pág. 1878
INTRODUCCIÓN
La fotografía ha sido considerada desde sus inicios como una de las herramientas más importantes de
capturar momentos. Contreras Morales (2025) la describe como un mecanismo para transmitir
sentimientos y emociones, mientras que Mello, Renó y Grossi (2025) mencionan que "Es un mecanismo
de expresión artística que nos permite transmitir mensajes y sentimientos, superando barreras de
lenguaje escrito y escolaridad". A lo largo del tiempo la historia de la fotografía ha caminado por dos
sendas, a veces muy divergentes: la del profesional y la del amateur (Núñez & Espinoza, 2020). Sin
embargo, la profesional toma relevancia ya que es la más utilizada en la ciencia. La fotografía ha sido
utilizada principalmente como una herramienta científica auxiliar para la investigación, y a pesar de ser
considerada como una fuente clave para el estudio e investigación desde las diversas disciplinas por
numerosos autores, ha sido objeto de estudio como tal desde hace pocos años. Además, su escasa
presencia en la Universidad conlleva a que la investigación sobre el patrimonio fotográfico, en general,
sea escasa (Ávila, 2025). Para la ciencia, obtener una imagen útil requiere un flujo de trabajo largo y
meticuloso. No basta con tomar la foto; hay que planificar el formato, la iluminación y el propósito de
la toma. A diferencia de la fotografía cotidiana, el trabajo científico exige equipo profesional
especializado (Caipe & Bolaños, 2023). Esto se traduce en un costo económico importante que no
cualquiera puede asumir (Hernández & Elinos, 2005). Muchos de los actuales dispositivos móviles
permiten una toma fotográfica inmediata, pero pocos disponen, a día de hoy, ni de la resolución, calidad
y condiciones que precisa una fotografía científica como a las que se aspira (Alario, 2022). Mientras que
los celulares resuelven la comunicación visual del día a día, la fotografía científica sigue dependiendo
de un proceso lento, profesional y especializado para garantizar que la imagen sea una fuente de verdad
científica. Durante mucho tiempo las técnicas fotográficas tradicionales se basaron en procesos
analógicos que requerían el uso de rollos fotográficos, revelado químico y conocimientos técnicos
especializados (Pérez, 2026). Sin embargo, el avance de la tecnología digital ha transformado de manera
significativa la forma en que las imágenes son capturadas, editadas y compartidas en la actualidad.
Vergara (2026) menciona que, con el auge de las tecnologías digitales, la producción y difusión de la
fotografía científica ha sufrido una transformación total, donde plataformas y redes sociales facilitan el
alcance a públicos masivos, aunque también introducen desafíos como la alteración de imágenes o la