RUSIA COMO POTENCIA
AGROALIMENTARIA EN GUERRA:
GEOECONOMÍA, RESILIENCIA Y

VULNERABILIDAD COMPARATIVA DE
MÉXICO (2020-2025)

RUSSIA AS AN AGRI-FOOD POWER AT WAR: GEOECONOMICS,
RESILIENCE AND MEXICO'S COMPARATIVE VULNERABILITY
(2020–2025)

Raúl Alberto Rodríguez Alvarado

Universidad de Colima

Miguel Ángel Medina Romero

Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo

Oriana Zaret Gaytán Gómez

Universidad de Colima

Leslie Beltrán Martínez

Universidad de Colima

Dariana Rodríguez Sánchez

Universidad de Colima
pág. 9436
DOI:
https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i4.25962
Rusia como potencia agroalimentaria en guerra: Geoeconomía, resiliencia y
vulnerabilidad comparativa de México (2020-2025)

Raúl Alberto Rodríguez Alvarado
1
raulalbertorodriguezalvarado@gmail.com

https://orcid.org/0000-0002-2791-0050

Universidad de Colima

México

Miguel Ángel Medina Romero

miguel.medina.romero@umich.mx

https://orcid.org/0000-0003-4067-2816

Universidad Michoacana de San Nicolás de
Hidalgo

México

Oriana Zaret Gaytán Gómez

oriana_gaytan@uco.mx

https://orcid.org/0000-0001-9465-5371

Universidad de Colima

México

Leslie Beltrán Martínez

lesliebeltran555@gmail.com

https://orcid.org/0009-0009-6418-2388

Universidad de Colima

México

Dariana Rodríguez Sánchez

darianarodriguezsanchez2005@ucol.mx

https://orcid.org/0009-0001-7015-4377

Universidad de Colima

México

RESUMEN

La guerra entre Rusia y Ucrania reconfiguró de manera profunda los mercados internacionales de
cereales, fertilizantes y cadenas agroalimentarias, evidenciando la centralidad estratégica de los
alimentos en la competencia geoeconómica contemporánea. Este artículo analiza el sistema
agroalimentario ruso como estudio de caso principal durante el periodo 2020–2025, evaluando la
evolución de la producción cerealera, las exportaciones agrícolas, el papel de los fertilizantes y la
reorientación geográfica del comercio exterior bajo condiciones de guerra y sanciones económicas. La
investigación adopta un diseño cuantitativo longitudinal y descriptivo-comparativo de caso (Creswell,
2014; Yin, 2018), basado en series de tiempo y construcción de indicadores sintéticos de resiliencia y
soberanía agroalimentaria, utilizando bases de datos oficiales de FAO, USDA, World Bank, UN
Comtrade, WITS y otros organismos internacionales. Complementariamente, se incorpora una
comparación estructural con México mediante un Índice de Vulnerabilidad Alimentaria Geoeconómica
(IVAG-Mx), que integra dependencia de importaciones, fertilizantes, concentración comercial y
dolarización. Los resultados muestran una resiliencia agroalimentaria relativa de Rusia, asociada con
elevada capacidad productiva cerealera, control parcial de fertilizantes y diversificación hacia mercados
no occidentales, coexistente con presiones inflacionarias, restricciones tecnológicas y vulnerabilidades
logísticas. En contraste, México presenta alta vulnerabilidad estructural por su dependencia de insumos
externos y concentración comercial. Se concluye que los sistemas agroalimentarios operan
crecientemente como instrumentos de poder geoeconómico, y que fortalecer capacidades productivas,
diversificar mercados y avanzar en transiciones agroecológicas resulta clave para reducir la
vulnerabilidad mexicana en un entorno internacional fragmentado.

Palabras clave: Geoeconomía alimentaria; resiliencia agroalimentaria; Rusia; fertilizantes; seguridad
alimentaria; vulnerabilidad geoeconómica de México.

1 Autor principal

Correspondencia:
miguel.medina.romero@umich.mx
pág. 9437
Russia as an agri-food power at war: geoeconomics, resilience and Mexico's
comparative vulnerability (2020–2025)

ABSTRACT

The Russia–Ukraine war deeply reshaped international markets for cereals, fertilizers and agri-food
supply chains, highlighting the strategic centrality of food within contemporary geoeconomic
competition.
This article examines the Russian agri-food system as the main case study for the 2020–
2025
period, assessing the evolution of cereal production, agricultural exports, the role of fertilizers and
the geographical reorientation of foreign trade under war and economic sanctions.
The research adopts
a quantitative longitudinal and descriptive
-comparative case-study design (Creswell, 2014; Yin, 2018)
based
on time series and the construction of synthetic indicators of agri-food resilience and sovereignty,
using official databases from FAO, USDA, the World Bank, UN Comtrade, WITS and other

international organizations.
A structural comparison with Mexico is incorporated through the
Geoeconomic Food Vulnerability Index (IVAG-Mx), which combines food import dependence,
fertilizer dependence, trade concentration and dollarization. The findings show Russia's relative agri-
food resilience, associated with high cereal production capacity, partial control of fertilizers and
diversification towards non-Western markets, coexisting with inflationary pressures, technological
restrictions and logistical vulnerabilities. In contrast, Mexico exhibits high structural vulnerability due
to its dependence on external inputs and concentrated trade patterns. The article concludes that agri-
food systems increasingly function as instruments of geoeconomic power, and that strengthening
productive capacity, diversifying markets and advancing agroecological transitions are key to reducing
Mexico's vulnerability in a fragmented international environment.

Keywords: Agri-food geoeconomics; agri-food resilience; Russia; fertilizers; food security; Mexico's
geoeconomic vulnerability.

Artículo recibido 06 septiembre 2026

Aceptado para publicación: 07 octubre 2026
pág. 9438
INTRODUCCIÓN

La guerra entre Rusia y Ucrania iniciada en febrero de 2022 alteró de manera significativa el
funcionamiento del sistema agroalimentario internacional, particularmente en los mercados de cereales,
oleaginosas y fertilizantes. Antes del conflicto, ambos países concentraban cerca del 30% de las
exportaciones mundiales de trigo, además de mantener una participación relevante en cebada, aceite de
girasol y fertilizantes nitrogenados, lo que les confería una posición estratégica dentro de la seguridad
alimentaria global (FAO, 2022).

