Explorando el Impacto del Conflicto Escolar en la Prevalencia de la Violencia en los Entornos Educativos Colombianos

 

Jonathan Posada González[1]

jposada@umanizales.edu.co

https://orcid.org/0000-0002-4317-1112

Universidad de Manizales.

 

RESUMEN

Este artículo surge de una revisión de investigaciones y literatura sobre el tema de los conflictos y la violencia en los entornos escolares; para brindar una comprensión integral del conflicto y la violencia en los entornos educativos, destacando los tipos de conflictos que ocurren en los entornos escolares y cómo estos conflictos influyen directamente. la incidencia de la violencia en Colombia, y menciona el papel de los maestros, directivos y padres en la mitigación de esta violencia, el rendimiento académico de los estudiantes expuestos al conflicto y algunas direcciones para futuras investigaciones sobre cómo abordar la violencia y el conflicto en las escuelas colombianas.

 

Palabras clave: violencia escolar; conflicto; ambiente escolar; entornos educativos.

 


 

Exploring the Impact of School Conflict on the Prevalence of Violence in Colombian Educational Environments

 

ABSTRACT

This article arises from a review of research and literature on the topic of conflicts and violence in school environments; to provide a comprehensive understanding of conflict and violence in educational settings, highlighting the types of conflicts that occur in school settings and how these conflicts directly influence them. the incidence of violence in Colombia, and mentions the role of teachers, administrators, and parents in mitigating this violence, the academic performance of students exposed to conflict, and some directions for future research on how to address violence and conflict in Colombia. Colombian schools.

 

Keywords: school violence; conflict; school environment; educational environments.

 

 

 

Artículo recibido 22 agosto 2023

Aceptado para publicación: 20 setiembre 2023


 

INTRODUCCIÓN

Panorama del conflicto y la violencia escolar en los entornos educativos colombianos

Según las investigaciones disponibles sobre conflictos y violencia escolar, está claro que estos temas tienen un impacto significativo en las instituciones educativas. La violencia escolar y la convivencia son conceptos interrelacionados que afectan el entorno educativo y pueden verse exacerbados por factores como la delincuencia violenta, las condiciones estructurales y sociales, las relaciones culturales, la composición del entorno, el consumo de drogas, entro otros (Bolaño-Truyol & Charris-Angulo, 2023.) (Walker, 2023.). En Colombia, el panorama educativo es complejo y multifacético, con diversos enfoques para abordar estos temas (Gutiérrez, 2012.). las condiciones de encuentro han demostrado que la socialización desempeña un papel fundamental en la reducción de los conflictos y la violencia escolar; se ha descubierto que la falta prolongada de socialización exacerba estos problemas y crea un entorno de aprendizaje poco saludable (CEPAL, 2023.). Diferentes investigaciones también han explorado el impacto del conflicto violento en los entornos rurales de Colombia, identificando efectos tanto negativos como positivos (Garcia & Slunge, 2015.). Para abordar estos problemas, es importante que los educadores y los responsables de la formulación de políticas establezcan regulaciones y creen entornos curativos que promuevan la socialización, el compromiso y el bienestar general en las instituciones educativas (Arias-López, 2013.). Al establecer una comprensión integral de la naturaleza compleja del conflicto y la violencia escolar, los educadores pueden trabajar para crear entornos de aprendizaje más seguros y productivos para los estudiantes.

