TURISMO, TERRITORIO Y SISTEMAS
COMPLEJOS: FRAGMENTACIÓN SOCIOESPACIAL
Y DINÁMICAS SOCIOECOLÓGICAS EN
ACAPULCO (1960–2017)

TOURISM, TERRITORY, AND COMPLEX SYSTEMS:

SOCIO-SPATIAL FRAGMENTATION AND

SOCIO-ECOLOGICAL DYNAMICS IN

ACAPULCO (1960–2017)

Roger Joseph Bergeret Muñoz

Universidad Autónoma de Guerrero, México

Luis Gilberto Solís Salgado

Universidad Autónoma de Guerrero, México

Cecilia Jiménez Meza

Universidad Autónoma de Guerrero, México

Armand Coeur Bergeret Gordillo

Universidad Autónoma de Guerrero, México
pág. 4824
DOI:
https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i5.26332
Turismo, Territorio y Sistemas Complejos: Fragmentación Socioespacial y
Dinámicas Socioecológicas en Acapulco (1960–2017)

Roger Joseph Bergeret Muñoz
1
02283@uagro.mx

https://orcid.org/0000-0002-6931-9760

Universidad Autónoma de Guerrero

México

Luis Gilberto Solís Salgado

obraspublicaspbl@gmail.com

https://orcid.org/0009-0008-0393-6417

Universidad Autónoma de Guerrero

México

Cecilia Jiménez Meza

23500742@uagro.mx

https://orcid.org/0009-0006-7966-9971

Universidad Autónoma de Guerrero

México

Armand Coeur Bergeret Gordillo

17469666
@uagro.mx
https://orcid.org/0
000-0002-1851-7732
Universidad Autónoma de Guerrero

México

RESUMEN

El estudio analiza la trayectoria de Acapulco (1960–2017) mediante la Teoría de Sistemas Complejos,
examinando interacciones coevolutivas entre turismo, demografía y deterioro biofísico que
configuraron la fragmentación socioespacial. Metodológicamente, se aplicó un enfoque cualitativo
histórico-estructural y longitudinal con rastreo de procesos (Process Tracing). A partir del marco de
Rolando García y Ortiz Espejel, se trianguló un corpus de censos, instrumentos de planeación y decretos
ambientales. Los hallazgos identifican tres fases: génesis polarizada (1960–1980), saturación de la bahía
histórica con bifurcación hacia enclaves corporativos (1980–2000) y consolidación de la fragmentación
socioespacial (2000–2017). Emergieron cuatro zonas territoriales desarticuladas, donde eventos
hidrometeorológicos y violencia estructural actuaron como perturbaciones críticas que atraparon al
destino en una trampa socioecológica de rigidez. Se concluye validando la noción de proceso turístico
frente a modelos lineales tradicionales y se plantea la urgencia de una gobernanza policéntrica
adaptativa.

Palabras clave:
sistemas complejos, proceso turístico, fragmentación socioespacial, sistemas
socioecológicos, Acapulco

1
Autor principal.
Correspondencia:
02283@uagro.mx
pág. 4825
Tourism, Territory, and Complex Systems: Socio
-Spatial Fragmentation
and
Socio-Ecological Dynamics in Acapulco (1960–2017)
ABSTRACT

This study examines Acapulco’s trajectory (1960
–2017) through Complex Systems Theory, analyzing
coevolutionary interactions among tourism, demographics, and biophysical degradation that shaped

socio
-spatial fragmentation. Methodologically, a historical-structural, longitudinal qualitative approach
was implemented using process tracing. Grounded in Rolando García and Ortiz Espejel's frameworks,

an empirical boundary triangulated censuses, urban planning instruments, and environmental decrees.

Findings identi
fy three phases: polarized genesis (1960–1980), historical bay saturation with bifurcation
toward corporate enclaves (1980
–2000), and consolidated socio-spatial fragmentation (2000–2017).
Four disconnected territorial zones emerged, where hydrometeorologic
al events and structural violence
acted as critical disturbances, locking the destination into a socio
-ecological rigidity trap. Ultimately,
this work supports the concept of the tourism process over traditional linear models and highlights the

need for ad
aptive polycentric governance
Keywords
: complex systems, tourism process, socio-spatial fragmentation, socio-ecological systems,
acapulco

Artículo recibido 20 agosto 2026

Aceptado para publicación: 20 septiembre 2026
pág. 4826
INTRODUCCIÓN

El turismo contemporáneo se concibe en la agenda pública como un vector unidireccional de
crecimiento económico y modernización territorial (Ramírez Sáiz, 1987;
Secretaría de Turismo
[
SECTUR], 2018). Desde las primeras décadas del siglo XX, las políticas de desarrollo en México
adoptaron esta actividad como instrumento prioritario de industrialización e inserción en los mercados
internacionales (Mateos, 2006; Pani, 1941). Sin embargo, la planificación turística tradicional ha
operado históricamente bajo esquemas reduccionistas y modelos foráneos que, al transferirse sin
adaptación crítica, disocian la expansión de la planta turística de las dinámicas sociales y de los límites
ecológicos locales (Bergeret Muñoz & Castillo Nechar, 2021a). Como consecuencia, diversos destinos
litorales maduros que fueron pioneros del modelo exhiben hoy contradicciones estructurales:
degradación biofísica acelerada, brechas de desigualdad persistentes, segregación socioespacial y
fragilidad institucional (Cárdenas Gómez, 2016).

