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CONCLUSIONES
El análisis realizado permite concluir que la crisis de la identidad profesional docente en México no es
un fenómeno coyuntural ni individual, sino estructural e histórico. Se confirmó el supuesto de partida:
la identidad transitó de una matriz moral-vocacional -encarnada en el tlamatini (León-Portilla, 2012) y
consolidada como apostolado con la creación de la SEP en 1921 (SEP, 1921) -hacia una identidad
técnico-fragmentada, producto de las reformas de corte neoliberal iniciadas con el ANMEB (SEP, 1992)
y radicalizadas con la RIEB (SEP, 2011) y la Ley del Servicio Profesional Docente (SEP, 2013). Esta
última fase, sustentada en la gobernanza por números y en la teoría del capital humano (Schultz, 1961;
OCDE, 2005; Banco Mundial, 2010), instaló lo que Hargreaves (2003) denomina la intensificación del
trabajo y lo que Esteve (1994) identifica como malestar docente, al escindir la identidad atribuida por el
Estado de la identidad asumida por los maestros (Dubar, 2002). Como segunda conclusión, la
investigación demuestra que dicha fragmentación afectó de manera diferenciada las tres dimensiones de
la identidad propuestas por Beijaard et al. (2004). Mientras que el docente se fortaleció como experto
en materia y en didáctica instrumental para responder a estándares de PISA y ENLACE, se debilitó
como experto pedagógico-ético. Esto explica por qué el compromiso, entendido por Day et al. (2006)
como el elemento central de la resiliencia profesional, pasó de ser una praxis vocacional a una obligación
administrativa. La cultura escolar resultante, descrita por Pérez Gómez (1998) como cruce de culturas
atravesado por la lógica de la eficiencia, normalizó al docente aplicador, en detrimento del docente como
intelectual.Finalmente, se concluye que la Nueva Escuela Mexicana (SEP, 2022, 2023), sustentada
jurídicamente en la reforma al Artículo 3° (DOF, 2019), representa el primer intento explícito en treinta
años por resignificar el compromiso y la vocación. Al recuperar los planteamientos de Freire (1970)
sobre el docente como intelectual transformador y de Van Manen (1990) sobre el tacto pedagógico, la
NEM propone una identidad crítico-comunitaria, autónoma, colaborativa y garante de derechos. No
obstante, esta propuesta aún es una identidad deseada y no una identidad vivida. Su consolidación
enfrenta la tensión entre una política humanista y una cultura escolar aún configurada por la
performatividad. Por tanto, se recomienda para futuras líneas de investigación transitar del análisis
documental a estudios empíricos, narrativos y etnográficos (Bolívar, 2006; Rockwell, 2007) que
recuperen la voz del docente en las Escuelas Normales, la UPN (SEP, 1978) y los Consejos Técnicos