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En varios casos, la vivienda imaginada mantiene una continuidad estructural con la vivienda actual, lo
que sugiere que las aspiraciones no necesariamente rompen con las condiciones de origen, sino que
tienden a reproducirlas en una versión ampliada o mejorada. Este fenómeno puede observarse en croquis
donde la organización espacial se mantiene relativamente estable, aunque con mayor número de
habitaciones o con mejoras en la distribución.
No obstante, también emergen casos en los que la vivienda soñada introduce elementos ausentes en la
experiencia habitacional previa, como espacios de recreación, áreas verdes amplias o instalaciones
especializadas, lo que indica la incorporación de referentes externos asociados a ideales de bienestar y
movilidad social. En estos casos, el habitus no sólo reproduce, sino que también tensiona los límites de
lo imaginable.
De la domesticidad compartida a la domesticidad individualizada
Uno de los hallazgos más relevantes del análisis es la transición de una domesticidad centrada en la
convivencia familiar hacia una domesticidad progresivamente individualizada.
En la vivienda actual, los espacios aparecen organizados en función de la vida colectiva, con una fuerte
centralidad de áreas compartidas como la sala o el comedor, y una relativa indistinción entre funciones.
En contraste, la vivienda imaginada incorpora espacios diferenciados que responden a actividades
específicas, incluyendo áreas de estudio, trabajo, ejercicio o descanso personal.
Este desplazamiento puede interpretarse a la luz de los estudios sobre domesticidad (Hayden, 1984),
donde el espacio doméstico refleja transformaciones más amplias en las formas de organización social.
En el caso analizado, la vivienda futura no sólo amplía el espacio disponible, sino que reconfigura su
lógica interna, otorgando mayor relevancia a la autonomía individual dentro del hogar.
Espacio, desigualdad y horizonte de posibilidad
Los contrastes observados entre la vivienda actual y la vivienda imaginada permiten identificar una
tensión estructural entre las condiciones materiales presentes y las aspiraciones futuras. Esta tensión se
expresa particularmente en la expansión del espacio habitable, la incorporación de áreas exteriores y la
diversificación de funciones domésticas.
En el contexto latinoamericano, donde el acceso a la vivienda está atravesado por desigualdades
socioeconómicas y limitaciones del mercado habitacional (Gilbert, 2012; Duhau & Giglia, 2008), estas