Esta problemática revela una limitación epistemológica estructural: la persistencia del paradigma
positivista cartesiano y de esquemas lineales de causa-efecto, que abordan el territorio como un soporte
biofísico inerte o un receptáculo pasivo de inversiones (Farrell & Twining-Ward, 2004; García, 2006).
En el debate sobre la sustentabilidad conviven posturas divergentes, desde el antropocentrismo
tecnocrático —
que reduce los ecosistemas costeros a meras mercancías— hasta visiones ecocéntricas
críticas (Foladori & Pierri, 2005; Santos, 1990). Pese a estas discusiones, la gestión turística
convencional mantiene una aproximación fragmentaria: los componentes ambiental, poblacional y
económico se gestionan de forma aislada. Atender este vacío exige transitar hacia la ciencia posnormal
y el pensamiento sistémico (Funtowicz & Ravetz, 2000). En contextos de incertidumbre, valores en
disputa, riesgos elevados y decisiones apremiantes
(Funtowicz & Ravetz, 2000), la toma de decisiones
no puede restringirse al arbitrio tecnocrático; requiere una comunidad de pares extendida que reconozca
la interdependencia indisociable entre sociedad y naturaleza (García, 2011; Santos, 1990).

Con este horizonte, la Teoría de los Sistemas Complejos —desde su vertiente crítico-constructivista
(García, 2000, 2006; Ortiz Espejel, 2018, 2019)— ofrece la base epistemológica para capturar el
fenómeno turístico en su multidimensionalidad.
pág. 4827
A diferencia de la corriente computacional-positivista del Instituto Santa Fe, centrada en simulaciones
algorítmicas de redes bajo supuestos ontológicos cerrados, la perspectiva constructivista heredera de
Jean Piaget postula que un sistema complejo no es una entidad preexistente en la naturaleza que espera
ser descubierta con pretendida neutralidad. Es una construcción conceptual y empírica formulada
mediante un “recorte intencionado de la realidad” a partir de interrogantes conductoras (García, 2000,
2006; Ortiz Espejel & Duval, 2008).

La premisa ontológica nodal de Rolando García radica en que un sistema complejo es una totalidad
organizada y no descomponible: sus componentes no pueden comprenderse ni aislarse
fragmentariamente porque están interdefinidos; es decir, la función, el comportamiento y la identidad
de cada subsistema están determinados por sus relaciones de retroalimentación mutua con la estructura
global (García, 2006).

Para evitar distorsiones de escala, García (2006) plantea una estratificación analítica indispensable (ver
Figura 1):

1.
Procesos de primer nivel (locales): dinámicas que operan en el núcleo inmediato donde interactúan
directamente los subsistemas seleccionados (turismo, población y medio ambiente).

2.
Procesos de segundo nivel (metaprocesos): mecanismos intermediarios que articulan las
interacciones locales con transformaciones estructurales regionales (expansión de la mancha
urbana, segregación espacial, mutaciones en las relaciones de producción).

3.
Condiciones de contorno y tercer nivel: fuerzas contextuales externas que actúan sobre los límites
del sistema (políticas federales, fluctuaciones macroeconómicas, variabilidad climática y violencia
estructural), perturbándolo continuamente y forzando su reorganización.
pág. 4828
Figura 1 Representación conceptual de la estratificación jerárquica y flujos multiescalares en un
sistema complejo

Nota. Elaboración propia a partir de García (2006) y Ortiz Espejel y Duval (2008)

En convergencia con lo anterior, la literatura contemporánea concibe al destino turístico como un
Sistema Complejo Adaptativo (Complex Adaptive Systems, CAS) y Socioecológico (Social-Ecological
Systems, SES) (Baggio et al., 2010; Farrell & Twining-Ward, 2004, 2005; Hartman, 2021). Un destino
maduro opera como un ensamblaje denso de agentes humanos y componentes biofísicos que interactúan
lejos del equilibrio termodinámico a través de estructuras disipativas (Ortiz Espejel, 2018). De ahí
emergen propiedades de no linealidad —donde perturbaciones marginales desencadenan
transformaciones críticas irreversibles— y dinámicas de autoorganización que desafían los modelos de
planificación directiva y lineal (Baggio, 2008; Hartman, 2021).