La prevalencia del conflicto y la violencia escolar en los entornos educativos colombianos es un tema importante que requiere atención. Varios factores contribuyen al surgimiento de ambientes violentos en las instituciones educativas. Las condiciones ambientales, como el panorama en constante cambio de conflicto y delincuencia violenta, producción y uso de drogas, tienen un profundo impacto en el entorno escolar (Bolaño-Truyol & Charris-Angulo, 2023.) (Walker, 2004.). Además, la socialización juega un papel integral en la configuración del comportamiento y las actitudes de los estudiantes. La prolongada falta de socialización ha sido identificada como un factor importante que contribuye al surgimiento de conflictos y violencia escolar (CEPAL, 2023.). Para abordar estas cuestiones, algunos estudios se han centrado en establecer un panorama de la situación de los entornos educativos colombianos. Por ejemplo, revelar las condiciones socioeconómicas de los espacios educativos donde se desenvuelven los estudiantes y las instituciones educativas, reflejan que las condiciones estructurales y sociales que cada espacio, verifica la necesidad de comprender como estos espacios pueden ser latentes para diferentes problemáticas en los ambientes escolares referentes al conflicto y a la violencia.  Por otro lado, un estudio tuvo como objetivo realizar una revisión del panorama educativo, las regulaciones y las políticas para comprender el impacto de violencia en los estudiantes en Colombia (Contreras et al., 2020.). Si bien existen diferentes puntos de vista y enfoques para abordar estos problemas, es crucial reconocer los efectos negativos del conflicto violento en entornos locales y esforzarse por lograr un entorno curativo para lograr el bienestar durante los procesos de transición (Arias-López, 2013.).

Tipos de conflicto escolar en los ambientes educativos colombianos

En Colombia surgen varios tipos de conflictos en los entornos educativos. Un tipo de conflicto es el espíritu competitivo en la escuela, donde se pone énfasis en la competencia en el rendimiento académico, las actividades extracurriculares pueden verme permeadas por este tipo de competición que en ciertos espacios considera elementos de conflicto entre los estudiantes (Harber & Harber, 2019.). Además, muchas escuelas en Colombia todavía utilizan métodos de enseñanza autoritarios, con profesores liderando las actividades del aula, lo que es otro tipo de conflicto en los entornos educativos del país, entendiendo la educación como un supuesto de castigo latente que aún sigue vigente (Harber & Harber, 2019.). Otro conflicto importante es la brecha entre las escuelas públicas y privadas, donde las desigualdades en la financiación y los recursos crean mayores desigualdades en el acceso a una educación de calidad (Harber & Harber, 2019.). Además, la continua violencia en las escuelas es una importante fuente de conflicto. El alarmante aumento de los incidentes relacionados con la violencia, incluidas la actividad de pandillas, el acoso y la intimidación, ha puesto en riesgo a muchos estudiantes y profesores, lo que ha provocado una disminución del rendimiento, la participación y la retención de los estudiantes (Harber & Harber, 2019.). Estos conflictos son un desafío importante para la calidad de la educación y podrían afectar negativamente el futuro de la juventud colombiana.

Las investigaciones han demostrado que los conflictos en entornos educativos pueden variar en gravedad e impacto en la prevalencia de la violencia. En Colombia, por ejemplo, el entorno educativo se ha visto afectado por un conflicto armado complejo e indiscriminado que se ha prolongado durante más de seis décadas. Las practicas educativas en Colombia, cuyo objetivo es crear entornos de aprendizaje activos y colaborativos, se han visto afectadas por varios tipos de fragilidad, incluida la delincuencia violenta, la producción y el consumo de drogas (Vega & Bajaj, 2018.). Las escuelas rurales en áreas postconflicto han sido el foco de especial interés en Colombia, ya que a menudo son las más afectadas por el conflicto. Se ha demostrado que proporcionar entornos de aprendizaje adaptados a los niños y educación sobre los derechos del niño es eficaz para reducir el impacto de los conflictos en la educación en estas áreas (Aguilar & Retamal, 2009.). Sin embargo, crear este tipo de entornos de aprendizaje puede ser un proceso complejo, especialmente cuando se utilizan objetos virtuales de aprendizaje, casos notorios que se presentaron gracias a la situación social vivida por el COVID-19 (Sánchez‐Obando, 2023.). Es crucial especificar y estimar el impacto del conflicto y otros factores no observables en el entorno escolar para comprender mejor la gravedad del problema (Ramos et al., 2012.). En Colombia se ha producido un entorno educativo cambiante donde las escuelas que atienden a las clases media y alta han experimentado cambios significativos. Sin embargo, muchas escuelas en zonas postconflicto todavía carecen de los recursos y el apoyo necesarios para crear entornos de aprendizaje seguros y de apoyo que aborden los impactos del conflicto en la educación (Harber & Harber, 2019.) (Medina, 2023.). Al comprender los diversos tipos de fragilidad en entornos educativos afectados por conflictos, los educadores pueden trabajar para crear estrategias efectivas para reducir la violencia y promover un entorno de aprendizaje seguro.

