pág. 9374
COMPETENCIAS DEL PERCUSIONISTA
LATINO CONTEMPORÁNEO: MODELO
INTEGRAL PARA LA EJECUCIÓN
PROFESIONAL

CONTEMPORARY LATIN PERCUSSIONIST COMPETENCIES:
AN INTEGRATED MODEL FOR PROFESSIONAL
PERFORMANCE

Freddy José Quintero Villalobos

Investigador independiente, Miami, Estados Unidos.
pág. 9375
DOI:
https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i5.25880
Competencias del percusionista latino contemporáneo: modelo integral para
la ejecución profesional

Freddy José Quintero Villalobos
1
qfreddy14@hotmail.com

Investigador independiente, Miami, Estados Unidos.

RESUMEN

El desempeño del percusionista latino contemporáneo exige integrar capacidades técnicas, rítmicas,
interpretativas, adaptativas y profesionales que con frecuencia son evaluadas de forma fragmentada.
Este estudio tuvo como objetivo desarrollar un modelo conceptual y operativo que sistematizara las
competencias asociadas con la ejecución profesional de la percusión latina. Se adoptó un enfoque
cualitativo de investigación aplicada basado en sistematización reflexiva de práctica profesional y
contrastación con literatura sobre desempeño musical, ritmo afrolatino, experticia, improvisación,
evaluación y coordinación de ensamble. El análisis identificó cinco dimensiones interdependientes:
competencia técnico-instrumental, rítmico-musical, interpretativo-expresiva, adaptativa-
improvisacional y performativa-profesional. Como resultado se propone el Modelo Integral de
Competencias del Percusionista Latino (MICPL), acompañado de indicadores observables y criterios
iniciales de interpretación para evaluación, formación y desarrollo profesional. El modelo sostiene que
la excelencia percusiva no depende de una habilidad aislada, sino de la integración contextual de control
técnico, organización temporal, intención musical, respuesta adaptativa y confiabilidad profesional. Se
establecen además límites metodológicos y una agenda de validación empírica posterior.

Palabras clave: percusión latina; desempeño musical; competencias profesionales; improvisación;
evaluación musical

1
Autor principal
Correspondencia:
qfreddy14@hotmail.com
pág. 9376
Contemporary Latin percussionist competencies: an integrated model for

professional performance

ABSTRACT

Professional performance by contemporary Latin percussionists requires the integration of technical,

rhythmic, interpretative, adaptive, and professional abilities that are often assessed separately. This study

aimed to develop a conceptual and operational
model that systematizes competencies associated with
professional Latin percussion performance. A qualitative applied
-research approach was adopted,
combining reflective systematization of professional practice with theoretical contrast against literature

on musical performance, Afro
-Latin rhythm, expertise, improvisation, assessment, and ensemble
coordination. Five interdependent dimensions were identified: technical
-instrumental, rhythmic-
musical, interpretative
-expressive, adaptive-improvisational, and performative-professional
competence. The resulting Integrated Competency Model for the Latin Percussionist (MICPL) includes

observable indicators and preliminary interpretation criteria for assessment, training, and professional

development. The model pro
poses that percussion excellence does not depend on a single ability but on
the context
-sensitive integration of technical control, temporal organization, musical intention, adaptive
response, and professional reliability. Methodological limitations and a
future empirical validation
agenda are also established.

Keywords:
Latin percussion; musical performance; professional competencies; improvisation; music
assessment

Artículo recibido 05 abril 2025

Aceptado para publicación: 28 abril 2025
pág. 9377
INTRODUCCIÓN

La interpretación musical profesional constituye un fenómeno complejo en el que convergen
capacidades motoras, perceptivas, cognitivas, expresivas, sociales y contextuales. Aunque el dominio
instrumental constituye una condición indispensable para el ejercicio profesional, la calidad de una
interpretación no puede explicarse únicamente mediante precisión mecánica, velocidad de ejecución o
reproducción correcta de patrones. El desempeño musical supone controlar el instrumento, organizar
relaciones temporales, comprender estructuras, producir intención expresiva, interactuar con otros
intérpretes y responder a situaciones que evolucionan durante la ejecución (Clarke, 1999; Juslin, 2003).

Esta multidimensionalidad adquiere particular relevancia en la percusión. El percusionista participa de
manera directa en la organización temporal del ensamble y debe integrar estabilidad métrica,
subdivisión, articulación, dinámica, timbre y capacidad de interacción. La función rítmica no implica
solamente mantener un tempo estable: exige comprender cómo cada patrón se relaciona con otras capas
instrumentales y cómo las variaciones de acentuación, densidad y ubicación temporal afectan el
comportamiento global de la música.

En la música latinoamericana y la afrolatina, esta exigencia aumenta debido a la coexistencia de
tradiciones rítmicas diferenciadas, sistemas de organización temporal, prácticas de improvisación y
funciones instrumentales específicas. Estudios sobre música afrolatina han mostrado que patrones
estructurales como la clave no funcionan únicamente como secuencias rítmicas aisladas, sino como
marcos de referencia capaces de organizar y sincronizar diferentes líneas musicales (Vurkaç, 2012). De
manera similar, trabajos centrados en improvisación latinoamericana destacan que la práctica de dicha
improvisación se construye en relación con tradiciones, interacción colectiva y conocimiento estilístico,
y no exclusivamente como generación espontánea de material musical (González, 2015; Manuel, 1998).

La formación de un percusionista profesional requiere, por tanto, mucho más que memorizar patrones.
Guzmán Romo (2020), al analizar la enseñanza de la percusión latina en educación superior, destaca la
necesidad de integrar referentes históricos, teóricos, interpretativos y didácticos provenientes de las
tradiciones populares de América Latina y el Caribe. Esta observación resulta relevante porque una
ejecución estilísticamente competente depende de comprender no solo qué tocar, sino también cuál es
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la función del material rítmico, cómo se relaciona con el resto del ensamble y qué convenciones regulan
su interpretación.