Sobre esta base, la investigación operacionaliza la categoría analítica de “proceso turístico”. Superando
su reducción a un indicador volumétrico de afluencia o derrama, se define como la red
multidimensional, diacrónica, no lineal de interacciones, apropiaciones simbólicas y relaciones de poder
que se estructuran entre la población residente, las actividades de ocio y la base biofísica en un territorio
delimitado,
bajo el condicionamiento de las políticas públicas, así como de las perturbaciones externas
a lo largo del tiempo
. Como se ilustra en la Figura 2, el proceso turístico articula tres subsistemas
interdefinidos:

1. Subsistema Población: transiciones demográficas, migración laboral, usos espaciales, identidad
sociocultural y calidad de vida.
pág. 4829
2. Subsistema Ambiental: matriz biofísica (bahía, cuerpos lagunares, cuencas hidrológicas, cobertura
del Parque Nacional El Veladero) y provisión de servicios ecosistémicos (Bigné et al., 2007).

3. Subsistema Turístico: infraestructura hotelera, equipamiento, servicios y directrices
gubernamentales de fomento (SECTUR, FONATUR).

Figura 2 Modelo relacional del Proceso Turístico y la emergencia de la fragmentación socioespacial

Nota. Elaboración propia a partir de García (2006) y Solís Salgado (2021).

Cuando estos subsistemas coevolucionan bajo esquemas desregulados o de enclave corporativo, el
sistema genera como propiedad emergente la fragmentación socioespacial: el territorio pierde su
integridad funcional y se desarticula en subespacios heterogéneos (Acapulco Tradicional, Dorado, Pie
de la Cuesta y Diamante) con marcadas asimetrías de acumulación de capital, habitabilidad y deterioro
ecológico.

El municipio de Acapulco de Juárez, Guerrero, representa el caso paradigmático para examinar estas
interacciones sistémicas de largo aliento. Al consolidarse como el primer destino de sol y playa
planificado deliberadamente por el Estado mexicano desde finales de la década de 1920 (Bergeret
Muñoz & Castillo Nechar, 2021b; Ramírez Sáiz, 1987), el puerto experimentó una profunda
metamorfosis territorial impulsada por obras viales estratégicas, flujos migratorios masivos y
coyunturas internacionales (Cárdenas Gómez, 2016). No obstante, casi seis décadas de explotación
intensiva derivaron en una marcada desarticulación territorial, el agotamiento de cuencas hidrológicas,
un rezago crónico en servicios básicos y la emergencia de perturbaciones críticas como la violencia
estructural y el impacto de fenómenos hidrometeorológicos extremos.
pág. 4830
A pesar de la copiosa literatura histórica y sectorial sobre el destino, persiste un vacío analítico: se
carece de una modelación diacrónica y multiescalar que explique cómo las presiones de contorno
interactuaron con las dinámicas demográficas y biofísicas para configurar las trayectorias de deterioro
y fractura socioespacial del puerto a lo largo de casi seis décadas. Ante este vacío, se plantea la siguiente
interrogante: ¿Cuáles han sido los mecanismos, procesos y condiciones de contorno que estructuraron
las transformaciones entre los subsistemas turismo, población y medio ambiente en Acapulco de Juárez
durante el periodo 1960–2017?

En consecuencia, el objetivo general de este artículo es analizar la fragmentación socioespacial y las
dinámicas socioecológicas de Acapulco de Juárez a través del marco de los sistemas complejos,
examinando la evolución multiescalar del destino como un sistema adaptativo en equilibrio dinámico.

METODOLOGÍA

Diseño y enfoque de la investigación

La investigación adoptó un diseño cualitativo de corte histórico-estructural, longitudinal y multiescalar,
fundamentado en la epistemología constructivista de los sistemas complejos (García, 2000, 2006). A
fin de rastrear las interacciones causales no lineales entre las transformaciones urbanas, la dinámica
demográfica y el deterioro biofísico, se utilizó el método de rastreo de procesos (Process Tracing). Esta
aproximación metodológica posibilitó reconstruir secuencias temporales intermedias, mecanismos de
retroalimentación y puntos de bifurcación crítica en sistemas socioecológicos a lo largo de un ciclo
temporal prolongado. El marco metodológico operacionalizó la propuesta de García (2006) y Ortiz
Espejel y Duval (2008) para el tratamiento de problemáticas complejas, formalizando un “recorte
intencionado de la realidad” en tres dimensiones analíticas:

▪ Límite espacial (Territorio): el municipio de Acapulco de Juárez, Guerrero, focalizando el análisis
en su proceso endógeno de fragmentación territorial a través de cuatro subsistemas espaciales:
Acapulco Tradicional (AT), Acapulco Dorado (ADO), Pie de la Cuesta (PC) y Acapulco Diamante
(ADI).