Diversos factores pueden desencadenar conflictos en los entornos educativos colombianos. Uno de esos factores son las secuelas del prolongado conflicto armado del país. El conflicto ha dado lugar a una situación compleja e indiscriminada, en la que la violencia, la producción drogas, la delincuencia y la desprotección del estado tienen un gran impacto en el entorno escolar. Además, los antecedentes familiares y los entornos de aprendizaje escolar son factores intrínsecos que pueden contribuir al conflicto entre los estudiantes. Las investigaciones muestran que crear un entorno de aprendizaje amigable y de apoyo es crucial para promover la coexistencia pacífica en las escuelas (Medina, 2023.). De hecho, un estudio demostró que brindar oportunidades a los niños afectados por la guerra para que participaran en programas de educación rural de alta calidad contribuía a su capacidad de aprender en un entorno seguro y amigable (Aguilar & Retamal, 2009.). Por otro lado, la creación de un entorno de aprendizaje activo y colaborativo a través de la enseñanza multigrado puede generar conflictos si no se gestiona adecuadamente (Vega & Bajaj, 2018.). Además, se debe prestar especial atención a las escuelas rurales en zonas posconflicto, donde es necesario centrarse en dos aspectos: crear un entorno de aprendizaje amigable y de apoyo, y promover objetos de aprendizaje inclusivos para mejorar la participación de los estudiantes con el material del curso (Sánchez‐Obando, 2023.). Para mitigar el impacto del conflicto en las escuelas, es importante que los educadores comprendan los diferentes tipos de entornos de aprendizaje y describan sus principales usos en el contexto de la educación colombiana (Corredor & Wills-Obregon, 2018.). En general, crear entornos de aprendizaje seguros y de apoyo que aborden el impacto del conflicto es crucial para promover la coexistencia pacífica en las instituciones educativas colombianas.

Impacto del conflicto escolar en la prevalencia de la violencia

La incidencia de la violencia en las escuelas colombianas es un problema grave, con graves implicaciones para la salud mental y el bienestar de los estudiantes (Jewkes et al., 2017.). Los estudios muestran que la tasa de violencia escolar es mayor en Colombia que en Estados Unidos, y existe una relación entre la exposición a la violencia y sus efectos en la salud mental de los estudiantes (Osofsky, 1997.). Los informes de violencia en las escuelas pueden diferir según el nivel de grado; las escuelas primarias reportan menos incidentes que las escuelas intermedias y secundarias (Warner et al., 1999.). Los estudios también han demostrado que la exposición a la violencia puede tener efectos negativos tanto en estudiantes masculinos como femeninos (Buvinic et al., 2013.). Es importante señalar que los conflictos escolares y comunitarios a menudo están relacionados, y las investigaciones muestran que la violencia comunitaria puede afectar negativamente la salud mental y el bienestar de los estudiantes, entendiendo que algunos componentes del contexto pueden llevar a que el conflicto del entorno se vea inmerso dentro de las instituciones educativas (Mateu‐Gelabert & Lune, 2003.) (McAloney et al., 2009.). Si bien existen programas destinados a prevenir la violencia juvenil, es esencial tener en cuenta que los métodos utilizados para abordar este problema pueden entrar en conflicto entre sí y tener consecuencias no deseadas (Juvonen, 2001.) (Clayton et al., 2001.). Por lo tanto, es crucial incorporar estrategias de resolución de conflictos no violentas en los currículos educativos para abordar el tema del conflicto escolar y su contribución a la prevalencia de la violencia en los entornos educativos colombianos (Miller, 1994.).