La investigación sobre evaluación del desempeño musical confirma igualmente que la calidad artística
presenta una naturaleza multidimensional. Moura et al. (2024), en una revisión sistemática de criterios
de evaluación de interpretación musical solista, encontraron que los sistemas existentes recurren de
manera reiterada a dimensiones relacionadas con técnica, ritmo, interpretación, expresión y calidad
musical. Sin embargo, también identificaron dificultades para adaptar los criterios de evaluación a
diferentes instrumentos, niveles de experticia, estilos y contextos culturales. Esta limitación es
particularmente significativa para campos como la percusión latina, donde la competencia profesional
depende de conocimientos estilísticos y formas de interacción que no necesariamente quedan
representados en rúbricas instrumentales generales.

La práctica profesional introduce además variables que exceden los marcos académicos tradicionales de
ejecución. Un percusionista puede demostrar un alto nivel de dominio instrumental y, sin embargo,
presentar dificultades para responder a cambios en un arreglo, acompañar a un solista, modificar
densidad en tiempo real, interpretar señales de dirección, controlar su intervención durante una
improvisación o mantener consistencia durante situaciones de presión escénica. Estas capacidades
pertenecen a una dimensión adaptativa del desempeño.

La improvisación constituye un ejemplo particularmente claro. Wopereis et al. (2013) identificaron
dentro de la experticia improvisacional factores como habilidades musicales, responsividad,
autorregulación, creatividad y disposición frente al riesgo. Tales hallazgos permiten entender que
improvisar no consiste solamente en generar material novedoso, sino en producir decisiones pertinentes
dentro de restricciones musicales específicas.

El desempeño en ensamble amplía nuevamente el campo de competencias. Keller (2014) sostiene que
la coordinación musical colectiva requiere anticipación, atención y adaptación continua entre
intérpretes. La ejecución grupal funciona como una forma de acción conjunta: cada músico debe atender
a su propia intervención y, simultáneamente, construir una representación funcional de las acciones de
los demás. Esta exigencia resulta especialmente importante para la percusión, debido a su capacidad
para modificar el comportamiento temporal y energético del conjunto. El percusionista profesional debe
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sostener estabilidad cuando resulta necesaria y producir flexibilidad cuando el contexto lo demanda.
Debe además diferenciar entre protagonismo instrumental y función musical, reconociendo cuándo
aumentar, reducir o transformar su participación.

A estas capacidades se suman conductas relacionadas con confiabilidad profesional: preparación del
repertorio, puntualidad, gestión del instrumento, respuesta a indicaciones, comunicación, colaboración,
presencia escénica y consistencia entre ensayos y presentaciones. Aunque estas variables suelen
considerarse externas a la habilidad musical, en contextos profesionales influyen directamente sobre la
capacidad del músico para integrarse a una producción.

Surge así un problema conceptual y aplicado. Los términos utilizados habitualmente para describir a un
percusionista de alto nivel “técnico”, “rítmico”, “musical”, “versátil”, “creativo”, “profesional” o “con
groove”, sintetizan juicios complejos, pero no siempre explicitan qué conductas sustentan dichas
valoraciones. La ausencia de una arquitectura integrada dificulta la evaluación consistente, la
retroalimentación pedagógica, la identificación de áreas de mejora y la transferencia del conocimiento
acumulado por profesionales experimentados. El problema no radica en la inexistencia de criterios de
excelencia. Existen múltiples criterios dentro de la práctica y de la literatura. La brecha reside en la falta
de un sistema que los integre específicamente alrededor del desempeño profesional del percusionista
latino contemporáneo.

A partir de esta problemática se formula la siguiente pregunta de investigación:

¿Qué competencias estructuran el desempeño profesional del percusionista latino contemporáneo
y cómo pueden integrarse en un modelo conceptual y operativo aplicable a evaluación, formación
y desarrollo profesional?

El objetivo general del estudio es desarrollar un modelo integral de competencias que permita
conceptualizar y operacionalizar el desempeño profesional del percusionista latino
contemporáneo.

De este objetivo se derivan cinco objetivos específicos:

1.
Identificar capacidades recurrentes asociadas con el desempeño profesional del percusionista.
2.
Contrastar dichas capacidades con constructos existentes en la literatura sobre desempeño,
ritmo, improvisación, experticia y coordinación musical.
pág. 9380
3.
Organizar las capacidades identificadas en dimensiones conceptualmente diferenciadas.
4.
Traducir las dimensiones en indicadores susceptibles de observación profesional.
5.
Proponer una arquitectura integrada que pueda servir como base para evaluación, formación y
validación empírica posterior.

La contribución esperada consiste en transformar un conjunto de criterios profesionales frecuentemente
tácitos o fragmentados en un modelo explícito y replicable. La propuesta no pretende establecer una
definición universal de excelencia ni una escala psicométricamente validada. Busca desarrollar una
arquitectura inicial de competencia susceptible de ser examinada, discutida y validada mediante
investigación posterior.

Marco teórico

Competencia musical y desempeño profesional

La interpretación musical puede entenderse como la producción intencional de una realización sonora
dentro de determinadas restricciones técnicas, estilísticas y contextuales. Desde esta perspectiva, la
competencia no corresponde únicamente a la posesión de habilidades, sino a la capacidad de
movilizarlas adecuadamente frente a demandas concretas.

Clarke (1999) demuestra que incluso un componente aparentemente objetivo como el tiempo musical
presenta diferencias entre estructura rítmica abstracta y realización interpretativa. El timing incorpora
variaciones que pueden contribuir al fraseo, la articulación de estructuras y la expresividad. Por tanto,
la exactitud temporal no constituye por sí sola la totalidad de una ejecución competente.

Juslin (2003) plantea igualmente que la expresión musical depende de múltiples fuentes. Las decisiones
del intérprete sobre tempo, intensidad, articulación, timbre y fraseo comunican estructura e intención.
Esta perspectiva ayuda a diferenciar capacidad técnica de capacidad interpretativa: la primera permite
controlar parámetros; la segunda determina cómo se utilizan para construir significado musical.

Moura et al. (2024) confirman esta multidimensionalidad desde la evaluación. Su revisión sistemática
muestra que los criterios utilizados para valorar interpretación musical se distribuyen entre diferentes
dominios, entre ellos técnica, ritmo, interpretación y expresión. La variabilidad encontrada entre
instrumentos y sistemas de evaluación sugiere, sin embargo, que los constructos generales deben
contextualizarse antes de convertirse en instrumentos específicos.
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Esta necesidad de contextualización constituye el punto de partida del MICPL.