Las interrupciones logísticas en el Mar Negro, las sanciones económicas impuestas contra Rusia y la
reducción temporal de exportaciones ucranianas provocaron incrementos significativos en los precios
internacionales de alimentos y fertilizantes durante 2022 y 2023. De acuerdo con FAO (2023), el índice
mundial de precios de alimentos alcanzó máximos históricos tras el inicio del conflicto, afectando
particularmente a economías importadoras dependientes de cereales y fertilizantes externos (Cuadro 1).

Cuadro 1. Participación de Rusia y Ucrania en exportaciones agrícolas mundiales antes del conflicto
(promedio 2018–2021)

Producto estratégico
Rusia (%) Ucrania (%) Participación conjunta (%)
Trigo
20 10 30
Cebada
14 13 27
Aceite de girasol
22 50 72
Fertilizantes nitrogenados
15 2 17
Nota: Elaboración propia a partir de: FAO (2022), USDA (2025), International Fertilizer Association (2024).

La elevada concentración agroalimentaria preexistente explica por qué la guerra provocó efectos
inmediatos sobre precios internacionales, inflación alimentaria y vulnerabilidad de países altamente
dependientes de importaciones agrícolas. Particularmente relevante resulta el caso del aceite de girasol,
donde la participación conjunta superaba el 70% del comercio internacional, así como el trigo, donde
ambos países concentraban cerca del 30% de las exportaciones mundiales.

Sin embargo, contrario a diversos pronósticos iniciales que anticipaban una contracción severa del
sistema agroalimentario ruso, la Federación Rusa mantuvo elevados niveles de producción cerealera y
consolidó su posición como principal exportador mundial de trigo. Según datos de FAO (2025a) y
pág. 9439
USDA (2025), Rusia alcanzó una producción cerealera superior a 157 millones de toneladas en 2022 y
mantuvo exportaciones de trigo cercanas a 45–55 millones de toneladas anuales entre 2022 y 2025
(Cuadro 2).

Cuadro 2. Producción cerealera y exportaciones de trigo de Rusia (2020–2025)

Año
Producción cerealera (Mt) Exportaciones de trigo (Mt)
2020
133.5 38.4
2021
121.4 33.1
2022
157.6 45.5
2023
147.0 47.0
2024
142.3 46.0
2025
134.5 45.0
Nota: Elaboración propia a partir de: FAO (2025a), USDA (2025).

Este comportamiento plantea una cuestión relevante para la economía política internacional
contemporánea: ¿cómo logró Rusia sostener capacidad agroalimentaria y presencia exportadora bajo
condiciones de guerra, sanciones económicas y fragmentación geoeconómica?

La relevancia del problema trasciende el caso ruso. El conflicto evidenció la creciente centralidad
estratégica de los sistemas agroalimentarios dentro de la competencia geoeconómica global (Clapp,
2016). El control de fertilizantes, granos y cadenas logísticas comenzó a desempeñar un papel
comparable al de la energía y otros recursos estratégicos dentro de las disputas contemporáneas por
autonomía económica y estabilidad estatal (McMichael, 2013). En este contexto, Rusia representa un
caso particularmente relevante debido a la transformación estructural de su agricultura durante las
últimas dos décadas, transitando desde una posición de dependencia alimentaria relativa posterior a la
disolución soviética hacia una estrategia de fortalecimiento productivo y expansión exportadora
agroalimentaria (Wegren, 2005). Esta evolución permitió consolidar al sector agroalimentario como uno
de los componentes más resilientes de la economía rusa durante el conflicto. No obstante, el desempeño
agroalimentario ruso coexistió con limitaciones vinculadas con acceso a tecnologías agrícolas,
financiamiento y determinados insumos productivos bajo condiciones de sanciones internacionales
pág. 9440
(Wegren, 2023). En consecuencia, la resiliencia observada debe entenderse como capacidad relativa de
adaptación estructural más que como autosuficiencia absoluta.

El problema central de este artículo consiste en analizar la capacidad del sistema agroalimentario ruso
para sostener producción, exportaciones y control parcial de insumos estratégicos en un entorno de
conflicto bélico y fragmentación geoeconómica, y derivar implicaciones analíticas para la
vulnerabilidad agroalimentaria mexicana. El objetivo general es examinar la estrategia agroalimentaria
rusa entre 2020 y 2025 desde la perspectiva de la geoeconomía alimentaria, identificando factores de
resiliencia relativa y límites estructurales, y compararla con la situación mexicana mediante indicadores
sintéticos de soberanía y vulnerabilidad.

Como objetivos específicos se plantean: i) describir la evolución de la producción cerealera,
exportaciones agrícolas y fertilizantes rusos durante el periodo 2020–2025; ii) construir y aplicar un
Índice de Resiliencia Agroalimentaria de Guerra (IRAG) y un Índice de Soberanía Agroalimentaria
Estratégica (ISAE) para el caso ruso; iii) estimar un Índice de Vulnerabilidad Alimentaria
Geoeconómica para México (IVAG-Mx); y iv) discutir las implicaciones de estos resultados para la
seguridad y soberanía alimentaria mexicanas en un entorno de creciente fragmentación económica
internacional.

La hipótesis central sostiene que la resiliencia agroalimentaria rusa durante la guerra estuvo asociada
principalmente con cuatro factores estructurales: elevada capacidad productiva cerealera, posición
estratégica en fertilizantes, diversificación comercial hacia mercados no occidentales y capacidad estatal
de reorganización logística bajo condiciones de sanciones económicas. Por último, el trabajo se organiza
en siete secciones: marco teórico, metodología, resultados, análisis y discusión, lecciones para México,
conclusiones y referencias.

MARCO TEÓRICO

Geoeconomía alimentaria y fragmentación del sistema internacional

Durante las primeras décadas del siglo XXI, el sistema económico internacional ha experimentado un
proceso creciente de fragmentación asociado con tensiones geopolíticas, disputas comerciales y
reconfiguración de cadenas globales de suministro (Rodrik, 2011). Tooze (2021), entre otros autores, ha
señalado que la globalización contemporánea atraviesa una fase de reorganización estructural,
pág. 9441
caracterizada por el fortalecimiento de bloques económicos, estrategias de relocalización productiva y
competencia por recursos estratégicos. Desde una perspectiva de análisis de sistemas-mundo, este
proceso puede entenderse como una reconfiguración de las jerarquías centro-periferia y de las relaciones
de dependencia estructural que han organizado históricamente la economía capitalista global
(Wallerstein, 2004).