La incidencia y prevalencia de la violencia en entornos educativos son cuestiones que se han estudiado ampliamente en el pasado. Se ha observado que los informes sobre la incidencia y prevalencia de la violencia pueden diferir dependiendo de diversos factores como el género, la ubicación y el tipo de escuela (Warner et al., 1999.). Se puede afirmar, que en colombia  las escuelas ubicadas en áreas urbanas tienen una mayor incidencia de violencia que las ubicadas en áreas rurales (Osofsky, 1997.). La tasa de incidencia de violencia escolar está comprensiblemente relacionada con el impacto de las estrategias de resolución y gestión de conflictos en la escuela (Garner, 2014.). Sin embargo, es importante señalar que los métodos utilizados para abordar estos problemas pueden entrar en conflicto entre sí y tener efectos no deseados. Por ejemplo, abordar los miedos y ansiedades de los estudiantes no necesariamente conduce a una disminución de la violencia (Juvonen, 2001.). Además, las investigaciones han demostrado que la exposición a la violencia, particularmente a la violencia comunitaria, puede afectar negativamente la salud mental y el comportamiento de los estudiantes (McAloney et al., 2009.). Como resultado, se han desarrollado muchos programas para prevenir la violencia juvenil, incluidas estrategias de resolución de conflictos y programas contra la violencia (Clayton et al., 2001.) (Miller, 1994.). Sin embargo, es esencial señalar que también se deben considerar los impactos diferenciales del conflicto violento en hombres y mujeres y el papel de la desigualdad de género en la formulación de respuestas adaptativas al conflicto (Buvinic et al., 2013.). Además, las investigaciones han demostrado que el conflicto y la violencia entre la escuela y la comunidad están interconectados. Por lo tanto, es necesario centrarse en estrategias que vinculen las escuelas y las comunidades en un contexto urbano para abordar eficazmente estos problemas (Mateu‐Gelabert & Lune, 2003.).

Existe una variedad de intervenciones que se pueden implementar para prevenir o mitigar los efectos del conflicto escolar sobre la prevalencia de la violencia en los entornos educativos. Un enfoque es centrarse en programas de prevención de la violencia en las escuelas, con especial énfasis en la resolución de conflictos y la capacitación en habilidades de comunicación. Proponiendo en las condiciones educativas elementos como la mediación y conciliación o practicas restaurativas que se reflejan a través de la justicia restaurativa, rompiendo el escenario de una educación en perspectiva netamente del castigo. La literatura ha demostrado que este tipo de programas pueden ser eficaces para reducir la incidencia de la violencia escolar (Clayton et al., 2001.). Además, existen intervenciones comunitarias que podrían implementarse para abordar la violencia escolar. Por ejemplo, un estudio vinculó los conflictos escolares y comunitarios con la violencia en un contexto urbano, destacando la necesidad de ir más allá del simple recuento de los acontecimientos violentos para comprender las causas fundamentales de dichos conflictos (Mateu‐Gelabert & Lune, 2003.). Además, es importante reconocer los impactos diferenciales de los conflictos violentos en hombres y mujeres y abordar los miedos y ansiedades de los estudiantes (Juvonen, 2001.). Finalmente, es esencial medir con precisión la prevalencia e incidencia de la violencia escolar. Si bien los informes sobre incidencia y prevalencia pueden diferir, es crucial recopilar datos sobre delitos graves como asaltos, homicidios y violaciones de derechos en los contextos donde se desenvuelven los estudiantes para asi desarrollar estrategias efectivas de prevención e intervención (Warner et al., 1999.) (Miller, 1994.). Al implementar estas intervenciones, las escuelas pueden trabajar para mitigar los efectos del conflicto y reducir la prevalencia de la violencia en los entornos educativos.