Experticia, práctica y control instrumental

La experticia musical ha sido estudiada extensamente desde la perspectiva de la práctica deliberada.
Ericsson et al. (1993) propusieron que niveles elevados de desempeño emergen de actividades
sistemáticas diseñadas específicamente para mejorar componentes concretos del rendimiento.

La aplicación de este enfoque al campo musical permite entender que el dominio instrumental no surge
únicamente de repetición, sino de prácticas dirigidas hacia problemas específicos de ejecución. Sin
embargo, investigaciones posteriores han mostrado que la cantidad de práctica deliberada explica solo
parte de las diferencias entre niveles de desempeño (Macnamara et al., 2014; Macnamara & Maitra,
2019).

Esta precisión resulta fundamental para un modelo de competencias. La experiencia cronológica no
puede utilizarse como sustituto automático de experticia. Dos músicos con trayectorias temporales
similares pueden presentar perfiles competenciales diferentes.

En percusión, el control instrumental se manifiesta en precisión de ataque, coordinación, independencia,
control dinámico, articulación, economía de movimiento y consistencia tímbrica. Estas capacidades
conforman una infraestructura sobre la cual operan funciones musicales más complejas.

La automatización relativa de procedimientos técnicos libera recursos atencionales para actividades de
nivel superior: escucha del ensamble, anticipación, improvisación, interpretación de señales y
regulación expresiva. El dominio técnico funciona, entonces, como condición habilitante y no como
finalidad autosuficiente.

Organización temporal y conocimiento rítmico afrolatino

La música afrolatina proporciona un caso especialmente claro de interacción entre técnica, percepción
y organización sistémica del ritmo. Vurkaç (2012) argumenta que estructuras cíclicas como la clave
deben comprenderse no solo como patrones ejecutables, sino como principios que organizan relaciones
temporales entre distintas partes musicales. La clave funciona como punto de referencia para
sincronización y coherencia dentro de múltiples tradiciones afrolatinas.

Esta distinción es importante para el análisis de competencias. Memorizar una clave, cascara, tumbao o
patrón específico no garantiza comprensión de su función. La competencia rítmica implica reconocer
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relaciones entre capas, anticipar posiciones estructurales y adaptar la propia ejecución sin destruir la
arquitectura temporal del conjunto.

La especificidad de la experticia rítmica también ha sido documentada experimentalmente.
Investigaciones sobre percepción de clave en salsa sugieren que la familiaridad y la experiencia con el
género modifican la capacidad para reconocer relaciones rítmicas estructuralmente congruentes. Esto
indica que el conocimiento estilístico no constituye únicamente información declarativa: se incorpora
en procesos perceptivos y anticipatorios asociados con la experticia.

Los estudios sobre batá afrocubano profundizan esta idea. Schweitzer (2013) muestra cómo patrones
básicos, conversaciones entre tambores y principios relacionados con clave organizan estructuras en las
que el significado musical emerge de la interacción entre partes. De manera similar, estudios analíticos
posteriores sobre batá han señalado la importancia de timbre, arquitectura rítmica, cueing y relaciones
entre funciones instrumentales.

Desde esta perspectiva, el desempeño del percusionista no puede evaluarse solamente atendiendo a la
corrección aislada de su patrón. Debe evaluarse también su capacidad para ocupar una posición
funcional dentro de un sistema temporal.

Tradición, estilo e interpretación en la percusión latina

La categoría “percusión latina” reúne prácticas diversas que no deben homogenizarse. Incluye
tradiciones musicales desarrolladas en diferentes contextos históricos y culturales y, por ello, posee
repertorios, técnicas, instrumentos y convenciones particulares.

Guzmán Romo (2020) sostiene que la formación superior en percusión latina debe relacionarse con las
tradiciones populares de América Latina y el Caribe y articular contenidos históricos, teóricos e
interpretativos. Esto implica que el dominio técnico solo adquiere significado profesional cuando se
sitúa dentro de contextos estilísticos. La interpretación musical competente requiere distinguir entre
transportar un patrón y comprender el lenguaje del que dicho patrón forma parte.

Manuel (1998) observa que la improvisación en músicas latinas posee formas estilísticamente
específicas y que su análisis requiere atender a procesos propios de cada tradición. González (2015),
desde el campo de la música popular latinoamericana, enfatiza igualmente la relación entre
improvisación, producción colectiva, tradición e innovación.
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Esta perspectiva evita reducir la versatilidad a una acumulación superficial de ritmos. Un percusionista
adaptable no es necesariamente quien reproduce más patrones, sino quien comprende suficientemente
los códigos de cada situación para tomar decisiones compatibles con ellos.

La competencia estilística debe, por tanto, formar parte de la competencia rítmico-musical y de la
interpretativo-expresiva.

Expresividad, musicalidad y función

La musicalidad suele utilizarse como una valoración global difícil de operacionalizar. Sin embargo, la
literatura sobre performance permite descomponerla en decisiones observables.

Juslin (2003) muestra que la expresión puede estudiarse a través de variaciones controladas de
parámetros de ejecución. En percusión, estos parámetros incluyen dinámica, articulación, timbre,
densidad, duración, acentuación, selección de registro y relación entre ataque y resonancia.

La musicalidad implica utilizar dichos parámetros de forma funcional.

Esto significa que la ejecución más compleja no es necesariamente la más musical. Un patrón
técnicamente exigente puede resultar inadecuado si ocupa espacio necesario para otros instrumentos,
contradice el estilo o altera negativamente el balance del ensamble.

La competencia interpretativo-expresiva requiere, por consiguiente, una relación entre intención y
restricción. El percusionista debe disponer de recursos, pero también ser capaz de decidir cuándo
utilizarlos.

Improvisación, adaptación y autorregulación

La improvisación puede concebirse como toma de decisiones musicales bajo condiciones de tiempo
limitado. Wopereis et al. (2013) identificaron varios componentes de la experticia improvisacional, entre
ellos habilidades musicales, creatividad, adaptación, autorregulación y disposición hacia el riesgo. La
centralidad de la autorregulación resulta particularmente importante porque muestra que improvisar
competentemente incluye evaluar las propias decisiones mientras la interpretación continúa.