En este contexto, la geoeconomía adquiere creciente relevancia como marco analítico para comprender
el uso de instrumentos económicos dentro de estrategias de poder internacional. Blackwill y Harris
(2016) definen la geoeconomía como el empleo de herramientas económicas para promover objetivos
geopolíticos y fortalecer posiciones estratégicas de los Estados. Más allá de la competencia militar
tradicional, los conflictos contemporáneos incorporan disputas relacionadas con energía, tecnología,
finanzas, minerales críticos y sistemas agroalimentarios.

Dentro de esta dinámica, los alimentos y fertilizantes han adquirido una relevancia estratégica creciente.
Clapp (2016) argumenta que los sistemas agroalimentarios contemporáneos no responden
exclusivamente a dinámicas de mercado, sino también a relaciones de poder estructural entre Estados,
corporaciones y cadenas globales de suministro. El control sobre cereales, fertilizantes y logística
alimentaria puede generar capacidades de influencia geopolítica comparables a otros recursos
estratégicos.

La guerra entre Rusia y Ucrania evidenció esta dimensión geoeconómica del alimento. Ambos países
desempeñaban un papel central en exportaciones globales de trigo, cebada, aceite de girasol y
fertilizantes nitrogenados antes del conflicto, por lo que cualquier alteración en su capacidad exportadora
generaba impactos inmediatos sobre precios internacionales y seguridad alimentaria global (FAO,
2022). En consecuencia, la producción agroalimentaria comenzó a consolidarse no solo como actividad
económica, sino como componente de resiliencia estratégica estatal dentro de un entorno internacional
crecientemente fragmentado.

Seguridad alimentaria, soberanía alimentaria y autosuficiencia

El concepto de seguridad alimentaria fue consolidado por la Organización de las Naciones Unidas para
la Alimentación y la Agricultura (FAO, 2006), definiéndose como la situación en la cual todas las
personas tienen acceso físico y económico permanente a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos para
pág. 9442
satisfacer sus necesidades alimentarias.

No obstante, diversos autores han cuestionado que esta definición prioriza la disponibilidad y acceso a
alimentos sin considerar suficientemente las relaciones de poder asociadas con producción, distribución
y control de sistemas alimentarios. Patel (2009) sostiene que la seguridad alimentaria puede coexistir
con altos niveles de dependencia externa, concentración corporativa y vulnerabilidad estructural. Frente
a ello, surge el concepto de soberanía alimentaria, impulsado originalmente por La Vía Campesina, el
cual plantea el derecho de los pueblos y Estados a definir sus propias políticas agrícolas y alimentarias,
priorizando producción local, autonomía productiva y control de recursos estratégicos (Altieri & Toledo,
2011). Desde esta perspectiva, la alimentación no constituye únicamente una mercancía, sino un
componente fundamental de autonomía económica y estabilidad social.

Por otra parte, la autosuficiencia alimentaria hace referencia a la capacidad de un país para producir
internamente una proporción significativa de los alimentos que consume (Clapp, 2016). Aunque
relacionada con soberanía alimentaria, la autosuficiencia no implica necesariamente control sobre
cadenas de suministro, fertilizantes o mercados estratégicos. Los enfoques de sistemas alimentarios
sostenibles enfatizan además que la sostenibilidad ecológica constituye una dimensión inseparable de la
soberanía alimentaria a largo plazo (Gliessman, 2015; Altieri, 2002). El caso ruso resulta
particularmente relevante porque combina elevada producción cerealera, capacidad exportadora, control
parcial sobre fertilizantes y estrategias estatales de reorganización agroalimentaria, lo que sugiere la
necesidad de analizar formas contemporáneas de soberanía agroalimentaria asociadas no solo con
abastecimiento interno, sino también con resiliencia geoeconómica y capacidad exportadora bajo
contextos de presión internacional.

Resiliencia agroalimentaria en contextos de conflicto

La resiliencia agroalimentaria se refiere a la capacidad de un sistema alimentario para resistir, adaptarse
y mantener funcionamiento operativo frente a perturbaciones externas, incluyendo crisis económicas,
desastres naturales, pandemias o conflictos armados (Tendall et al., 2015). En escenarios de guerra, esta
resiliencia depende de múltiples dimensiones: capacidad productiva, acceso a insumos, infraestructura
logística, reservas estratégicas, financiamiento y capacidad institucional estatal.

Las sanciones económicas representan un tipo particular de perturbación estructural, debido a que
pág. 9443
afectan simultáneamente comercio, logística, acceso financiero y cadenas tecnológicas. Tooze (2021)
sostiene que las sanciones contemporáneas funcionan como instrumentos de presión económica
orientados a debilitar capacidades productivas estratégicas de los Estados.

Sin embargo, diversos estudios recientes muestran que la capacidad de adaptación de los sistemas
agroalimentarios depende también de factores internos, incluyendo disponibilidad de tierra cultivable,
infraestructura agrícola, mercados alternativos y diversificación comercial (OECD, 2024). En el caso
ruso, la resiliencia agroalimentaria se manifestó mediante el mantenimiento de producción cerealera,
continuidad exportadora, redirección comercial hacia mercados no occidentales y fortalecimiento
relativo del papel estratégico de fertilizantes. No obstante, esta resiliencia no implica ausencia de
vulnerabilidades. Persisten limitaciones relacionadas con dependencia tecnológica, inflación
alimentaria, costos logísticos y acceso restringido a determinados mercados financieros internacionales
(World Bank, 2024). En consecuencia, la resiliencia agroalimentaria debe entenderse como capacidad
relativa de adaptación estructural, más que como autosuficiencia absoluta.

Rusia como potencia agroexportadora y actor estratégico en fertilizantes

Tras la disolución de la Unión Soviética, Rusia experimentó un proceso de transformación económica
y reorganización productiva que incluyó profundas reformas en el sector agrícola. Durante las décadas
posteriores, el país transitó desde escenarios de dependencia alimentaria relativa hacia una consolidación
progresiva como potencia agroexportadora (Wegren, 2005). Para 2020–2025, Rusia se había convertido
en principal exportador mundial de trigo, actor relevante en cebada y aceite de girasol, y uno de los
principales proveedores globales de fertilizantes nitrogenados y potásicos.