Papel de los docentes y directivos en el abordaje de los conflictos escolares

El conflicto escolar es un tema complicado que requiere la participación de múltiples partes interesadas. Se puede determinar que los consejeros escolares y los psicólogos pueden desempeñar un papel en la mitigación de conflictos entre estudiantes, profesores y directivos. Es importante abordar las responsabilidades de los directivos escolares en el manejo de conflictos, así como el papel de los docentes en la promoción de la diversidad y el tratamiento de cuestiones de conflicto. Los directores, sin embargo, son identificados como los actores principales en el manejo de los conflictos escolares. Deben trabajar con una variedad de grupos de roles, incluidos coordinadores, maestros, consejeros, y otros miembros del personal, para desarrollar soluciones alternativas que aborden todas las partes del conflicto. Además, los maestros y coordinadores deben trabajar juntos para abordar la problemática que se puede evidencias dentro de las escuelas, tendiendo en cuenta el rol que desempeña cada uno dentro de las instituciones en la búsqueda de la disminución del conflicto y la violencia. Abordar los conflictos escolares requiere la cooperación y participación de todas las partes interesadas, y el rector desempeña un papel fundamental en la dirección de los esfuerzos de resolución de conflictos, ya que este tiende a ser la cabeza visible de las instituciones educativas y proporciona todas las herramientas para la mitigación de las problemáticas que puedan presentarse dentro de las instituciones educativas.

Abordar el conflicto y la violencia en las escuelas es una cuestión compleja que requiere la participación de múltiples partes interesadas, incluidos coordinadores, profesores, consejeros y otros grupos de roles (Henze et al., 2000.). Una estrategia eficaz es promover la satisfacción entre los líderes escolares, los estudiantes y los mismos docentes, ya que esto puede conducir a una cultura y un ambiente escolar más positivos. De hecho, los rectores que ven su trabajo reflejado con estudiantes y profesores como una fuente de satisfacción del entorno tienen más probabilidades de abordar cuestiones de conflicto y violencia en sus escuelas (Eckman, 2002.). Otra estrategia importante es promover la colaboración y la comunicación entre diferentes grupos de roles, incluidos coordinadores, maestros y consejeros. Esto puede ayudar a prevenir conflictos y discontinuidades de roles, que pueden ser barreras potenciales para abordar la violencia y los conflictos escolares (Loder & Spillane, 2005.) (Winslade & Williams, 2011.). Además, promover la diversidad entre los profesores puede enriquecer la cultura escolar y ampliar las perspectivas, pero es importante que el rector desempeñe un papel a la hora de abordar los conflictos que pueden surgir de la diversidad (Young et al., 2010.). Finalmente, desarrollar soluciones alternativas que aborden todas las partes del conflicto puede ser eficaz para prevenir la violencia escolar. De hecho, Los directores de grupo, los maestros, los coordinadores, los psicologos desempeñan un papel importante en el desarrollo de soluciones alternativas que pueden abordar las causas fundamentales del conflicto (Kalagbor & Nnokam, 2015.). En general, prevenir y abordar los conflictos y la violencia escolares requiere un enfoque multifacético que implique colaboración, comunicación y la promoción de una cultura escolar positiva y la satisfacción laboral entre los líderes escolares.