Sawyer (2000) plantea que la improvisación posee una naturaleza emergente: el resultado no se
encuentra completamente especificado antes de la ejecución. Esta condición obliga a los músicos a
construir material en relación con información producida por otros participantes.
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En la música popular latinoamericana, González (2015) relaciona además improvisación con procesos
colectivos y con la tensión entre tradición e innovación. Esta observación permite establecer una
distinción crítica entre creatividad contextualizada y desviación arbitraria.

Para el percusionista profesional, la competencia adaptativa incluye al menos cuatro operaciones:
percibir un cambio, interpretar su significado, seleccionar una respuesta y controlar sus consecuencias.

Esta secuencia puede ocurrir en segundos o fracciones de segundo.

Coordinación, ensamble y acción conjunta

La ejecución en ensamble constituye una actividad coordinada. Keller (2014) sostiene que la alineación
entre músicos depende de anticipación, atención y adaptación, apoyadas en representaciones internas de
objetivos comunes y acciones de otros intérpretes.

Estas operaciones poseen especial importancia para instrumentos que contribuyen a la estabilidad
temporal.

El percusionista debe escuchar simultáneamente múltiples fuentes: su propia ejecución, bajo, batería,
piano, voz, señales visuales, dinámica del escenario y, en determinados contextos, respuesta de la
audiencia.

La competencia profesional implica distribuir atención sin perder la estabilidad de la propia función: La
anticipación permite preparar transiciones; La atención permite detectar desviaciones; La adaptación
permite corregirlas.

Estas tres operaciones sustentan una concepción relacional del desempeño.

Confiabilidad y comportamiento profesional

Una limitación frecuente de las evaluaciones instrumentales es que se concentran en aquello que ocurre
durante la ejecución y prestan menor atención a las condiciones que hacen posible esa ejecución.

En contextos profesionales, el músico opera dentro de un sistema de producción. Esto implica horarios,
ensayos, requerimientos técnicos, repertorios, directores, productores, otros músicos, procesos de
montaje y expectativas de consistencia. Por esta razón, el desempeño debe incorporar una dimensión de
confiabilidad. Prepararse adecuadamente, llegar con los requerimientos resueltos, responder a
instrucciones, mantener instrumentos en condiciones funcionales y sostener niveles consistentes de
ejecución son comportamientos que afectan directamente la calidad del resultado musical.
pág. 9385
El MICPL integra estas variables no como rasgos de personalidad, sino como conductas profesionales
observables.

METODOLOGÍA

Diseño de investigación

El estudio adopta un enfoque cualitativo, conceptual y aplicado basado en sistematización reflexiva de
práctica profesional y contrastación teórica.

Su finalidad no es estimar estadísticamente la distribución de competencias en una población de
percusionistas ni demostrar relaciones causales entre variables. Se orienta a construir un modelo inicial
que organice conocimiento profesional disperso en dimensiones analíticas susceptibles de observación
y posterior validación.

La elección metodológica responde a la naturaleza del problema. La pregunta de investigación se refiere
a cómo estructurar conceptualmente un desempeño profesional complejo. En esta fase resulta necesario
identificar constructos, precisar límites conceptuales y establecer relaciones antes de diseñar escalas
cuantitativas.

Fuentes de construcción conceptual

Para fortalecer la trazabilidad del modelo se distinguieron explícitamente dos fuentes de conocimiento.

La primera corresponde a conocimiento derivado de práctica profesional. Comprende patrones
recurrentes identificados en contextos de ejecución musical, ensayos, presentaciones, interacción con
agrupaciones, preparación de repertorios y experiencias de valoración profesional del desempeño.
Dentro de este conocimiento aparecen criterios utilizados recurrentemente en la práctica, entre ellos
técnica, precisión rítmica, musicalidad, improvisación, dominio instrumental, interacción y conexión
escénica.

La segunda corresponde a conocimiento derivado de literatura especializada. Se utilizaron
investigaciones y trabajos académicos sobre evaluación del desempeño musical, experticia, práctica
deliberada, expresividad, timing, improvisación, coordinación de ensamble, enseñanza de percusión
latina y organización temporal en músicas afrolatinas.

Las dos fuentes no se consideraron equivalentes.
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La experiencia profesional fue utilizada para identificar problemas, conductas recurrentes y necesidades
de operacionalización.

La literatura fue utilizada para contrastar, delimitar y fundamentar conceptualmente esas observaciones.

El modelo resultante constituye una síntesis analítica propuesta por el estudio y no debe atribuirse
íntegramente a ninguna de las dos fuentes.

Procedimiento de construcción del modelo

La construcción del MICPL se desarrolló en cinco etapas.

Etapa 1. Identificación de unidades de desempeño

Se identificaron capacidades recurrentes consideradas relevantes en situaciones profesionales, tales
como control técnico, estabilidad temporal, comprensión de patrones, musicalidad, adaptación,
improvisación, escucha, presencia escénica, preparación y confiabilidad.

En esta etapa se evitó agrupar prematuramente los criterios.

Etapa 2. Contraste teórico

Cada capacidad fue comparada con constructos existentes en literatura especializada.

Por ejemplo, los criterios asociados con técnica y control se contrastaron con literatura de experticia; los
asociados con tempo y organización temporal con investigaciones sobre timing y estructuras afrolatinas;
los relacionados con expresión con estudios de performance; los adaptativos con investigaciones sobre
improvisación; y los colectivos con literatura sobre coordinación de ensamble.

Etapa 3. Reducción y agrupación conceptual

Las unidades con funciones similares fueron agrupadas y se eliminaron redundancias.

Esta etapa produjo cinco dominios diferenciados:

1.
control de ejecución;
2.
organización temporal;
3.
construcción interpretativa;
4.
respuesta a variabilidad;
5.
funcionamiento profesional.
Posteriormente estos dominios fueron formalizados como competencias.
pág. 9387
Etapa 4. Operacionalización

Cada dimensión fue traducida en indicadores observables.

Para considerar un indicador adecuado se exigieron tres condiciones:

a) que correspondiera conceptualmente con la dimensión;

b) que pudiera ser observado durante una situación de práctica o ejecución;

c) que permitiera describir comportamiento sin depender exclusivamente de adjetivos globales como
“bueno”, “talentoso” o “musical”.

Etapa 5. Integración sistémica

Finalmente se analizaron las relaciones funcionales entre dimensiones.

El objetivo fue evitar que el modelo se redujera a una lista.