De acuerdo con USDA (2025), las exportaciones rusas de trigo alcanzaron niveles cercanos a 45–55
millones de toneladas anuales durante el periodo posterior al inicio de la guerra. Simultáneamente, el
país mantuvo participación estratégica dentro del mercado internacional de fertilizantes, particularmente
hacia economías del Sur Global dependientes de importaciones agrícolas. El papel de los fertilizantes
adquiere especial relevancia debido a que estos insumos constituyen un componente esencial para
productividad agrícola mundial. Diversos estudios han mostrado que alteraciones en precios o
disponibilidad de fertilizantes generan efectos multiplicadores sobre inflación alimentaria, costos
agrícolas y seguridad alimentaria internacional (IFA, 2024).
pág. 9444
En este sentido, Rusia logró utilizar parcialmente su capacidad agroexportadora y fertilizante como
mecanismo de inserción geoeconómica dentro de mercados alternativos, particularmente en Asia, África
y Medio Oriente. La reorganización comercial hacia China, India y otros mercados no occidentales
permitió amortiguar parcialmente el impacto de sanciones occidentales sobre el sector agroalimentario.
No obstante, el modelo ruso continúa enfrentando desafíos estructurales vinculados con dependencia
tecnológica, restricciones logísticas, volatilidad financiera y presión inflacionaria derivada del contexto
bélico. Por ello, el caso ruso no debe interpretarse como un modelo exento de contradicciones, sino
como un ejemplo de adaptación agroalimentaria relativa dentro de un escenario de fragmentación
geoeconómica global.

METODOLOGÍA

Tipo de estudio y diseño

La presente investigación se configura como un estudio cuantitativo de caso, de carácter longitudinal y
descriptivo-comparativo, orientado al análisis del sistema agroalimentario ruso durante el periodo 2020–
2025 en el contexto de la guerra entre Rusia y Ucrania y las sanciones económicas internacionales. El
diseño de investigación se inscribe en la tradición de estudios cuantitativos descriptivos y comparativos
(Creswell, 2014), con un enfoque de estudio de caso que permite el análisis intensivo de un fenómeno
contemporáneo dentro de su contexto real (Yin, 2018).

El estudio se centra en evaluar cambios estructurales en producción agrícola, exportaciones
agroalimentarias, fertilizantes, inflación alimentaria y reorientación geoeconómica del comercio exterior
ruso. El diseño longitudinal permite comparar el periodo previo al conflicto (2020–2021) con el periodo
posterior al inicio de la guerra (2022–2025). La investigación combina análisis estadístico descriptivo,
análisis comparativo de series de tiempo y triangulación documental con literatura especializada en
seguridad alimentaria, geoeconomía y resiliencia agroalimentaria.

El diseño de caso se complementa con una comparación estructural no simétrica con México, que se
utiliza como referencia para ilustrar niveles de dependencia alimentaria y vulnerabilidad geoeconómica
en una economía interdependiente de América Latina. México se selecciona como caso ilustrativo por
su alta dependencia de importaciones de cereales y fertilizantes, su elevada concentración comercial con
Estados Unidos y la dolarización de su comercio agroalimentario, dimensiones que permiten contrastar
pág. 9445
de forma clara la resiliencia rusa con la vulnerabilidad mexicana.

Unidad de análisis y ámbito de comparación

La unidad de análisis principal es el sistema agroalimentario de la Federación Rusa, entendido como el
conjunto de actividades relacionadas con producción agrícola, fertilizantes, exportaciones
agroalimentarias, logística alimentaria y comercio internacional de productos estratégicos. El ámbito
comparativo incluye el sistema agroalimentario mexicano como caso de referencia, focalizado en
variables de dependencia importadora, dependencia de fertilizantes, concentración comercial y
dolarización del comercio exterior agroalimentario.

Periodo de estudio

El periodo analizado comprende de 2020 a 2025. La delimitación temporal responde a tres criterios: i)
incorporar información previa al conflicto armado para establecer una línea de base; ii) evaluar efectos
inmediatos posteriores a 2022; y iii) analizar procesos recientes de reorganización agroalimentaria y
comercial bajo condiciones de sanciones económicas y fragmentación geoeconómica.

Fuentes de información

La investigación utiliza exclusivamente bases de datos oficiales, públicas y verificables, con el objetivo
de garantizar replicabilidad y trazabilidad metodológica (Cuadro 3).

Cuadro 3. Fuentes de información

Variables Fuentes principales Tipo de información

Producción cerealera FAO Producción agrícola

International Fertilizer

Exportaciones de trigo y cereales Comercio agroalimentario
Association (IFA)

Fertilizantes USDA PSD Database Producción y exportaciones
Inflación alimentaria World Bank Data Índices de precios
Comercio internacional UN Comtrade / WITS Flujos comerciales

PIB y otras variables IMF World Economic Outlook Variables económicas
Seguridad alimentaria FAO Indicadores alimentarios

Nota: Elaboración propia.
pág. 9446
Variables y dimensiones analíticas

El análisis se estructura a partir de seis dimensiones principales, como puede advertirse a través del
Cuadro 4.

Cuadro 4. Fuentes de información

Dimensión
Indicador Unidad
Producción agrícola
Producción cerealera total Millones de toneladas
Exportaciones
Exportaciones de trigo Millones de toneladas
Fertilizantes
Participación en exportaciones mundiales Porcentaje
Inflación alimentaria
Inflación anual de alimentos Porcentaje
Comercio
Diversificación de mercados Participación relativa
Dependencia alimentaria
Importaciones alimentarias (México) Porcentaje
Nota: Elaboración propia.

Técnicas de análisis

Se utilizaron las siguientes técnicas analíticas:

a)
Análisis descriptivo de series de tiempo. Permite identificar tendencias generales en producción,
exportaciones, fertilizantes e inflación alimentaria antes y después del inicio del conflicto (Anexo).

b)
Variación porcentual interanual. Para medir cambios relativos se empleó la fórmula:
Var\% = 𝑋𝑡 − 𝑋𝑡−1 × 100

𝑋𝑡−1

c)
Participación relativa en exportaciones mundiales. La cuota de Rusia en mercados internacionales se
calcula como:

Exportaciones de Rusia
Participación = Exportaciones mundiales totales

d)
Comparación estructural de sistemas agroalimentarios. Se construyen cuadros que contrastan Rusia
y México en producción cerealera, exportaciones, dependencia de fertilizantes, dependencia de
importaciones de cereales y concentración comercial, con el fin de identificar diferencias en resiliencia
y vulnerabilidad.
pág. 9447
e)
Construcción de indicadores sintéticos. Se desarrollan tres índices descriptivos: el Índice de
Resiliencia Agroalimentaria de Guerra (IRAG), el Índice de Soberanía Agroalimentaria Estratégica
(ISAE) para Rusia, y el Índice de Vulnerabilidad Alimentaria Geoeconómica (IVAG-Mx) para México,
basados en la normalización Min-Max y agregación ponderada de variables normalizadas.