▪ Límite temporal (Diacronía): una ventana de observación de 58 años (1960–2017), comprendida
desde el auge del turismo internacional de masas hasta la saturación, estancamiento y declive
socioambiental del destino.
pág. 4831
▪ Condiciones de contorno y escalas analíticas: la articulación jerárquica de procesos de primer nivel
(dinámicas locales directas entre subsistemas), procesos de segundo nivel (metaprocesos urbano-
regionales de expansión y segregación) y procesos de tercer nivel (políticas públicas federales,
coyunturas macroeconómicas, variabilidad climática y violencia estructural).

Corpus documental y fuentes de información

En correspondencia con la amplitud temporal del recorte (1960–2017), la producción de datos se
sustentó en un corpus empírico y documental multifuente estructurado para permitir la triangulación
sistemática de evidencia entre los tres subsistemas estudiados (ver Tabla 1).

Tabla 1 Matriz de fuentes de información y corpus documental por subsistema analítico (1960-2017)

Subsistema turístico
Subsistema población Subsistema medio ambiente
▪
Políticas federales y
estudios de competitividad
(SECTUR, 2014, 2018;
FONATUR, 2022)

▪
Censos generales de
Población y Vivienda
(INEGI, 1960-2010;
Encuestas intercensales)

▪
Decretos de Áreas
Naturales Protegidas
(ANP): El Veladero (1980)
e Isla de la Roqueta (1982)

▪
Registros de
infraestructura vial,
aeroportuaria e inversión
hotelera (Ramírez Sáiz,
1987; Bergeret Muñoz &
Castillo Nechar, 2021a)

▪
Estadísticas vitales, tasas
de migración y
crecimiento urbano
(Gomezjara, 1982;
Cárdenas Gómez, 2016)

▪
Registros de descargas
residuales y eventos
extremos (Huracán
Paulina, 1997)

▪
Monografías y memorias
institucionales de la
industria turística (Pani,
1941; Mateos, 2006)

▪
Indicadores de pobreza,
empleo y rezago social
(CONEVAL, SECTUR)

__

__
▪ Fuentes hemerográficas
locales sobre violencia y
movilización social

__

Nota. Elaboración propia con base en Solís Salgado (2021) y el corpus de fuentes documentales consultadas.

Para asegurar la validez de constructo y calibrar la cronología de las transformaciones territoriales, la
evidencia documental se trianguló con investigaciones empíricas directas y tesis de posgrado
desarrolladas in situ sobre los impactos urbanos, laborales y ambientales en Acapulco (Gomezjara,
1982; Lucas Mejía, 1983; Ramírez Sáiz, 1987; Solís Salgado, 2021).
pág. 4832
Protocolo analítico: estructuración del Esquema de Procesos

El análisis e integración de la evidencia se ejecutó siguiendo un protocolo de tres fases secuenciales:

Fase 1. Periodización y detección de perturbaciones críticas (triggers): se identificaron
cronológicamente las perturbaciones externas e internas que forzaron al sistema Acapulco a
reconfigurarse, delimitando tres fases diacrónicas de transición estructural:

1. 1960–1980 (Génesis y expansión polarizada): inauguración de la autopista y conectividad vial,
explosión demográfica inducida por la migración laboral y primeras rupturas en el patrón urbano
tradicional.

2. 1980–2000 (Saturación central y bifurcación espacial): congestión ambiental de la bahía histórica,
devaluación de 1994, siniestros derivados del Huracán Paulina (1997) y desplazamiento del capital
corporativo hacia enclaves en Acapulco Diamante.

3. 2000–2017 (Fragmentación consolidada y crisis de vulnerabilidad): consolidación de cuatro
enclaves territoriales desarticulados, precarización laboral, sobreexplotación de cuencas y
recrudecimiento de la violencia estructural.

Fase 2. Mapeo de mecanismos causales y retroalimentaciones: se rastrearon bucles de retroalimentación
(feedback loops) entre los subsistemas, examinando cómo decisiones sectoriales en el subsistema
turístico (e.g., especulación del suelo costero) desencadenaron presiones sobre el subsistema
demográfico (segregación habitacional hacia la periferia en asentamientos como Ciudad Renacimiento),
impactando al subsistema ambiental mediante deforestación, pérdida de infiltración hídrica y
contaminación costera.

Fase 3. Integración del Esquema de Procesos: siguiendo las directrices de Ortiz Espejel y Duval (2008),
las interacciones se articularon en una matriz procesual longitudinal. Este esquema integró gráficamente
los procesos de primer nivel con los metaprocesos urbanos y las perturbaciones del contorno,
permitiendo visualizar la emergencia de propiedades no explicables desde variables aisladas: fragilidad
adaptativa, rigidez institucional y fragmentación socioespacial.