Se estableció que la técnica habilita control, la competencia rítmica organiza la ejecución
temporalmente, la interpretación asigna intención, la adaptación permite responder al entorno y la
profesionalidad sostiene la confiabilidad de la actuación dentro del sistema de producción musical.

Criterios de calidad conceptual

La construcción del modelo se orientó mediante cuatro criterios.

Diferenciación: cada dimensión debía representar una función suficientemente distinta.

Cobertura: el conjunto debía incluir tanto ejecución instrumental como interacción contextual.

Observabilidad: los constructos debían traducirse a comportamientos.

Aplicabilidad: el modelo debía poseer utilidad potencial para formación, evaluación y desarrollo
profesional.

Alcance metodológico

El MICPL se presenta como modelo conceptual-operativo en fase inicial.

No se afirma:

•
validez estadística;
•
confiabilidad interevaluador;
•
capacidad predictiva;
•
relaciones causales;
•
universalidad cultural;
pág. 9388
•
pesos equivalentes entre dimensiones.
Estas propiedades requieren investigación empírica posterior.

La distinción constituye un elemento central del rigor metodológico del trabajo, pues evita transformar
observaciones profesionales plausibles en resultados cuantitativos inexistentes.

RESULTADOS

El procedimiento de sistematización y contrastación permitió construir cinco dimensiones
interdependientes del desempeño profesional del percusionista latino contemporáneo.

Competencia técnico-instrumental

Se define como la capacidad de controlar el instrumento y producir resultados sonoros consistentes
mediante procedimientos motores eficientes y técnicamente adecuados.

Incluye precisión de ataque, coordinación, independencia, articulación, control dinámico, calidad
sonora, manejo de implementos, economía de movimiento y dominio funcional de diferentes
instrumentos cuando el contexto lo exige.

Esta dimensión constituye la infraestructura del modelo.

Un control técnico insuficiente obliga al intérprete a destinar atención excesiva a procesos motores
básicos. Un control más automatizado permite transferir recursos cognitivos hacia escucha, anticipación
e interpretación.

No obstante, el MICPL no equipara excelencia técnica con complejidad máxima.

La técnica se evalúa según su capacidad de servir al resultado musical.

Competencia rítmico-musical

Se define como la capacidad de organizar la ejecución dentro de sistemas temporales, estilísticos y
colectivos. Incluye estabilidad de pulso, control de tempo, subdivisión, métrica, sincronización, groove,
acentuación, fraseo rítmico, lectura estructural y comprensión de funciones dentro del ensamble. Esta
dimensión incorpora un componente fundamental de las músicas afrolatinas: la relación entre partes.

La ejecución competente requiere reconocer que patrones aparentemente independientes pueden
responder a una arquitectura temporal común. Por ello, el percusionista no debe limitarse a ejecutar
correctamente su línea. Debe reconocer su relación con las demás.
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Competencia interpretativo-expresiva

Se define como la capacidad de transformar recursos técnicos y rítmicos en decisiones musicales
portadoras de intención. Incluye musicalidad, fraseo, dinámica, selección tímbrica, manejo de energía,
sensibilidad estilística, balance y comunicación musical.

La dimensión distingue entre reproducir una estructura y producir una interpretación.

Un mismo patrón puede adquirir resultados cualitativamente diferentes según articulación, timbre,
densidad y relación con el resto del arreglo.

La competencia se evidencia cuando las decisiones expresivas son pertinentes al contexto.

Competencia adaptativa-improvisacional

Se define como la capacidad de identificar cambios y producir respuestas musicalmente pertinentes en
tiempo real. Comprende improvisación contextual, escucha reactiva, anticipación, autorregulación,
manejo de contingencias, flexibilidad y gestión del riesgo musical.

Esta dimensión no restringe la improvisación al solo.

Incluye cualquier decisión no completamente predefinida: modificar un patrón, responder a otro
intérprete, extender una sección, construir una transición, regular densidad o recuperarse de una
desviación. El criterio central no es novedad por sí sola, es pertinencia.

Competencia performativa-profesional

Se define como la capacidad de sostener un comportamiento musical y operativo confiable dentro de
contextos profesionales de producción. Incluye preparación, consistencia, comunicación, colaboración,
recepción de indicaciones, presencia escénica, interacción con audiencia cuando corresponde, cuidado
instrumental y adaptación operativa.

Esta dimensión amplía la noción de desempeño desde “tocar bien” hacia “funcionar profesionalmente”.

Su inclusión responde a que el resultado artístico depende también de la capacidad de los participantes
para coordinar sus acciones antes, durante y después de la ejecución.

Modelo conceptual

Modelo Integral de Competencias del Percusionista Latino (MICPL)

El MICPL concibe el desempeño profesional como la integración dinámica de cinco competencias:
pág. 9390
1. Técnico-instrumental — CONTROL

2. Rítmico-musical — ORGANIZACIÓN TEMPORAL

3. Interpretativo-expresiva — SIGNIFICADO

4. Adaptativa-improvisacional — RESPUESTA

5. Performativa-profesional — CONFIABILIDAD

Estas categorías forman la secuencia conceptual:

CONTROL → TIEMPO → SIGNIFICADO → ADAPTACIÓN → CONFIABILIDAD

La secuencia no representa una cronología rígida.

Las cinco competencias actúan simultáneamente durante el desempeño.

Su función es mostrar una arquitectura lógica: controlar recursos, organizarlos temporalmente,
emplearlos con intención, adaptarlos a cambios y sostenerlos de manera confiable.