Abordar el conflicto escolar y la violencia en los entornos educativos colombianos es un tema complejo que requiere un enfoque multifacético que involucre no sólo a maestros y coordinadores sino también a estudiantes y padres. Un desafío potencial para este enfoque es la cuestión del conflicto y la discontinuidad de roles, entendiendo la importancia de los padres en la disminución del conflicto y su entendimiento (Loder & Spillane, 2005.) (Eckman & Kelber, 2010.). Para abordar eficazmente los conflictos y la violencia escolares, es fundamental que los consejeros, psicólogos y directivos escolares desempeñen un papel en la mediación de los conflictos entre estudiantes, profesores y los mismos coordinadores que en algunos momentos también pueden ser partícipes del conflicto (Winslade & Williams, 2011.). Además, los coordinadores desempeñan un papel crucial a la hora de abordar cuestiones de conflicto y promover la convivencia en las escuelas, particularmente en entornos diversos donde pueden surgir conflictos debido a diferencias culturales o étnicas (Young et al., 2010.) (Henze et al., 2000.). Un enfoque para abordar los conflictos y la violencia escolares es el desarrollo de soluciones alternativas que aborden todas las partes del conflicto, involucrando a varios grupos, incluidos administradores, maestros, consejeros y otros miembros de la comunidad escolar incluyendo los padres de familia (Kalagbor & Nnokam, 2015.).  

Rendimiento académico de estudiantes expuestos a la violencia escolar

El impacto de la violencia escolar en el rendimiento académico ha sido un tema de bastante importante en Colombia. Los indicadores han demostrado que experimentar violencia escolar puede tener efectos negativos en el rendimiento académico de los estudiantes (Kim et al., 2020.). Sin embargo, la relación entre la violencia escolar, las percepciones de seguridad escolar, la tristeza, la desesperanza y el rendimiento académico no es sencilla y requiere más investigación (Kim et al., 2020.). Los indicios también han encontrado que las estudiantes se ven más afectadas por el impacto negativo de la violencia escolar en el rendimiento académico que los estudiantes varones, aunque ambos géneros se ven afectados negativamente (Kim et al., 2020.). Las formas comunes de violencia escolar, como peleas, amenazas y acoso, impactan negativamente las preocupaciones sobre la seguridad escolar y los niveles de depresión entre los estudiantes. Como resultado, los estudiantes que experimentan este tipo de violencia pueden sentirse menos motivados para asistir a la escuela o tener un buen desempeño académico (Kim et al., 2020.). Por lo tanto, es crucial abordar la violencia escolar en Colombia e implementar estrategias efectivas para garantizar un ambiente de aprendizaje seguro y propicio para todos los estudiantes.

Los efectos de la violencia escolar en el rendimiento académico se han estudiado ampliamente y los resultados muestran que la exposición a la violencia en la escuela puede tener un impacto negativo significativo en el progreso educativo. Un estudio encontró que la victimización de los jóvenes puede impedir gravemente el progreso emocional, psicológico y educativo, lo que lleva a un rendimiento académico deficiente (Peguero, 2009.). La exposición a la violencia en la escuela ha ejercido cada vez más una fuerte influencia en el rendimiento académico. Además, las percepciones de seguridad escolar y los pensamientos de ser atacados en la escuela tenían un vínculo directo con la seguridad que sienten los estudiantes en el camino hacia y desde la escuela (Patton et al., 2012.). Los estudios también han demostrado que los estudiantes que están expuestos a la violencia escolar tienen un rendimiento académico más bajo en comparación con aquellos que no están expuestos a ella. Esto se debe a que la exposición a la violencia escolar genera emociones negativas como tristeza y desesperanza, que pueden afectar el rendimiento académico. Además, las redes de apoyo social en la escuela son cruciales para los estudiantes que han experimentado violencia escolar, ya que son un grupo altamente vulnerable con necesidades únicas (Furlong et al., 1995.). Es esencial que las escuelas tomen medidas para prevenir y abordar la violencia escolar para garantizar que los estudiantes se sientan seguros y puedan alcanzar sus metas académicas.