Criterios de rigor y tratamiento analítico de la violencia

Para la conformación del corpus se aplicaron criterios de selección basados en la pertinencia temática
directa sobre Acapulco de Juárez, la cobertura temporal dentro del rango 1960–2017 y la
pág. 4833
representatividad institucional o rigor metodológico de las fuentes (documentos gubernamentales
oficiales, bases estadísticas del INEGI, instrumentos de planeación territorial y estudios científicos
empíricos con trabajo de campo verificado). Se excluyeron reportes no verificables o carentes de
consistencia técnica.

Por otra parte, a diferencia de aproximaciones sectoriales que aíslan la inseguridad como una
externalidad atípica, la violencia estructural crónica (intensificada a partir del año 2000) se integró
explícitamente como una perturbación crítica de contorno y un factor modulador endógeno del sistema
socioecológico. En términos metodológicos, la violencia operó como un mecanismo de disrupción que:

1. Restringió los patrones de movilidad cotidiana y debilitó la cohesión comunitaria en las colonias
populares (subsistema población).

2. Aceleró la pérdida del mercado turístico internacional y reconvirtió la afluencia hacia un turismo
interior de fin de semana con menor derrama económica per cápita (subsistema turístico).

3. Agudizó la parálisis institucional y la desarticulación en la recaudación fiscal indispensable para el
mantenimiento de servicios básicos y saneamiento de cuencas (subsistema ambiental).

El tratamiento de este disruptor preserva el principio epistemológico de no descomponibilidad
formulado por Rolando García, permitiendo fundamentar por qué la evolución adaptativa de Acapulco
decantó hacia una trampa socioecológica de rigidez territorial al cierre de 2017.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Resultados: La trayectoria histórico-estructural de Acapulco (1960–2017)

La operacionalización del proceso turístico desde la Teoría de los Sistemas Complejos evidencia que la
evolución diacrónica de Acapulco de Juárez durante el periodo 1960–2017 no siguió un curso lineal,
sino una trayectoria pautada por tres fases críticas de transición socioecológica. En cada una de ellas,
las perturbaciones exógenas (condiciones de contorno) obligaron a reacomodos no lineales entre los
subsistemas turístico, poblacional y ambiental, desembocando en la emergencia de cuatro zonas
diferenciadas: Acapulco Tradicional (AT), Acapulco Dorado (ADO), Pie de la Cuesta (PC) y Acapulco
Diamante (ADI) (ver Figura 3).
pág. 4834
Figura 3 Línea temporal analítica de las transiciones de fase y perturbaciones sistémicas en Acapulco
de Juárez (1960–2017)

Nota. Elaboración propia a partir del Esquema de Procesos de Solís Salgado (2021).

Fase 1 (1960–1980): Génesis del modelo masivo y expansión urbana polarizada

El punto de partida del periodo analizado estuvo signado por condiciones de contorno internacionales
favorables: el triunfo de la Revolución Cubana y la consecuente ruptura diplomática con Estados Unidos
en 1959 redirigieron los flujos turísticos norteamericanos hacia el litoral mexicano, posicionando a
Acapulco como el destino receptivo prioritario del país. A este impulso geopolítico se sumó la
expansión de la infraestructura federal iniciada décadas atrás —como la carretera Taxco–Acapulco de
1927 y la autopista de 1952—, que culminó en 1964 con la apertura del nuevo Aeropuerto Internacional.

Esta inyección de capital en el subsistema turístico desató una acelerada especulación del suelo costero
en la bahía, marcando la transición de Acapulco Tradicional hacia Acapulco Dorado. No obstante, la
retroalimentación hacia el subsistema demográfico detonó un crecimiento poblacional exponencial
inducido por la atracción de mano de obra migrante. Al no planificarse la habitabilidad ni la integración
urbana de este contingente laboral, el sistema respondió profundizando la segregación socioespacial:

▪ La mancha urbana experimentó una expansión desregulada entre 1951 y 1971.

▪ Hacia la década de 1960 se impulsó la creación de asentamientos periféricos densos como Ciudad
Renacimiento, concebidos como depósitos de fuerza de trabajo carentes del equipamiento básico
elemental.

▪ Las laderas de cuenca y las tierras agrícolas circundantes fueron absorbidas desordenadamente por
pág. 4835
la autoconstrucción popular, transfiriendo costos directos al subsistema ambiental mediante
descargas residuales sin tratamiento y la paulatina alteración hidrológica de la bahía.