Tabla 1

Matriz de operacionalización del MICPL

Dimensión

Definición
operacional

Indicadores principales
Evidencia observable
Técnico-
instrumental

Control eficiente de
recursos motores y
sonoros necesarios
para la ejecución

precisión de ataque;
coordinación;
independencia;
articulación; dinámica;
calidad sonora; economía
de movimiento

ataques definidos; estabilidad
bajo cambios de intensidad;
coordinación sostenida;
consistencia tímbrica; ausencia
de tensión que comprometa
ejecución

Rítmico-musical

Organización de la
ejecución dentro de
estructuras temporales
y estilísticas

pulso; tempo; subdivisión;
métrica; groove;
acentuación; escucha
estructural; comprensión
estilística

estabilidad temporal;
sincronización con ensamble;
reconocimiento de ciclos;
coherencia con patrones y
convenciones del género
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Dimensión

Definición
operacional

Indicadores principales
Evidencia observable
Interpretativo-
expresiva

Uso intencional de
recursos para construir
significado musical

fraseo; dinámica expresiva;
intención; timbre;
densidad; coherencia
estilística; comunicación

contrastes pertinentes;
selección sonora adecuada;
acompañamiento sensible;
correspondencia entre
ejecución y dirección musical

Adaptativa-
improvisacional

Producción de
respuestas pertinentes
frente a variabilidad
musical

improvisación;
anticipación; escucha
reactiva; autorregulación;
resolución de
contingencias; flexibilidad

respuesta adecuada a cambios;
transiciones funcionales;
recuperación de errores;
improvisación estilísticamente
coherente; regulación de
densidad

Performativa-
profesional

Mantenimiento de
confiabilidad artística
y operativa dentro de
contextos de trabajo

preparación; consistencia;
comunicación;
colaboración; presencia
escénica; recepción de
indicaciones; adaptabilidad

repertorio preparado;
respuestas efectivas a
dirección; consistencia entre
ensayos y ejecución;
integración con equipo;
conducta escénica apropiada

Nota: La matriz representa una propuesta de operacionalización conceptual. Los indicadores no constituyen todavía una escala
validada ni poseen pesos psicométricos establecidos.

Interpretación operativa del MICPL

El principal aporte operativo del modelo consiste en transformar juicios profesionales globales en
diagnósticos dimensionales.

Decir que un percusionista “tiene buen ritmo” proporciona información limitada.

El MICPL obliga a precisar: ¿mantiene estabilidad de tempo? ¿controla subdivisiones? ¿comprende la
métrica? ¿se integra con otras capas? ¿respeta la organización estilística? ¿construye groove?
pág. 9392
De la misma forma, afirmar que un intérprete “tiene musicalidad” puede desagregarse en preguntas
sobre fraseo, dinámica, timbre, densidad, intención y sensibilidad frente al contexto.

Esta traducción reduce ambigüedad sin pretender eliminar el juicio experto. El modelo no sustituye al
evaluador, estructura aquello que el evaluador observa.

Perfil dimensional

El MICPL propone que el desempeño se interprete mediante perfiles y no únicamente mediante una
calificación total.

Un músico podría presentar, por ejemplo:

•
alta competencia técnico-instrumental;
•
alta competencia rítmico-musical;
•
competencia interpretativa intermedia;
•
competencia adaptativa alta;
•
competencia profesional intermedia.
Este perfil proporciona información diagnóstica que una nota general no ofrece.

Permite responder dos preguntas diferentes:

¿Qué tan competente es el músico? Y ¿En qué consiste exactamente su configuración de
competencia?

La segunda pregunta posee mayor utilidad pedagógica.

Progresión preliminar de desempeño

Como instrumento conceptual complementario se proponen cinco niveles iniciales.

Nivel 1. Ejecución dependiente

El intérprete reproduce materiales básicos pero requiere atención intensa, apoyo frecuente y condiciones
relativamente estables. Los errores técnicos o temporales afectan significativamente la continuidad.

Nivel 2. Ejecución funcional

Existe control suficiente para resolver situaciones conocidas. La estabilidad disminuye cuando
aumentan complejidad, presión o variabilidad.
pág. 9393
Nivel 3. Ejecución competente

El músico mantiene control técnico y temporal consistente, comprende funciones estilísticas básicas y
responde adecuadamente a cambios profesionales habituales.

Nivel 4. Ejecución avanzada

Las cinco dimensiones muestran integración elevada. El intérprete adapta su ejecución con autonomía,
resuelve contingencias, regula expresividad e improvisa dentro del lenguaje correspondiente.

Nivel 5. Ejecución de referencia profesional

El músico demuestra dominio estable, profundidad estilística, capacidad anticipatoria, respuesta creativa
contextualizada y confiabilidad sostenida. Su intervención puede mejorar el rendimiento colectivo sin
comprometer la arquitectura del ensamble. Estos niveles no constituyen todavía una escala validada. Su
función es establecer una hipótesis de progresión susceptible de análisis posterior.

Discusión

El MICPL permite sostener que la competencia del percusionista latino contemporáneo debe entenderse
como un sistema multidimensional de capacidades interdependientes.

Esta afirmación tiene varias implicaciones.

La técnica es necesaria, pero no suficiente

La primera implicación consiste en diferenciar dominio instrumental de desempeño profesional integral.

El desarrollo técnico crea posibilidades de acción, pero no determina automáticamente la calidad de las
decisiones musicales.

Esta interpretación resulta compatible con los estudios sobre práctica deliberada.

Ericsson et al. (1993) demostraron la importancia de la práctica estructurada en la adquisición de
experticia. Sin embargo, análisis posteriores han mostrado que la cantidad de práctica explica solo una
proporción del rendimiento observado entre músicos (Macnamara et al., 2014; Macnamara & Maitra,
2019).

El MICPL integra este matiz.

La técnica representa una dimensión crítica, pero el desempeño final depende de su interacción con
conocimiento rítmico, interpretación, adaptación y profesionalidad.
pág. 9394
De esta forma, el modelo evita dos reduccionismos: considerar que técnica equivale a experticia o
considerar que la técnica es secundaria frente a cualidades expresivas. Ambas interpretaciones resultan
insuficientes.

El ritmo funciona como conocimiento relacional

La segunda implicación es especialmente importante. El modelo separa competencia técnico-
instrumental y competencia rítmico-musical. Esta separación se justifica porque ejecutar físicamente un
patrón y comprender temporalmente su función constituyen operaciones diferentes.

Vurkaç (2012) muestra que principios como la clave organizan relaciones entre componentes de músicas
afrolatinas. Schweitzer (2013) demuestra igualmente que en tradiciones como el batá los patrones
adquieren significado dentro de estructuras de interacción. La competencia rítmica del percusionista
debe evaluarse, por ello, relacionalmente. No basta con preguntar si reproduce correctamente un patrón,
debe determinarse si comprende dónde se encuentra dentro de la arquitectura total. Este punto constituye
una de las diferencias más importantes entre el MICPL y una rúbrica instrumental genérica.

La especificidad estilística limita la idea de una competencia universal

La tercera implicación deriva de la diversidad interna de las músicas latinoamericanas.