Construcción de indicadores sintéticos complementarios

Con el propósito de integrar dimensiones estructurales del sistema agroalimentario, se desarrollaron tres
indicadores sintéticos complementarios de carácter descriptivo. A diferencia de modelos econométricos
causales, estos indicadores funcionan exclusivamente como herramientas descriptivas de apoyo
analítico. La metodología de construcción de indicadores compuestos sigue lineamientos generales de
la literatura especializada sobre construcción de índices (Nardo, Saisana, Saltelli, & Tarantola, 2005;
OECD, 2008), que recomienda el uso de normalización, agregación transparente y análisis de
sensibilidad para garantizar robustez metodológica.

La selección de variables responde a criterios de pertinencia teórica (relación con seguridad y soberanía
alimentaria), disponibilidad de datos comparables y relevancia estructural dentro de la literatura sobre
sistemas agroalimentarios y geoeconomía. Las ponderaciones utilizadas se fundamentan en la
importancia relativa asignada a capacidad versus presión en el caso de la resiliencia, y en la centralidad
de la dependencia importadora y financiera en el caso de la vulnerabilidad, complementadas con un
análisis de sensibilidad que muestra estabilidad del rango interpretativo ante cambios moderados en los
pesos.

Índice de Resiliencia Agroalimentaria de Guerra (IRAG)

El IRAG representa la capacidad relativa del sistema agroalimentario ruso para mantener producción,
exportaciones y abastecimiento frente a perturbaciones derivadas de guerra y sanciones. Integra
variables de capacidad (producción, exportaciones, abastecimiento interno) y presión (inflación
alimentaria, dependencia de insumos externos). Las variables fueron normalizadas mediante escala Min-

Max:

𝑋𝑛

𝑋 − 𝑋min

=
𝑋max − 𝑋min
Posteriormente, el índice se estimó mediante agregación ponderada:
pág. 9448
IRAG = (0.60 ⋅ Capacidad) + [0.40 ⋅ (1-Presión)]

Donde:

Capacidad = (0.33·P) + (0.33·E) + (0.34·A)
Presión = (0.50·I) + (0.50·D)

P = producción agrícola normalizada
E = exportaciones normalizadas

A = abastecimiento interno
I = inflación alimentaria

D = dependencia de insumos externos

Índice de Soberanía Agroalimentaria Estratégica (ISAE)

El ISAE busca capturar la combinación de capacidad productiva, control sobre fertilizantes, capacidad
exportadora, reservas estratégicas y mecanismos estatales de manejo agroalimentario:

ISAE = (0.25⋅P) + (0.20⋅F) + (0.20⋅X) + (0.15⋅R) + (0.20⋅M)

Donde:

P = producción

F = control sobre fertilizantes
X = capacidad exportadora

R = reservas estratégicas
M = mecanismos estatales

Índice de Vulnerabilidad Alimentaria Geoeconómica (IVAG-Mx)

El IVAG-Mx sintetiza la vulnerabilidad mexicana a partir de dependencia de importaciones alimentarias,
fertilizantes, concentración comercial, dolarización del comercio agrícola y bajo nivel agroecológico:

IVAG – Mx = (0.25⋅IM) + (0.20⋅IF) + (0.20⋅TC) + (0.20⋅DM) + (0.15⋅DA)

Donde:

IM = dependencia alimentaria
IF = dependencia de fertilizantes
TC = concentración comercial
DM = dolarización comercial
pág. 9449
DA = bajo nivel agroecológico

Limitaciones metodológicas

El estudio reconoce que algunas estadísticas recientes pueden presentar ajustes posteriores derivados
del contexto de guerra; que existen diferencias metodológicas entre organismos internacionales; y que
ciertos componentes geoeconómicos —como las relaciones de poder financieras o tecnológicas— no
son completamente cuantificables. No obstante, el uso de múltiples fuentes oficiales, la transparencia
de las fórmulas utilizadas y la publicación de las series de tiempo en anexos contribuyen a la
replicabilidad del diseño en otros estudios de caso o comparativos.

Replicabilidad

La metodología propuesta puede replicarse en otros estudios debido a que utiliza bases de datos públicas,
emplea fórmulas transparentes, incorpora indicadores verificables y evita ponderaciones subjetivas
complejas.

RESULTADOS

Evolución de la producción cerealera rusa durante el conflicto (2020–2025)

Los resultados muestran que el sistema agroalimentario ruso mantuvo una elevada capacidad productiva
durante el periodo de guerra y sanciones económicas. De acuerdo con información de FAO (2025a) y
USDA (2025), la producción total de cereales en Rusia pasó de 121.4 millones de toneladas en 2021 a

157.6 millones en 2022, representando un incremento aproximado de 29.8% interanual. Posteriormente,
aunque la producción mostró una moderada desaceleración, el volumen cerealero se mantuvo por
encima de niveles prepandemia y preconflicto (Cuadro 5).

Cuadro 5. Participación de China en el FMI, transformación financiera global y pesos relativos en el
contexto multipolar

Año

Producción cerealera
Producción de trigo Exportaciones de trigo
(Mt)
(Mt) (Mt)
2020
133.5 85.9 38.4
2021
121.4 76.0 33.1
2022
157.6 104.2 45.5
2023
147.0 92.1 47.0
pág. 9450
2024
142.3 88.0 46.0
2025
134.5 83.0 45.0
Nota: Elaboración propia con base en FAO (2025a) y USDA (2025).

Estos resultados sugieren que el conflicto no provocó una contracción estructural inmediata del sistema
agrícola ruso. Por el contrario, el sector agroalimentario se consolidó como uno de los componentes más
resilientes de la economía rusa durante el periodo analizado. La estabilidad relativa de las exportaciones
agrícolas resulta especialmente relevante debido a que el comercio agroalimentario constituyó uno de
los principales mecanismos de ingreso externo para Rusia durante el periodo de restricciones
económicas internacionales.

Exportaciones agroalimentarias y reorientación comercial

Otro resultado relevante corresponde a la capacidad de Rusia para mantener exportaciones
agroalimentarias hacia mercados alternativos. Diversos reportes de UN Comtrade (2025), USDA (2025)
y OECD & FAO (2025) muestran que las exportaciones agrícolas rusas experimentaron un proceso de
redirección geográfica posterior a 2022. Mientras parte del comercio con Europa disminuyó, las
exportaciones hacia China, India, Turquía, África del Norte, Medio Oriente y Asia Central mostraron
incrementos relativos. Este proceso permitió reducir parcialmente el impacto de las sanciones
comerciales occidentales sobre el sistema agroalimentario ruso.

