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INTRODUCCIÓN
La calidad de los servicios de salud constituye un componente fundamental para el funcionamiento de
los sistemas sanitarios y para la garantía de una atención segura, oportuna, efectiva y centrada en las
necesidades de las personas. Históricamente, la evaluación de la calidad hospitalaria se ha orientado
principalmente hacia estándares técnicos, resultados clínicos y cumplimiento de procedimientos
definidos por profesionales y expertos. Sin embargo, la evolución de los modelos de atención ha
incorporado progresivamente la perspectiva del paciente como un componente esencial de la calidad,
reconociendo que la valoración de un servicio sanitario no puede limitarse a sus resultados clínicos, sino
que también debe considerar la experiencia de quien recibe la atención (Ekaterina, 2017; Alibrandi et
al., 2023). En este contexto, la satisfacción del usuario adquiere relevancia como expresión de la
percepción que tienen los pacientes sobre la atención recibida y como fuente de información para valorar
el desempeño de las instituciones hospitalarias.
La satisfacción del usuario constituye un constructo multidimensional y subjetivo, resultado de la
interacción entre las expectativas previas de la persona y la experiencia que desarrolla durante el proceso
de atención. Esta valoración comprende diferentes dimensiones, entre ellas el trato recibido, la
comunicación, la capacidad de respuesta, los tiempos de espera, la información proporcionada, la
competencia percibida del personal, las condiciones de infraestructura, la limpieza y el confort de las
instalaciones (Almeida et al., 2015; Ekaterina, 2017). Por esta razón, la satisfacción no representa
únicamente una apreciación individual sobre el resultado de una atención, sino que permite aproximarse
a la manera en que los usuarios experimentan los procesos asistenciales y administrativos que conforman
el servicio hospitalario. Su medición, por tanto, puede aportar información complementaria a los
indicadores clínicos y técnicos utilizados tradicionalmente para evaluar la calidad.
A pesar de su importancia, persiste un problema relacionado con la forma en que la satisfacción del
usuario es definida, medida e incorporada a la gestión institucional. La naturaleza subjetiva del
constructo, la diversidad de dimensiones que intervienen en su valoración y la ausencia de un
instrumento universal aplicable a todos los contextos dificultan la comparación de resultados y la
interpretación de los hallazgos (Almeida et al., 2015). Asimismo, las mediciones pueden estar
condicionadas por factores como las expectativas previas, las características sociodemográficas, las