No existe una única gramática rítmica denominada “percusión latina”.

Existen tradiciones, géneros, instrumentos y contextos diferenciados.

Por consiguiente, el MICPL no pretende homogeneizar contenidos.

Propone competencias transversales.

La dimensión rítmico-musical exige comprensión estilística precisamente porque reconoce que un
músico puede ser competente en un lenguaje y no poseer el mismo nivel de dominio en otro.

La literatura sobre educación en percusión latina respalda la importancia de articular formación
instrumental con conocimientos históricos y culturales (Guzmán Romo, 2020).

Esto significa que el modelo evalúa capacidad de operar dentro de un lenguaje, no únicamente
cantidad de lenguajes conocidos.

Musicalidad debe convertirse en comportamiento observable

La cuarta implicación corresponde al concepto de musicalidad. En la práctica, la musicalidad suele
tratarse como una cualidad intuitivamente reconocible. El MICPL propone ejecutarla. Juslin (2003)
pág. 9395
demuestra que la expresión interpretativa se articula mediante parámetros controlables de ejecución.
Aplicado a percusión, ello implica observar fraseo, dinámica, timbre, acentuación, densidad, balance y
relación con la estructura musical. Esta operacionalización posee consecuencias pedagógicas. Una
retroalimentación como “debes tocar con más musicalidad” ofrece pocas instrucciones concretas.

En contraste: “reduce densidad durante la voz”; “controla el rango dinámico”; “haz más clara la
articulación del ciclo”; o “modifica el timbre para diferenciar la transición” constituyen observaciones
susceptibles de convertirse en acciones de aprendizaje.

Improvisación significa adaptación contextual, no exhibición

La quinta implicación se refiere a improvisación. La literatura sugiere que improvisar de manera experta
requiere responsividad y autorregulación (Wopereis et al., 2013). Asimismo, los análisis de
improvisación latinoamericana destacan su relación con convenciones y estructuras estilísticas
(González, 2015; Manuel, 1998).

El MICPL amplía por esta razón la dimensión hasta denominarla adaptativa-improvisacional. Esta
formulación reconoce que algunas de las decisiones profesionales más importantes no ocurren durante
un solo instrumental.

Ocurren cuando el músico: percibe una modificación, anticipa una entrada, responde a una señal,
recupera un desajuste, modifica densidad o decide deliberadamente no intervenir. Esta última
posibilidad resulta conceptualmente importante, ya que en contextos colectivos, competencia no
equivale a maximización de actividad. A veces, el nivel superior de decisión consiste en tocar menos.

La excelencia individual está subordinada al sistema musical

La sexta implicación relaciona el modelo con coordinación de ensamble.

Keller (2014) sostiene que la acción musical conjunta depende de anticipación, atención y adaptación
entre intérpretes. El MICPL adopta esta perspectiva y la aplica directamente a la función percusiva. El
resultado colectivo puede deteriorarse incluso cuando cada músico, considerado de forma aislada, posee
elevada habilidad instrumental.

La competencia debe incluir capacidad de integración. Esto modifica también el criterio de excelencia.
Un percusionista no alcanza necesariamente mayor nivel profesional cuanto más visible es su ejecución.
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Alcanza mayor nivel cuando sus decisiones aumentan la coherencia, estabilidad, expresividad y
efectividad del sistema musical.

La profesionalidad forma parte del desempeño

La séptima implicación constituye una ampliación frente a gran parte de las rúbricas académicas.

El MICPL incorpora preparación, comunicación, confiabilidad y adaptación operativa como una
competencia propia. Esta decisión puede parecer externa a la ejecución musical, pero responde a la
naturaleza del trabajo profesional.

Una interpretación sobresaliente que no puede reproducirse consistentemente genera problemas dentro
de una producción. Del mismo modo, un músico incapaz de responder a indicaciones o de coordinarse
con el equipo puede reducir el rendimiento global a pesar de su capacidad técnica. La dimensión
performativa-profesional permite reconocer que la experticia aplicada contiene una responsabilidad
sistémica.

El valor original del MICPL

La contribución del modelo no reside en haber descubierto que técnica, ritmo o musicalidad son
importantes.

Esos componentes aparecen ampliamente en la literatura.

La originalidad propuesta se localiza en cuatro operaciones conceptuales.

Primero, integra cinco dimensiones dentro de una sola arquitectura específica para desempeño
profesional de percusión latina.

Segundo, separa competencia técnico-instrumental de competencia rítmico-musical, permitiendo
distinguir control físico de comprensión temporal y estilística.

Tercero, formaliza adaptación e improvisación como capacidad profesional transversal, no
únicamente como destreza solista.

Cuarto, incorpora confiabilidad profesional como parte del sistema de competencia, conectando
performance musical con funcionamiento real dentro de producciones y ensambles.

La combinación de estas operaciones produce el siguiente principio:
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La excelencia del percusionista latino no depende de cuánto puede ejecutar aisladamente, sino de
cuán eficazmente integra control, tiempo, significado, adaptación y confiabilidad dentro de un
contexto musical específico.

Este principio constituye la proposición central del MICPL.

Aplicaciones del modelo

Evaluación profesional

El modelo puede utilizarse como estructura para jurados, audiciones o procesos de selección.

Su principal ventaja consiste en obligar a diferenciar dimensiones antes de producir un juicio global.

Esto puede reducir el riesgo de que una característica altamente visible, por ejemplo, virtuosismo
técnico, determine de forma desproporcionada la evaluación total.

Formación

El MICPL permite organizar programas de estudio alrededor de resultados competenciales.

La formación no tendría que avanzar solamente por dificultad de repertorio. Podría diseñarse mediante
trayectorias diferenciadas: desarrollo técnico, entrenamiento rítmico, interpretación, adaptación, y
profesionalización.

Retroalimentación

El modelo permite producir feedback específico.

Cada observación puede vincularse con una dimensión, un indicador y una conducta.

Esto aumenta la posibilidad de transformar evaluación en aprendizaje.

Autoevaluación

El músico puede construir perfiles periódicos de desarrollo.

La herramienta permitiría identificar situaciones como elevada técnica combinada con baja adaptación,
o fuerte comprensión rítmica acompañada de debilidad profesional.