Los resultados sugieren que Rusia logró diversificar parcialmente sus mercados agroalimentarios
mediante una estrategia de inserción hacia economías no occidentales. Esta reorganización comercial
funcionó como mecanismo de adaptación geoeconómica frente a restricciones derivadas de sanciones
financieras y comerciales. Sin embargo, la diversificación no eliminó completamente las
vulnerabilidades estructurales del sistema ruso, particularmente aquellas relacionadas con logística
marítima, acceso tecnológico y volatilidad financiera internacional.

Fertilizantes y poder agroalimentario estratégico

Los fertilizantes constituyeron uno de los componentes más importantes de resiliencia agroalimentaria
rusa durante el periodo analizado. Rusia mantuvo una participación relevante en exportaciones globales
de fertilizantes nitrogenados y potásicos, consolidando una posición estratégica dentro de cadenas
pág. 9451
agrícolas internacionales. De acuerdo con International Fertilizer Association (2024), Rusia representó
aproximadamente 15% del comercio global de fertilizantes nitrogenados y una participación
significativa en fertilizantes potásicos Cuadro 6).

Cuadro 6. Participación aproximada de Rusia en exportaciones globales de fertilizantes (2024)

Tipo de fertilizante
Participación mundial (%)
Nitrogenados
15
Potásicos
17
Fosfatados
4
Nota: Elaboración propia con base en International Fertilizer Association (2024).

La continuidad exportadora de fertilizantes permitió sostener ingresos externos, capacidad agrícola
interna y relaciones comerciales estratégicas con países importadores dependientes. La relevancia
estratégica de los fertilizantes radica en que estos insumos afectan directamente productividad agrícola
y seguridad alimentaria global. En consecuencia, el mantenimiento de exportaciones rusas permitió
conservar capacidad de influencia económica sobre múltiples economías agrícolas dependientes de
importaciones de fertilizantes. Este comportamiento refuerza la idea de que los fertilizantes operan
contemporáneamente como un componente de poder geoeconómico dentro de los sistemas
agroalimentarios internacionales.

Inflación alimentaria y presiones internas

A pesar de la estabilidad relativa observada en producción y exportaciones, el sistema agroalimentario
ruso también enfrentó tensiones internas importantes. La inflación alimentaria aumentó
significativamente durante 2022, alcanzando niveles cercanos a 13.8% anual, antes de moderarse
gradualmente entre 2023 y 2025 (Cuadro 7).
pág. 9452
Cuadro 7. Inflación alimentaria en Rusia (2020–2025)

Año
Inflación alimentaria (%)
2020
3.5
2021
6.7
2022
13.8
2023
7.4
2024
6.1
2025
5.8
Nota: Elaboración propia con base en World Bank (2024) y FAO (2025b).

El comportamiento inflacionario refleja que la resiliencia agroalimentaria rusa no implicó ausencia de
costos económicos internos. Las sanciones internacionales, restricciones logísticas y volatilidad
financiera generaron presiones inflacionarias significativas, particularmente durante los primeros años
del conflicto. No obstante, la moderación posterior de la inflación alimentaria sugiere capacidad relativa
de estabilización institucional y adaptación económica.

Comparación estructural con México

Como referencia comparativa, el caso mexicano evidencia mayores niveles de dependencia alimentaria
y vulnerabilidad geoeconómica respecto a fertilizantes, importaciones de cereales y concentración
comercial. De acuerdo con FAO (2025a), USDA (2025) y World Bank (2024), México mantiene
elevados niveles de importación de maíz, fuerte dependencia de fertilizantes externos y alta
concentración comercial con Estados Unidos (Cuadro 8).

Cuadro 8. Comparación estructural Rusia-México (2025)

Variable Rusia México

Producción cerealera (Mt) 134.5 41.2

Exportaciones trigo (Mt) 45.0 0.2

Dependencia fertilizantes (%) 30 405

Dependencia importaciones cereales (%) Baja Alta

Concentración comercial Media Alta

Nota: Elaboración propia con base en FAO (2025a), USDA (2025), World Bank (2024), SIAP-SADER (2024) e INEGI (2024).
pág. 9453
Índices de resiliencia, soberanía y vulnerabilidad

El IRAG estimado para Rusia arroja un valor aproximado de 0.62 en una escala de 0 a 1, interpretado
como resiliencia agroalimentaria media-alta, resultado de una combinación de elevada capacidad
productiva y exportadora con presiones inflacionarias y cierta dependencia de insumos. El ISAE se sitúa
alrededor de 0.64, indicando una soberanía agroalimentaria estratégica media-alta, asociada con control
parcial de fertilizantes, capacidad exportadora y mecanismos estatales de gestión, aunque sin
autosuficiencia plena.

Por su parte, el IVAG-Mx registra un valor cercano a 0.80, que se interpreta como alta vulnerabilidad
alimentaria geoeconómica para México, derivada de su dependencia de importaciones, fertilizantes,
concentración comercial, dolarización del comercio agroalimentario y bajo nivel agroecológico relativo.
En conjunto, los resultados muestran que el sistema agroalimentario ruso presentó una capacidad
relevante de adaptación estructural frente a condiciones de guerra y sanciones económicas. La
combinación de elevada producción cerealera, continuidad exportadora, control relativo sobre
fertilizantes y diversificación comercial permitió amortiguar parcialmente el impacto económico del
conflicto. No obstante, los resultados también evidencian que esta resiliencia coexistió con presiones
inflacionarias, vulnerabilidades logísticas y dependencia tecnológica parcial. Por ello, la experiencia
rusa debe interpretarse como un caso de resiliencia agroalimentaria relativa dentro de un contexto de
fragmentación geoeconómica global, más que como un modelo exento de contradicciones estructurales.

Análisis y discusión

Resiliencia agroalimentaria y adaptación geoeconómica rusa

Los resultados obtenidos muestran que el sistema agroalimentario ruso presentó una capacidad relevante
de adaptación estructural durante el periodo posterior al inicio del conflicto con Ucrania. A diferencia
de diversos pronósticos iniciales que anticipaban una contracción severa del sector agrícola ruso
derivada de sanciones financieras y comerciales, la producción cerealera y las exportaciones
agroalimentarias mantuvieron niveles relativamente elevados entre 2022 y 2025.