Fase 2 (1980–2000): Saturación central, respuestas reactivas y bifurcación territorial

Para la década de 1980, el modelo tradicional de sol y playa alcanzó un umbral de saturación ecológica.
La sobreexplotación de mantos freáticos, la insuficiencia en el saneamiento y la acumulación de
residuos motivaron constantes alertas sobre la degradación sanitaria de las aguas de la bahía
(Ramírez
Sáiz, 1987; Solís Salgado, 2021)
.
Ante el incremento de la entropía del sistema, el Estado mexicano adoptó medidas de contención
reactivas en el subsistema ambiental:

▪ En 1980 se emitió el decreto del Parque Nacional El Veladero como Área Natural Protegida, con
el propósito de contener la invasión urbana sobre las cuencas altas del anfiteatro.

▪ En 1982 se declaró Parque Nacional Marino a la Isla de La Roqueta.

Sin embargo, estos instrumentos no resolvieron la crisis estructural del subsistema turístico central.
Entre 1988 y 2000, la política federal reorientó sus inversiones hacia los Centros Integralmente
Planeados (CIP), focalizando los apoyos en enclaves como Cancún y la costa nayarita. Frente a esta
competencia y a la contracción macroeconómica derivada de la devaluación de 1994, el capital
corporativo ensayó una bifurcación adaptativa: en vez de financiar la regeneración de la bahía histórica
(AT y ADO), desplazó el frente de valorización hacia la planicie costera del sur, conformando el
polígono de Acapulco Diamante (ADI).

Este desplazamiento agravó la vulnerabilidad territorial ante fenómenos hidrometeorológicos. El paso
del Huracán Paulina en 1997 expuso la fragilidad de un asentamiento urbano cimentado sobre cauces
naturales modificados y laderas deforestadas, ocasionando pérdidas humanas y confirmando que la
expansión de la infraestructura turística se dio a costa del equilibrio ecológico de la cuenca.

Fase 3 (2000–2017): Consolidación de la fragmentación socioespacial y trampa de vulnerabilidad

Hacia el tramo final del estudio, el territorio municipal se consolidó como una totalidad heterogénea y
fragmentada en cuatro subsistemas territoriales con dinámicas productivas, ambientales y laborales
desarticuladas (ver Tabla 2).
pág. 4836
Tabla 2 Heterogeneidad productiva, ambiental y laboral en las zonas fragmentadas de Acapulco (2017)

Zona turística
Caracterización productiva y ambiental Rol laboral
Acapulco
Tradicional (AT)

Destino pionero; infraestructura hotelera envejecida;
turismo doméstico popular; alta densificación urbana
residual

Empleo informal,
precarizado

Acapulco Dorado
(ADO)

Corazón comercial costero; alta densidad de torres y
condominios; saturación de la bahía y descargas
residuales

Servicios turísticos
formales

Pie de la Cuesta
(PC)

Borde poniente; turismo de baja escala; interacción
laguna-mar; emergencias de autoorganización
comunitaria

Autoempleo,
pesca y servicios

Acapulco
Diamante (ADI)

Enclave de alta gama y residencial; privatización del
frente de playa; urbanización sobre humedales costeros

Atracción de
plusvalía; mano de
obra externa

Nota. Elaboración propia a partir de Bergeret Muñoz y Castillo Nechar (2021a) y Solís Salgado (2021).

Como se deduce de la Tabla 2, esta segmentación territorial acentuó la polarización social. Mientras
Acapulco Diamante absorbió las inversiones privadas prioritarias y concentró la plusvalía inmobiliaria,
los barrios tradicionales y las colonias periféricas de soporte mantuvieron un déficit histórico en
servicios de agua potable, drenaje y saneamiento.

A partir del periodo 1999–2000, una perturbación de contorno modificó cualitativamente la dinámica
interna del sistema: la violencia generada por el crimen organizado. La inseguridad crónica actuó como
un disruptor estructural de los flujos económicos, reduciendo la llegada de cruceros y turismo
internacional de estancia prolongada, y restringiendo la actividad turística a un esquema carretero
doméstico de fin de semana caracterizado por una menor derrama económica per cápita y mayor
precarización del empleo.

Hacia 2017, Acapulco se consolidó como un sistema socioecológico atrapado en una trampa adaptativa:
un esquema mono-productor subordinado al modelo tradicional de sol y playa que erosiona
continuamente los soportes ecológicos que lo sustentan, distanciado de las metas de bienestar
distributivo y equidad que justificaron su desarrollo inicial.
pág. 4837
DISCUSIÓN

Coevolución sistémica y trampas adaptativas en destinos maduros

La trayectoria analizada demuestra que los destinos costeros maduros se comportan como sistemas
socioecológicos complejos gobernados por dinámicas no lineales (Farrell & Twining-Ward, 2005;
Hartman, 2021). Este comportamiento refuta la universalidad de los modelos lineales de ciclo de vida
del destino —particularmente el postulado por Butler (1980)—, cuya premisa asume una secuencia
uniforme y agregada de etapas (exploración, implicación, desarrollo, consolidación, estancamiento y
declive o rejuvenecimiento). Los hallazgos confirman que los destinos no envejecen de manera
homogénea; por el contrario, despliegan procesos de morfogénesis espacial y bifurcaciones adaptativas
motivadas por la búsqueda incesante de valorización del capital inmobiliario (García, 2006; Ortiz
Espejel & Duval, 2008).

