevancia dentro de la jerarquía.
A escala estatal, el análisis multivariado identificó agrupamientos heterogéneos y territorialmente
discontinuos. En el caso de BRICS, los cuatro clústeres obtenidos reflejan perfiles asociados con
capacidades militares, tecnológicas, energéticas, económicas y alimentarias. El análisis general
distinguió cinco configuraciones caracterizadas por Estados occidentales consolidados, potencias
emergentes, economías intermedias y otros perfiles vinculados con contextos de fricción o sistemas
políticos diferenciados. Esta diversidad resulta consistente con un escenario internacional en transición,
donde coexisten distintas formas de inserción y el poder se organiza más allá de bloques geográficos.
De esta manera, la integración de ambas escalas constituye la principal aportación del estudio. Los
resultados sugieren que la transformación contemporánea del espacio mundial articula dos lógicas: una
espacialidad reticular, vinculada con las conexiones transnacionales entre ciudades, y una espacialidad
estatal, relacionada con capacidades nacionales y posicionamientos geopolíticos. Desde esta
perspectiva, la emergencia de un orden multipolar no supone necesariamente la desaparición de la
estructura urbana asociada con la globalización, sino su coexistencia con nuevas configuraciones en las
que el Estado-nación adquiere renovada relevancia. La noción de ciudad global conserva, por tanto,
capacidad explicativa para estudiar redes corporativas, pero resulta insuficiente por sí sola para
interpretar las transformaciones geopolíticas del sistema internacional.
Por otra parte, América Latina presenta una trayectoria distinta a la observada en Asia oriental. Sus
ciudades registran movimientos heterogéneos dentro de GaWC, mientras sus Estados se asocian

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principalmente con perfiles intermedios en el análisis multivariado. Esta diferencia indica que la
diversificación geopolítica no se traduce automáticamente en un ascenso equivalente dentro de la
jerarquía urbana y cuestiona una interpretación homogénea del Sur Global como nuevo centro de poder.
La transición hacia la multipolaridad adquiere, en consecuencia, expresiones territoriales diferenciadas
según las regiones y escalas consideradas. Debido al carácter exploratorio del estudio, las
correspondencias identificadas no establecen relaciones causales entre los atributos estatales y las
trayectorias urbanas. Futuras investigaciones podrán incorporar medidas absolutas de conectividad,
evaluar la estabilidad de los clústeres y aplicar modelos multinivel que relacionen ambas escalas. La
aplicación de estos procedimientos contribuiría a determinar con mayor precisión si la transición hacia
un orden multipolar modifica únicamente la distribución y jerarquía de los nodos o implica también
transformaciones en las lógicas que estructuran la red mundial de ciudades.
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