Desde una perspectiva de geoeconomía alimentaria, estos resultados sugieren que la agricultura rusa
operó no únicamente como un sector económico convencional, sino como un componente estratégico
de resiliencia estatal. Tal como plantean Clapp (2016) y Blackwill y Harris (2016), los sistemas
pág. 9454
alimentarios contemporáneos pueden funcionar como instrumentos de capacidad geopolítica,
particularmente cuando combinan autosuficiencia relativa, control de insumos estratégicos y presencia
relevante en mercados internacionales. En este sentido, el caso ruso evidencia que la capacidad de
producción agrícola masiva continúa representando un activo estratégico dentro de escenarios de
fragmentación global.

No obstante, los resultados también muestran que esta resiliencia agroalimentaria no fue absoluta. La
inflación alimentaria observada durante 2022 y 2023, así como las limitaciones tecnológicas y logísticas
identificadas, evidencian que la adaptación rusa coexistió con importantes costos económicos internos.
En consecuencia, el concepto de resiliencia utilizado en esta investigación debe entenderse como
capacidad relativa de estabilización y reorganización estructural, más que como inmunidad económica
frente a sanciones internacionales.

Fertilizantes y poder geoeconómico

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio corresponde al papel estratégico de los fertilizantes
dentro de la capacidad de adaptación rusa. La participación del país en exportaciones globales de
fertilizantes nitrogenados y potásicos permitió conservar influencia económica sobre múltiples
economías agrícolas dependientes de dichos insumos.

Este resultado coincide con estudios recientes que sostienen que los fertilizantes han adquirido una
relevancia comparable a otros recursos estratégicos dentro de la economía internacional contemporánea
(IFA, 2024). A diferencia de otros sectores industriales afectados severamente por sanciones
tecnológicas, el comercio internacional de fertilizantes mantuvo relativa continuidad debido a su
importancia crítica para la seguridad alimentaria global.

La persistencia de exportaciones rusas de fertilizantes permitió además fortalecer relaciones comerciales
con países importadores de Asia, África y Medio Oriente. En consecuencia, los fertilizantes funcionaron
no solo como mercancía agrícola, sino también como instrumento de inserción geoeconómica y
amortiguamiento frente a procesos de aislamiento occidental. Sin embargo, esta posición estratégica
también implica vulnerabilidades potenciales. La elevada dependencia global respecto a pocos
proveedores de fertilizantes genera riesgos sistémicos sobre precios agrícolas y estabilidad alimentaria
internacional.
pág. 9455
Reorientación comercial y fragmentación del sistema agroalimentario internacional

Otro elemento relevante corresponde a la reconfiguración geográfica del comercio agroalimentario ruso
posterior a 2022. Los resultados muestran una disminución relativa de participación europea y un
incremento progresivo de exportaciones hacia China, India, Medio Oriente, África y Asia Central.

Este proceso refleja una tendencia más amplia de fragmentación del sistema económico internacional.
Tal como señala Rodrik (2011), las tensiones geopolíticas contemporáneas están promoviendo procesos
de regionalización y reorganización de cadenas globales de suministro. En el caso ruso, la
diversificación comercial permitió reducir parcialmente la dependencia respecto a mercados
occidentales, fortaleciendo relaciones económicas con economías emergentes y países del Sur Global.
No obstante, esta transición no eliminó completamente las limitaciones estructurales derivadas de
restricciones financieras, dependencia tecnológica y vulnerabilidad logística marítima. En consecuencia,
el conflicto evidencia cómo la guerra económica contemporánea no necesariamente destruye flujos
comerciales, sino que frecuentemente los reconfigura geográficamente.

Soberanía agroalimentaria y límites estructurales

El caso ruso permite discutir críticamente el concepto de soberanía agroalimentaria dentro de contextos
de guerra económica y fragmentación global. Los resultados sugieren que la capacidad productiva
interna y el control parcial sobre fertilizantes constituyeron factores importantes de estabilidad relativa
durante el conflicto.

Sin embargo, el estudio también muestra que la soberanía agroalimentaria no implica autosuficiencia
absoluta ni independencia completa respecto al sistema internacional. Incluso bajo elevados niveles de
producción cerealera, Rusia continuó enfrentando dependencia tecnológica, volatilidad financiera,
restricciones logísticas y costos inflacionarios internos. Por ello, la soberanía agroalimentaria debe
interpretarse más como capacidad relativa de adaptación y reducción de vulnerabilidades estratégicas
que como aislamiento económico pleno. En términos más amplios, el conflicto entre Rusia y Ucrania
evidencia que los sistemas alimentarios se han convertido en componentes centrales de la competencia
geoeconómica contemporánea. La producción agrícola, los fertilizantes y las cadenas logísticas
internacionales forman parte creciente de las disputas estructurales por estabilidad económica, seguridad
estratégica y autonomía estatal dentro del sistema internacional actual.
pág. 9456
ANÁLISIS Y DISCUSIÓN

Lecciones para México: Dependencia alimentaria y vulnerabilidad estructural

El caso ruso permite identificar diversas implicaciones relevantes para economías agroalimentarias
interdependientes como México. Aunque ambos países presentan trayectorias históricas, capacidades
productivas y contextos geopolíticos distintos, la guerra entre Rusia y Ucrania evidenció la importancia
estratégica de la producción alimentaria y los fertilizantes dentro de escenarios de fragmentación
económica internacional.

Los resultados del estudio muestran que México mantiene elevados niveles de dependencia respecto a
importaciones de cereales y fertilizantes, particularmente en productos estratégicos como maíz amarillo,
trigo y fertilizantes nitrogenados. De acuerdo con FAO (2025a), USDA (2025), World Bank (2024) y
SIAP-SADER (2024), las importaciones mexicanas de maíz continúan representando una proporción
significativa del consumo nacional, mientras que la dependencia de fertilizantes externos supera
ampliamente la capacidad productiva interna. Esta situación implica vulnerabilidades importantes frente
a interrupciones logísticas, volatilidad internacional de precios, conflictos geopolíticos y alteraciones en
cadenas globales de suministro. El incremento de precios internacionales observado durante 2022 y
2023 mostró que economías altamente dependientes de importaciones alimentarias pueden enfrentar
presiones inflacionarias significativas incluso cuando los conflictos ocurren fuera de sus territorios.