En consecuencia, la conformación de las cuatro zonas descritas (AT, ADO, PC y ADI) no derivó de
una visión de ordenamiento territorial policéntrico, sino de una respuesta de autoorganización del
capital ante la saturación de los recintos primigenios (Bigné et al., 2007; Cárdenas Gómez, 2016).
Cuando la bahía histórica manifestó síntomas severos de obsolescencia física y estrés ambiental en las
décadas de 1980 y 1990, las inversiones eludieron los costos de regeneración ecológica urbana para
colonizar la franja sur (Diamante), urbanizando sistemas de humedales y lagunas de alta vulnerabilidad
hidrológica (Solís Salgado, 2021). Este desplazamiento territorial reprodujo a escala ampliada las
contradicciones socioambientales que pretendía evadir.

Dicha dinámica ratifica que Acapulco ingresó en una “trampa de rigidez” (rigidity trap) socioecológica
(Farrell & Twining-Ward, 2004; Gunderson & Holling, 2002). El destino consolidó una dependencia
de trayectoria (path dependency) anclada en un producto turístico masivo poco diversificado. La
estrecha vinculación entre las élites inmobiliarias y las instituciones del sector redujo la capacidad de
aprendizaje del sistema, bloqueando la instrumentación de modelos de gobernanza adaptativa o de
reconversión económica sustantiva (Ortiz Espejel, 2019).

Asimismo, la incorporación de perturbaciones críticas —el Huracán Paulina en 1997 y el auge de la
violencia a partir del año 2000— constata la fragilidad de los sistemas territoriales orientados a
maximizar rendimientos de corto plazo sacrificando la redundancia y resiliencia ecológica (Folke et al.,
pág. 4838
2010; Solís Salgado, 2021). Lejos de representar anomalías accidentales, los desastres
hidrometeorológicos y la inseguridad operaron como atractores caóticos que desarticularon la cohesión
social, erosionaron el empleo calificado y confinaron al puerto a un turismo de bajo gasto (Bergeret
Muñoz & Castillo Nechar, 2021a; Ramírez Sáiz, 1987).

Novedad científica y aportes teóricos del concepto de “proceso turístico”

En el plano epistemológico, la principal novedad de esta investigación radica en superar el enfoque
instrumental que reduce la actividad turística a una industria terciaria o a un balance volumétrico de
flujos de visitantes (Panosso Netto, 2008; Panosso Netto & Lohmann, 2012). Operacionalizar el
fenómeno como un “proceso turístico” socioecológico y coevolutivo (García, 2000; Solís Salgado,
2021) aporta ventajas analíticas sustantivas:

1. Superación de la dualidad sociedad-naturaleza: en concordancia con la ciencia posnormal
(Funtowicz & Ravetz, 2000) y el pensamiento socioambiental crítico (Foladori & Pierri, 2005;
Santos, 1990), el proceso turístico concibe a la base biofísica no como un fondo pasivo, sino como
un subsistema interdefinido que condiciona y es condicionado por las relaciones de producción y
la demografía local.

2. Articulación analítica multiescalar: el protocolo sustentado en García (2006) y Ortiz Espejel y
Duval (2008) articula los fenómenos inmediatos del primer nivel (la dinámica de playas y barrios)
con los metaprocesos de segregación urbana y las condiciones de contorno macroeconómicas y de
seguridad, evitando la descontextualización histórica habitual de los estudios de caso.

3. Visibilización de la fragmentación como propiedad emergente: se demuestra que la fragmentación
socioespacial no constituye un fallo de mercado transitorio, sino una propiedad emergente
consustancial a modelos de desarrollo turístico desregulados que subordinan los equilibrios
socioecológicos a la renta de la tierra (Ortiz Espejel, 2018).

Implicaciones para la política pública y la gobernanza territorial

Los hallazgos ofrecen orientaciones aplicadas indispensables para redefinir la planeación territorial y
turística en destinos litorales de México y América Latina (FONATUR, 2022; SECTUR, 2014, 2018):

▪ Descarte de los indicadores lineales de volumen: la evaluación del desempeño turístico basada de
forma casi exclusiva en afluencia, ocupación hotelera y derrama bruta enmascara la transferencia
pág. 4839
acumulativa de costos ecológicos y precarización hacia las poblaciones residentes. Resulta
prioritario migrar hacia matrices de evaluación multidimensional que midan balances hídricos de
cuenca, calidad del empleo e índices de resiliencia socioecológica.