La exposición a la violencia escolar puede tener graves consecuencias tanto para las víctimas como para las no víctimas. La victimización de los jóvenes puede impedir significativamente el progreso emocional, psicológico y educativo, lo que lleva a un rendimiento académico deficiente (Peguero, 2009.). Además, la exposición a la violencia en la escuela tiene una influencia cada vez más fuerte en los resultados educativos, afectando tanto a las puntuaciones de los exámenes como a los informes de los estudiantes sobre el clima escolar (Burdick-Will, 2013.) (Kim et al., 2020.). Las investigaciones han demostrado que la exposición a la violencia en la escuela primaria tiene un efecto duradero en el rendimiento académico. Además, los estudiantes que sufren violencia escolar son un grupo altamente vulnerable, que carece de redes de apoyo social que puedan ayudar a mitigar los efectos negativos de la violencia en su rendimiento académico (Furlong et al., 1995.). Incluso las personas que no son víctimas pueden experimentar consecuencias académicas debido al clima escolar negativo creado por la violencia, como una menor satisfacción con las relaciones interpersonales con los profesores y entornos de aprendizaje interrumpidos (Bravo-Sanzana & Bangdiwala, 2022.). Las percepciones de violencia escolar y los pensamientos de ser atacados en la escuela también pueden tener un vínculo directo con la seguridad que sienten los estudiantes en el camino hacia y desde la escuela, lo que afecta su bienestar general y su rendimiento académico (Patton et al., 2012.).


 

Bienestar psicológico de estudiantes expuestos a la violencia escolar.

En Colombia, la violencia escolar se ha convertido en una preocupación creciente debido a su impacto negativo en el bienestar psicológico de los estudiantes. Las investigaciones han demostrado que existe una relación negativa entre el apoyo social y la violencia percibida entre los estudiantes colombianos (De Cordova et al., 2019.). Esto significa que los estudiantes que experimentan altos niveles de violencia en sus escuelas a menudo se sienten aislados y carecen del apoyo necesario de sus compañeros y adultos. La presencia de violencia en las escuelas puede tener un efecto adverso en el bienestar psicológico de los estudiantes en Colombia (De Cordova et al., 2019.). El miedo a la violencia puede provocar depresión, ansiedad y otros problemas de salud mental entre los estudiantes. afectando su rendimiento académico y su calidad de vida en general. Además, la exposición a la violencia escolar también puede provocar una serie de resultados negativos, como comportamiento agresivo, abuso de sustancias y baja autoestima.

Los docentes, que están en la primera línea de la violencia escolar, son los más afectados por el impacto. La mala conducta de los estudiantes y la violencia percibida en la escuela pueden afectar el bienestar emocional de los docentes, provocando agotamiento y frustración (Galand et al., 2007.). Además, tanto las víctimas como las no víctimas de violencia escolar pueden experimentar angustia psicológica. La prevalencia y las consecuencias de la exposición a la violencia entre los jóvenes en minorias también son dignas de mención, y la exposición a la violencia comunitaria se relaciona negativamente con el bienestar psicosocial (Banerjee & Rowley, 2015.). Las actitudes de los alumnos hacia la escuela también pueden verse afectadas por la presencia de violencia escolar, y los altos niveles de violencia conducen a una percepción negativa de la escuela como un entorno seguro (Hendricks, 2019.). Los docentes están cada vez más expuestos a la violencia por parte de los estudiantes, lo que puede afectar su bienestar ocupacional y hacer más difícil lidiar con la violencia (De Cordova et al., 2019.). Además, se ha descubierto que la participación extracurricular relacionada con el aula tiene un efecto perjudicial en la mayor probabilidad de victimización de los estudiantes (Peguero, 2009.).