Fertilizantes y seguridad agroalimentaria

Uno de los principales aprendizajes para México corresponde a la relevancia estratégica de los
fertilizantes dentro de la seguridad alimentaria contemporánea. El conflicto mostró que las
interrupciones en cadenas globales de fertilizantes generan efectos directos sobre costos agrícolas,
productividad, inflación alimentaria y disponibilidad de alimentos.

México mantiene una elevada dependencia de fertilizantes importados, particularmente nitrogenados y
fosfatados, lo que incrementa la vulnerabilidad del sector agrícola frente a choques externos. Diversos
estudios recientes han señalado que el aumento internacional de precios de fertilizantes posterior a 2022
afectó significativamente costos de producción agrícola en América Latina (FAO, 2024). En este
contexto, el caso ruso sugiere la importancia de fortalecer capacidades nacionales relacionadas con
producción de insumos estratégicos, diversificación de proveedores, almacenamiento de reservas y
pág. 9457
desarrollo tecnológico agrícola. No obstante, esto no implica promover esquemas de autosuficiencia
absoluta, sino reducir niveles críticos de dependencia estructural que puedan comprometer estabilidad
alimentaria en escenarios de crisis internacionales.

Diversificación comercial y resiliencia económica

Otro aprendizaje relevante corresponde a la diversificación de mercados internacionales. Los resultados
muestran que Rusia logró amortiguar parcialmente el impacto de sanciones económicas mediante
reorientación comercial hacia Asia, África y Medio Oriente. En contraste, México mantiene una elevada
concentración comercial con Estados Unidos, particularmente dentro del sector agroalimentario.

Aunque esta integración ha generado importantes beneficios económicos, también implica exposición
significativa frente a cambios regulatorios, tensiones comerciales, restricciones logísticas y
fluctuaciones económicas externas. La dependencia del dólar en el comercio exterior agroalimentario
mexicano constituye además un factor de vulnerabilidad financiera, en un contexto donde el sistema
monetario internacional enfrenta presiones crecientes de multipolarización (Eichengreen, 2011). En
consecuencia, el fortalecimiento de relaciones comerciales diversificadas podría contribuir a mejorar
resiliencia económica y capacidad de adaptación frente a escenarios internacionales inciertos. Sin
embargo, la diversificación comercial debe entenderse como complemento y no sustitución de
integración regional existente.

Transición agroecológica y resiliencia territorial

El conflicto también reabre el debate sobre sostenibilidad y resiliencia de los sistemas agroalimentarios
contemporáneos. La elevada dependencia de fertilizantes sintéticos, cadenas largas de suministro y
mercados internacionales altamente concentrados ha incrementado vulnerabilidades estructurales dentro
de múltiples economías agrícolas.

Diversos autores han planteado que los modelos agroecológicos pueden contribuir parcialmente a
reducir dependencia de insumos externos mediante diversificación productiva, fortalecimiento de
sistemas locales, conservación de suelos y reducción relativa de fertilizantes sintéticos (Altieri, 2002;
Altieri & Toledo, 2011; Gliessman, 2015). La agroecología ha demostrado además su pertinencia como
marco para la reconstrucción de sistemas alimentarios más resilientes frente a crisis globales (Altieri &
Nicholls, 2020). En el caso mexicano, la transición agroecológica podría funcionar como mecanismo
pág. 9458
complementario de resiliencia territorial, particularmente en regiones rurales con alta vulnerabilidad
económica y ambiental. No obstante, dicha transición requiere políticas públicas de largo plazo,
financiamiento, innovación tecnológica y fortalecimiento institucional. Por ello, la agroecología no debe
interpretarse únicamente como propuesta ambiental, sino también como estrategia potencial de
reducción de vulnerabilidades alimentarias dentro de contextos internacionales crecientemente
inestables.

Seguridad alimentaria y geoeconomía en el siglo XXI

Finalmente, el caso ruso evidencia que la seguridad alimentaria contemporánea ya no depende
exclusivamente de disponibilidad física de alimentos, sino también de factores asociados con
geopolítica, logística, fertilizantes, comercio internacional, energía y estabilidad financiera. En este
contexto, México enfrenta el desafío de fortalecer resiliencia agroalimentaria sin abandonar integración
económica internacional. El objetivo no consiste en aislamiento productivo, sino en construir
capacidades internas suficientes para reducir vulnerabilidades críticas frente a escenarios globales de
alta incertidumbre. La experiencia observada durante el conflicto entre Rusia y Ucrania sugiere que los
sistemas agroalimentarios continuarán adquiriendo creciente relevancia estratégica dentro de la
competencia geoeconómica internacional durante las próximas décadas.

CONCLUSIONES

Las conclusiones que corresponden a esta exposición tienen que ver con seis consideraciones finales, a
saber:

1.
La guerra entre Rusia y Ucrania mostró que los sistemas agroalimentarios se han convertido en
componentes centrales de la economía política internacional, al alterar de manera significativa mercados
de cereales, fertilizantes y cadenas logísticas y evidenciar el carácter estratégico de la seguridad
alimentaria.

2.
El sistema agroalimentario ruso exhibió una resiliencia estructural relativa durante 2020–2025,
manteniendo altos niveles de producción cerealera, continuidad exportadora y participación en el
comercio global de fertilizantes, gracias a su capacidad productiva, control parcial de insumos
estratégicos, diversificación comercial y reorganización logística estatal.

3.
Esta resiliencia no supuso ausencia de costos ni vulnerabilidades: el caso ruso estuvo marcado por
pág. 9459
presiones inflacionarias internas, restricciones tecnológicas, desafíos logísticos y dependencia parcial
de componentes financieros y tecnológicos externos, lo que obliga a evitar lecturas de autosuficiencia
plena.

4.
La investigación contribuye al campo de la geoeconomía alimentaria al mostrar cómo alimentos,
fertilizantes y cadenas agrícolas internacionales operan como instrumentos de poder estratégico, y cómo
la guerra económica tiende a reconfigurar geográficamente los flujos comerciales más que a eliminarlos.

5.
El análisis comparativo con México revela una alta vulnerabilidad agroalimentaria geoeconómica,
derivada de la dependencia de importaciones de cereales, fertilizantes externos, concentración comercial
y dolarización del comercio agrícola, lo que se refleja en un IVAG-Mx elevado (0.80).

6.
De cara al futuro, reducir la vulnerabilidad mexicana requiere fortalecer la producción interna de
alimentos, diversificar proveedores y mercados, avanzar en transiciones agroecológicas y consolidar
capacidades institucionales para gestionar riesgos geoeconómicos, en un escenario de creciente
fragmentación y disputas por recursos estratégicos.

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