Selección contextual

Diferentes proyectos pueden requerir diferentes perfiles.

El modelo no obliga a ponderar todas las dimensiones de la misma forma.

Una grabación altamente estructurada puede otorgar mayor peso a precisión y consistencia.

Una producción con amplios espacios de interacción puede priorizar adaptación.
pág. 9398
Una gira puede exigir especialmente confiabilidad y resistencia operativa.

Esta flexibilidad contextual constituye una fortaleza del modelo y, simultáneamente, un aspecto que
debe analizarse empíricamente.

Limitaciones

La primera limitación corresponde al carácter conceptual-aplicado de la investigación.

El modelo se deriva de sistematización de práctica profesional y contrastación teórica, pero no ha sido
validado mediante una muestra de percusionistas.

Por tanto, no puede afirmarse todavía que las cinco dimensiones representen estadísticamente la
estructura latente del desempeño.

La segunda limitación se relaciona con la experiencia profesional utilizada como fuente.

La práctica aporta conocimiento situado, pero también puede contener sesgos derivados de trayectorias,
géneros, contextos y criterios personales.

La contrastación bibliográfica reduce este riesgo, pero no lo elimina.

La tercera limitación corresponde a la categoría “percusión latina”.

Su diversidad cultural impide asumir que todos los instrumentos, repertorios o tradiciones valoren
exactamente las mismas capacidades.

El MICPL opera en un nivel transversal y debe complementarse con criterios específicos según género
o tradición.

La cuarta limitación es la ausencia de evaluación interjueces.

No se ha determinado si distintos profesionales interpretarían y aplicarían los indicadores de manera
equivalente.

La quinta limitación es la ausencia de ponderaciones.

El modelo no establece que todas las dimensiones aporten el mismo peso al desempeño global.

Esta decisión es deliberada: asignar porcentajes sin evidencia empírica produciría una precisión
artificial.

Agenda de validación futura

La siguiente fase de investigación debería evaluar la validez de contenido del MICPL mediante paneles
de expertos.
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Percusionistas profesionales, docentes, directores musicales y productores podrían valorar: claridad,
relevancia, representatividad, y diferenciación de los indicadores.

Una segunda fase debería convertir la matriz en una rúbrica con descriptores conductuales por nivel.

Posteriormente debería estudiarse la confiabilidad interevaluador mediante interpretaciones grabadas o
audiciones estandarizadas.

Una cuarta fase podría explorar la estructura interna del modelo mediante análisis factorial u otros
procedimientos apropiados, siempre que el tamaño y características de la muestra lo permitan.

También sería relevante estudiar validez convergente y predictiva.

Por ejemplo, podría analizarse si puntuaciones elevadas en el MICPL se relacionan con evaluaciones
independientes de expertos, estabilidad laboral, calidad de ensamble o capacidad para resolver diferentes
escenarios musicales.

Finalmente, resultaría especialmente valioso realizar comparaciones entre géneros.

Dichos estudios permitirían determinar qué indicadores son verdaderamente transversales y cuáles
requieren versiones específicas para salsa, música afrocubana, música tropical, contextos folklóricos,
jazz latino u otros dominios.

Conclusiones

El objetivo del presente estudio fue desarrollar un modelo capaz de sistematizar las competencias
asociadas con el desempeño profesional del percusionista latino contemporáneo.

La revisión conceptual y la sistematización de práctica permitieron identificar cinco dimensiones
interdependientes: competencia técnico-instrumental, rítmico-musical, interpretativo-expresiva,
adaptativa-improvisacional y performativa-profesional.

Estas dimensiones conforman el Modelo Integral de Competencias del Percusionista Latino (MICPL).

La primera aportación del modelo consiste en superar una comprensión exclusivamente técnica del
desempeño.

La capacidad de ejecutar correctamente un instrumento representa una base necesaria, pero la
competencia profesional emerge cuando dicha capacidad se integra con comprensión temporal,
intención interpretativa, adaptación contextual y confiabilidad.

La segunda aportación consiste en diferenciar control instrumental de comprensión rítmica.
pág. 9400
Esta distinción resulta particularmente relevante en músicas afrolatinas, donde principios organizativos
y relaciones entre patrones afectan directamente la coherencia del conjunto.

La tercera aportación consiste en conceptualizar improvisación como capacidad adaptativa.

El percusionista profesional no demuestra flexibilidad únicamente mediante solos, sino mediante
decisiones contextuales que permiten responder a cambios, señales, errores, transiciones y dinámicas
del ensamble.

La cuarta aportación consiste en incorporar la profesionalidad dentro del sistema de desempeño.

La excelencia aplicada requiere preparación, comunicación, consistencia y capacidad de integrarse de
manera confiable dentro de estructuras de trabajo.

En conjunto, el MICPL propone una definición operacional de excelencia:

el desempeño profesional del percusionista latino constituye la capacidad integrada de producir
respuestas técnicamente controladas, rítmicamente coherentes, interpretativamente
significativas, contextualmente adaptativas y profesionalmente confiables dentro de un sistema
musical determinado.

Esta definición sintetiza la contribución central del trabajo.

El modelo no debe interpretarse todavía como instrumento universal o definitivamente validado. Su
valor actual reside en proporcionar una arquitectura conceptual explícita, ejecutable y susceptible de
contrastación.

Precisamente esta condición constituye una fortaleza metodológica: el artículo diferencia claramente
aquello que puede sostenerse a partir de literatura y sistematización profesional de aquello que deberá
demostrarse mediante investigación posterior.

El MICPL abre así una línea de investigación orientada a formalizar criterios profesionales que
frecuentemente permanecen tácitos y convertirlos en herramientas aplicables a evaluación, formación y
desarrollo de músicos.

Dentro de esa agenda, la validación empírica del modelo representa el siguiente paso necesario.

Sin embargo, incluso en su fase conceptual, la arquitectura propuesta permite desplazar la pregunta
desde “¿qué tan bien toca un percusionista?” hacia una pregunta académica y profesionalmente más
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precisa: “¿qué sistema de competencias explica la calidad, pertinencia y confiabilidad de su
desempeño dentro de un contexto musical específico?”

Responder a esta segunda pregunta permite abordar la percusión latina no solamente como práctica
instrumental, sino como un campo de conocimiento profesional susceptible de análisis, sistematización
y desarrollo científico.

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