La violencia escolar puede tener graves impactos negativos en el bienestar psicológico tanto de los estudiantes como de los profesores. La exposición al mal comportamiento de los estudiantes y a la violencia percibida en la escuela puede perjudicar la salud emocional de los profesores, mientras que el acoso de los educadores puede afectar los resultados específicos de los estudiantes, como su bienestar psicológico (Galand et al., 2007.) (Pottinger & Stair, 2009.). En un estudio, los estudiantes de secundaria que estuvieron expuestos a la victimización por violencia sufrieron consecuencias psicológicas negativas, lo que resalta la vulnerabilidad de los estudiantes en estas situaciones (Callahan & Tolman, 2003.). De manera similar, la exposición a la violencia comunitaria tiene una relación negativa con el bienestar psicosocial (Banerjee & Rowley, 2015.). También se ha descubierto que las actitudes de los estudiantes se ven afectadas por la violencia escolar, y muchas escuelas secundarias se consideran lugares de violencia generalizada (Hendricks, 2019.). Tanto profesores como estudiantes están muy expuestos a la violencia, por lo que se necesitan intervenciones para abordar este problema y sus efectos en el bienestar (Khoury-Kassabri, 2004.). Además, la participación extracurricular en el aula tiene un fuerte efecto perjudicial sobre la probabilidad de violencia estudiantil, lo que se suma a la necesidad de sistemas de apoyo para aquellos afectados por la violencia escolar (Peguero, 2009.). Dada la alta prevalencia de violencia escolar y su impacto en la angustia emocional, los intentos de suicidio y la violencia, es importante identificar e implementar mecanismos de afrontamiento para los estudiantes que han experimentado dicho trauma (Svetaz et al., 2000.).

Implicaciones políticas y direcciones futuras de investigación.

Como lo evidencia el escrito, se han realizado varios estudios sobre el tema del conflicto escolar y la violencia en los ambientes educativos colombianos. Sin embargo, es de interés revisar otros factores como implicaciones políticas para el país. Por ejemplo, la violencia política y el conflicto en Colombia pueden extenderse a las escuelas, creando una cultura de miedo e intimidación que impacta negativamente la capacidad de los estudiantes para aprender y la capacidad de los profesores para enseñar de manera efectiva. Otro elemento puede inferirse en que las escuelas en Colombia necesitan más apoyo del gobierno para abordar eficazmente los problemas de violencia y conflicto, y que existe una necesidad de una mayor colaboración entre las escuelas, las familias y las comunidades para crear entornos de aprendizaje más seguros. De manera similar, otra situación que podría verificarse es como la violencia escolar en Colombia es un problema complejo con profundas raíces en la historia del país de conflicto político y desigualdad social, y que abordar este problema requerirá un enfoque multifacético que incluye no sólo reformas educativas, sino también reformas políticas y sociales a una escala más amplia. Estos hallazgos tienen importantes implicaciones políticas para el gobierno colombiano, que debe abordar las causas fundamentales de la violencia escolar si espera mejorar los resultados educativos y promover la cohesión social en el país. Al invertir en educación y tomar medidas para reducir la violencia y los conflictos en las escuelas, el gobierno puede ayudar a crear una sociedad más estable y próspera para todos los colombianos.

A la luz de la comprensión actual del conflicto escolar y su impacto en la prevalencia de la violencia en los entornos educativos, se deben tener en cuenta futuras direcciones de investigación. Los estudios sugieren que identificar lagunas en la literatura relacionada con el impacto del conflicto escolar en la prevalencia de la violencia y abordarlas mediante investigaciones posteriores puede ser una posible dirección de investigación futura. Además, es necesario perfeccionar y elaborar nuevos hallazgos a través de más investigaciones para comprender mejor la relación entre el conflicto escolar y la violencia. Las investigaciones futuras deberían centrarse en el desarrollo de teorías y la validación de conceptos para proporcionar un marco sólido para comprender el fenómeno. Además, examinar la eficacia de diferentes estrategias de resolución de conflictos para reducir la prevalencia de la violencia en las escuelas debería ser una prioridad para futuros proyectos de investigación. También es necesario explorar la relación entre los conflictos escolares y los resultados de salud mental de los estudiantes, como la ansiedad y la depresión, ya que puede proporcionar información valiosa sobre cómo las escuelas pueden apoyar mejor el bienestar de sus estudiantes y prevenir comportamientos violentos. Por lo tanto, futuros esfuerzos de investigación deben abordar estas brechas para comprender el impacto del conflicto escolar en la prevalencia de la violencia en entornos educativos y mejorar las estrategias para prevenirla.


 

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