▪ Implementación de una gobernanza territorial adaptativa y policéntrica: la heterogeneidad
constatada entre las cuatro zonas del municipio evidencia la inutilidad de aplicar planes directores
homogéneos. Cada polígono requiere un esquema de intervención adaptado a su contexto pero
integrado a escala de cuenca:

- Acapulco Tradicional y Dorado: priorizar la regeneración urbana, la rehabilitación de
colectores sanitarios y la revalorización del patrimonio histórico y paisajístico.

- Pie de la Cuesta: fortalecer las redes de autoorganización comunitaria, el turismo de bajo
impacto y la conservación integral del sistema laguna-marisma.

- Acapulco Diamante: imponer límites vinculantes al avance sobre zonas de humedales y
manglares para mitigar el riesgo de inundación y garantizar el derecho público al litoral.

▪ Internalización del riesgo socioambiental y la seguridad: las políticas territoriales deben abandonar
el supuesto de estabilidad socioambiental. Es indispensable integrar la gestión del riesgo de
desastres y la regeneración del tejido comunitario como ejes transversales en la inversión pública,
concibiendo a la población local como cogestora del destino frente a la crisis climática y la
inseguridad.

CONCLUSIONES

El análisis diacrónico de largo alcance desarrollado en este estudio (1960–2017) fundamenta la
pertinencia epistemológica de la Teoría de los Sistemas Complejos para desentrañar la evolución
territorial de destinos litorales maduros, superando de manera concluyente los paradigmas lineales y
sectoriales tradicionales. A la luz de la evidencia empírica articulada en el Esquema de Procesos, se
sostiene que la fragmentación socioespacial de Acapulco de Juárez —evidenciada en la coexistencia
desarticulada de cuatro subterritorios funcionales (Tradicional, Dorado, Pie de la Cuesta y Diamante)—
no es un accidente de mercado transitorio, sino la propiedad emergente de un modelo de desarrollo
subordinado a la valorización y especulación del suelo urbano. Al privilegiar la apertura de frentes
sucesivos de acumulación inmobiliaria exógena por encima de la habitabilidad social y del equilibrio
pág. 4840
hidrológico de las cuencas, las políticas públicas profundizaron asimetrías distributivas crónicas,
precarizaron la inserción laboral y acumularon pasivos socioambientales severos.

La trayectoria analizada demuestra que perturbaciones como el Huracán Paulina (1997) y la violencia
estructural posterior al año 2000 operaron como verdaderos atractores caóticos. No fueron factores
exógenos aislados, sino que interactuaron con vulnerabilidades preexistentes, acelerando la pérdida de
cohesión social, contrayendo el mercado internacional y confinando al puerto a una dependencia
precaria del turismo carretero de fin de semana. Hacia 2017, Acapulco se configuraba así como un
sistema socioecológico atrapado en una trampa de rigidez adaptativa, con alta fragilidad biofísica y una
limitada capacidad de gobernanza institucional. Esto valida empíricamente la categoría de “proceso
turístico” como un constructo indisociable, donde la base natural, la dinámica demográfica y las
relaciones de producción coevolucionan continuamente.

No obstante, la investigación reconoce tres fronteras analíticas. Primero, el límite temporal en 2017 —
necesario para calibrar casi seis décadas con fuentes censales consistentes— excluye perturbaciones
recientes como la pandemia por COVID-19 y eventos hidrometeorológicos extremos. Segundo, el
diseño cualitativo-estructural priorizó la identificación de mecanismos causales, prescindiendo de
simulación matemática, modelos basados en agentes o dinámica de sistemas, lo que limita el alcance a
un plano explicativo-interpretativo sin proyecciones numéricas. Tercero, al privilegiar las escalas macro
y meso, las resistencias cotidianas y los procesos micropolíticos en asentamientos populares se trataron
de forma agregada.

Estas delimitaciones perfilan una agenda de investigación necesaria. Es imperativo trasladar el modelo
conceptual hacia plataformas computacionales de simulación que permitan evaluar cuantitativamente
umbrales de resiliencia, recarga de cuencas y dinámicas de empleo ante escenarios estocásticos.
Asimismo, urge extender el marco del proceso turístico al periodo pos-2017 para examinar cómo los
choques climáticos recientes han reconfigurado las estructuras del destino. Finalmente, se convoca a
someter a prueba comparativa este andamiaje metodológico en otros enclaves de sol y playa maduros
de América Latina, a fin de dilucidar qué patrones de fragmentación responden a singularidades locales
y cuáles constituyen regularidades estructurales del modelo de acumulación turística contemporáneo.
pág. 4841
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